Mentiras piadosas y estadísticas / Ciudadanía económica - LJA Aguascalientes
21/01/2022

Desde el comienzo de la civilización, el ser humano ha llevado un registro de acontecimientos y de sus propias actividades. Cada rama de la ciencia genera sus propias mediciones y registros -estadísticas- y la economía no es la excepción. La diferencia es que las estadísticas económicas sirven para evaluar el desempeño de ciertas políticas públicas, por lo que resulta tentador para algunos utilizar la estadística de manera amañada, de tal suerte que sirva para presumir de algún logro o para ocultar un fracaso.

Con estadísticas se puede cometer el error de medir una cosa por otra. Como sucede, por ejemplo, cuando compramos una taza de café y nos sirven un recipiente que parece lleno, pero donde la realidad es que la mitad es café y la otra, espuma.

Cada trimestre el INEGI mide cuánto creció la economía mexicana y lo reporta dando a conocer el porcentaje en que aumenta el Producto Interno Bruto (PIB) que se calcula con base en el valor de las cosas que se producen en el país. Para determinar qué tanto este indicador refleja un incremento en el bienestar de las personas en el país, considerando que se asume que alguien está mejor cuando tiene más dinero, es necesario saber cómo se calcula este indicador y qué es lo que toma en cuenta. El observatorio económico “México ¿Cómo Vamos?” (www.mexicocomovamos.mx) es una iniciativa de un grupo plural de expertos en economía y política pública que han hecho notar públicamente que el dinamismo del PIB de México se reporta con varias cifras diferentes.

Antes, el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) sólo presentaba la variación anual calculada a partir de la serie original del PIB. Sin embargo, ha desarrollado nueva metodología que captura mejor la realidad, ajustando las cantidades de lo producido en el país por efectos estacionales y de calendario. Así, el organismo, comenzó a reportar el indicador con la nueva metodología sin dejar de reportar el reporte antiguo.

Cifras diferentes para la misma variable generan confusión y se presta a que distintos actores utilicen la cifra que más les conviene de acuerdo a sus preferencias políticas, reconoce un grupo de 28 académicos de este observatorio. Por ello, realizaron una petición al INEGI para que en su boletín de prensa sólo reporte una sola cifra: #UnsoloPIB.

Siendo cierto que estos diferentes procedimientos para el cálculo del PIB generan posibilidades de error en el trabajo de los analistas, me parece que hay otros elementos adicionales que hacen que éste sea un indicador inadecuado para medir la actividad económica y una meta impropia de política económica de bienestar del país.

Como ya lo he mencionado en múltiples ocasiones en este espacio, el crecimiento económico no genera por sí mismo mayor bienestar. Es erróneo establecer metas de política pública basadas en el crecimiento del PIB.

El PIB se calcula en términos monetarios y en la medida en que los precios de bienes y servicios tasados en moneda o circulante se mueven con base en la interacción de poderes monopólicos y de especulación, con poder para modificarlos artificialmente, se distorsiona el dato que la población del país obtiene como información de su actividad económica.

Cuando existen mercados imperfectos, es decir, condiciones donde es desigual el poder que tienen quienes compran y quienes venden, el valor agregado que resulta de la actividad económica se convierte en beneficio de unos en detrimento de lo que obtienen otros. Por ejemplo, sucede en la industria automotriz. El incremento en el valor producido no se refleja proporcionalmente en el incremento de los sueldos y salarios de quienes laboran en esta industria. En nuestro país, el crecimiento de la industria maquiladora de exportación, ya sea textil, confección, automotriz, electrónica, etc., se refleja en un valor creciente de producción, pero las personas que intervienen, reciben una proporción cada vez más pequeña de éste como salarios.

Otro elemento que hace del PIB un instrumento inadecuado para medir el bienestar es que hay precios que se “inflan” como resultado de la especulación financiera, de la incidencia de los monopolios y distorsión por acciones gubernamentales. Entre estas últimas, la más importante es el precio de la gasolina y los energéticos. La gasolina en México desde 1976 ha estado en promedio 10% más cara que en los Estados Unidos. La práctica del “desliz” programado en el precio, la ha encarecido en los últimos diez años 31% por encima de la inflación. Esto es, una parte del “crecimiento” del PIB, es en realidad un encarecimiento de todos los precios, no un crecimiento del producto.

De forma similar sucede con los intereses bancarios. Los intereses son el instrumento legalmente impuesto a la economía para extraer injusta e ilícitamente la riqueza. Los intereses se establecen por el simple paso del tiempo a una tasa arbitrariamente impuesta sobre las deudas. Los intereses no tienen sustento en factores tangibles como lo tienen el trabajo, los recursos naturales o la capacidad empresarial. Sin embargo, cada año, el valor de los intereses, desde hace 10 años, ha incrementado el valor del PIB en 0.24%. Una décima parte del crecimiento del PIB de 2014 se dará por el pago de intereses al sistema financiero, que no genera valor alguno pero sí incide en el aumento del precio de las cosas. Desde 2003 el costo de los servicios financieros y bancarios ha incrementado su proporción dentro del PIB en 2.6 veces.

En 2014 el monto que absorben de la producción los servicios de intermediación, crediticia y financiera asciende a seiscientos ochenta mil millones, cantidad equivalente al conjunto del presupuesto federal de las Secretarías de Educación Pública, Desarrollo Social, Economía, Salud, Comunicaciones y Economía… pero, de espuma.


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Twitter @jlgutierrez


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