Opinión

El Salón de la Fama del Rock & Roll / El banquete de los pordioseros

Cada año, en los últimos días de diciembre, se prepara todo para los nuevos ingresos al Salón de la Fama del Rock & Roll cuya sede está en la ciudad de Cleveland, en el estado de Ohio, en la zona de los grandes lagos, concretamente a orillas del lago Erie, el de menor volumen de los cinco que integran esta inmensa zona entre los Estados Unidos y Canadá. Seguramente se designó a la ciudad de Cleveland por ser ésta en donde se acuñó el término de “Rock & Roll”. Fue el DJ, es decir, locutor de radio, así se les conoce en la Unión Americana, Alan Freed, allá por los años 50 cuando escuchando “Rock Around the Clock” de Bill Haley & His Comets, se le ocurrió nombrar así a ese tipo de música al presentarla en su programa de radio. En ese momento nadie pensó en las posibilidades de este nuevo género musical, mucho menos se llegó a tomar con seriedad al no sospechar que este tipo de música se convertiría en una de las más sólidas y formales expresiones musicales en el siglo XX, nadie le daba muchas esperanzas de vida, es decir, se consideró una moda, como muchas más que llegaba con una existencia débil, pálida y fugaz, pero ya ves, tú que ocupas un lugar en la mesa para degustar de este Banquete, el rock & roll, con todos sus derivados, con todas sus vertientes y con todo lo elástico y adaptable que ha llegado a ser, se ha convertido, no sólo en un lenguaje musical al que se le debe toda la seriedad que merece, sino que trascendiendo los límites territoriales de la música, se convirtió en un serio fenómeno, primero contracultural, y después, en ciertos momentos y en casos muy específicos, en parte del establishment, es decir, se convirtió en el mismo objeto de su crítica.

Yo creo que por eso es Cleveland y no otra ciudad, como pudiera ser Nueva York, Los Angeles o Londres, la sede del “Rock & Roll Hall of Fame”. Sin embargo, más allá de dificultades geográficas, el Salón de la Fama del Rock and Roll está lleno de polémica, y cada año, con los nuevos ingresos designados, surge invariablemente la discusión. Durante muchos años se criticó a quienes se encargan de definir quiénes sí y quiénes no deben ingresar, por la ausencia de grupos como Kiss, por ejemplo, entre otros muchos. Los amantes de Kiss se rasgaban las vestiduras cada vez que se daban a conocer los nombramientos y entre ellos no estaban los cuatro integrantes originales de Kiss. Finalmente el grupo de Gene Simmons, Paul Stanley, Peter Criss y Ace Frehley fue aceptado en esta élite. Yo no sé por qué tanto alboroto por el asunto, posiblemente lo veo así porque por fortuna, no me cuento entre los admiradores de esta banda más preocupada por hacer dinero que por proponer buena música. La cosa es que ahora que Kiss ha sido aceptado a este gremio, habrá otros preocupados por la ausencia de quién sabe cuántos más.

Bien, para la ceremonia de este año se han dado los nombres de quienes ocuparán un lugar en este “Recinto de lo Sagrado” -parafraseando a Led Zeppellin- del rock & roll, ellos son: Kiss, con su formación original considerando lo inestable que han sido durante buena parte de su carrera. Peter Gabriel, este sí con merecimientos de sobra, no sólo para ser parte del Rock & Roll Hall of Fame, sino para considerarlo como una de las mejores cosas que le han sucedido a la música en todo el siglo XX y lo que va del XXI. También ingresaron Hall & Oates, Cat Stevens, Linda Ronstadt, la E Street Band de Bruce Springsteen y Nirvana, uno de los pioneros del movimiento Grunge que emergió de la Emerald City, es decir, Seattle, Washington, desde mi punto de vista, el grunge, durante los años 90, hizo recuperar al rock ese salvajismo, parte de su naturaleza, que había perdido por ese sometimiento a los intereses de la mercadotecnia más que obedecer a un interés estrictamente artístico y social. Además de Andrew Loog Oldham y Brian Epstein como managers de los Rolling Stones y The Beatles, respectivamente. La ceremonia se realizó en el Barclays Center de Brooklyn.

El centro de atención no fue Kiss, como lo podríamos suponer, sobre todo por ese morbo de ver a los cuatro miembros fundacionales del grupo reunidos en el mismo escenario y sin máscaras. Y también por escucharlos a ver si hacían alguna referencia por tantos años de no haber sido convocados para integrarse a este exclusivo gremio. No, no fue Kiss, los reflectores se preocuparon más por ver en el mismo escenario a David Grohl y Krist Novoselic, sobrevivientes de Nirvana, con Courtney Love, la viuda de Kurt Cobain. Curiosamente, ¿será realmente casualidad? Nirvana ingresó al Salón de la Fama del Rock & Roll, justamente 20 años después de la muerte de su carismático líder, como recordarás Cobain murió en abril de 1994, en plena efervescencia del movimiento grunge.

Me parece, a reserva de verificar la información, que el músico con mayor número de ingresos es Eric Clapton, tiene tres, uno con The Cream, otro como solista y otro más con los Yardbirds. Como sea, el Rock & Roll Hall of Fame ha dado mucho de qué hablar, para bien o para mal, no están todos los que son, ni son todos los que están, pero de cualquier manera sigue llamando poderosamente la atención a quienes gustamos de este “delicado sonido del trueno”, es decir, el rock, con o sin roll.

rodolfo_popoca@hotmail.com

 

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Rodolfo Popoca Perches

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