Opinión

El silencio de Peña Nieto / Un cuarto propio

Sin duda, el pasado anunció del presidente de México, Enrique Peña Nieto, nos deja, como ya es su costumbre, sin ninguna emoción, un anunció, seco, turbio, donde no se sabe ni cómo ni dónde se lograrán los objetivos en materia de seguridad y paz nacional.

Las diez acciones planteadas en torno a la seguridad parecen huecas, por un lado y es necesario decirlo, los municipios, aunque el presidente no lo mencione, pierden mucho terreno respecto a su autonomía, ahora podrán ser intervenidos por “sospechas” de nexos con el crimen organizado, y la primera pregunta que nos surge es ¿la infiltración de estas células criminales se da sólo a nivel municipal, en serio creen que la corrupción pertenece sólo a la policía municipal? Desde luego que no, a primera vista se nota que el mandatario nacional está evitando, esquivando tocar a los gobiernos de los estados que componen México, será que en su mayoría son gobiernos priistas, pero sin duda el narcoestado en el que actualmente vivimos va más allá de los municipios.

Establecer un número único de emergencias a nivel nacional, eso del 911, así como la clave única de identidad o la policía estatal única, operativos federales en la denominada zona de tierra caliente, son refritos que igual nunca cuajaron en su momento y quién sabe, que le haga pensar al presidente que está vez las cosas serán diferentes. Lo cierto es que cada vez suena más el eco del gobierno de Felipe Calderón plagado de ocurrencias que sólo desequilibraron y agravaron más la violación de derechos a la ciudadanía.

En sí el famoso decálogo del presidente en materia de seguridad, no tiene nada. No hay nada que se pueda rescatar, nada que impacte, lo que hay es un silencio absoluto respecto a la impunidad, se habla de fortalecer el sistema nacional anticorrupción que sencillamente es un fantasma creado, del que nada se sabe, del que en nada actúa, pero el tema de la impunidad política, judicial, económica, social, queda guardado bajo llave.

A leguas se nota que quienes asesoran la presidencia nacional están en serios problemas, sin saber por dónde ir, qué hacer ante los atroces sucesos en Ayotzinapa, una caída estrepitosa del presidente, que nadie esperaba, que ni ellos, sus asesores habían calculado. Todo iba viento en popa, las Reformas Energéticas, en Telecomunicaciones, la Hacendaria, la Educativa, su tan cacaraqueado crecimiento a casi el 4% y todo el paisaje de México que él mismo y desde luego las televisoras habían pintado. Un México abstracto para la gente que lo habitamos se derrumbó en una profunda crisis de violencia, impunidad y desigualdad.

Quizá haya quien piense que esta percepción es exagerada, pero en los últimos días se han dado a conocer distintos números que nos van revelando la caída de la que hablamos. Encuestadoras, por ejemplo, del periódico Excélsior que es bastante oficialista da a conocer que la aprobación del presidente es del 38% y eso no es un dato menor, mientras las marchas ciudadanas se siguen nutriendo con más y más demandas, sigue predominando el grito de: vivos se los llevaron, vivos los queremos, refiriéndose a los 43 desaparecidos de Ayotzinapa.

Buena parte de la sociedad va exigiendo y vociferando la renuncia del primer mandatario de México, muestras de repudio e indignación; lo contrario se percibe con un gran silencio, ni les oigo, ni les veo, es un vacío de voces el que se ha acomodado en el Congreso mexicano, entre los distintos grupos parlamentarios en las diputaciones y senadurías hay un silencio bastante cómodo. Al contrario de lo que ocurre en las calles, de lo que circula viralmente por las redes sociales, donde se pide una y otra vez la renuncia del presidente de México, la clase política hace un silencio y ningún partido se atreve al menos a insinuar lo inviable y la ingobernabilidad que se padece en México. La respuesta es que un acto tan decisivo como la renuncia del presidente de México sería algo que pondría en fila, sin duda, a toda la clase política, toda esa porquería incluyendo al PRD al PAN y todas sus cajas chicas con sus nexos clientelares con las distintas fuerzas que mantienen en esta crisis al país, así que a ningún partido le conviene hacer eco a las multitudes que se manifiestan en la calle, principalmente porque todos están cortados con la misma tijera, de eso no queda duda alguna, después de los hechos de Iguala.

Ninguna reforma, ningún decálogo va a sacar al país del fondo donde lo han echado, al inicio del tercer año de mandato del presidente Enrique Peña Nieto su gobierno está sumergido en una crisis delicada, grave, que llegó muy pronto, en un periodo muy corto.

El silencio que guarda el mandatario sobre la justicia tiene mucho sentido, lo que están buscando es un efecto mediático favorable, la aprobación por medio de los acuerdos logrados con las televisoras y una buena parte de los medios de comunicación. Pero de la justicia social no se habla nada, no se menciona, no hay actos concretos, nombres, sentencias, detenciones. La respuesta del gobierno ante el descontento ha sido la represión y la intimidación. No necesitamos pactos, decálogos, no necesitamos más simulaciones, lo que necesita Guerrero, Chiapas, Oaxaca, Michoacán y todo el país es justicia y eso es lo que no aparece en toda su verborrea.

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@Chuy Tinoco



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Chuy Tinoco

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