Primpunidad, un decreto presidencial / Jorge López Martín en LJA - LJA Aguascalientes
29/10/2020



 

 

Esta semana que concluye representa dramáticamente un retroceso para el país en materia de impartición de  justicia. Remontémonos al 28 de febrero de 1995, al inicio del sexenio del presidente Ernesto Zedillo, ocurrió uno de los mayores escándalos políticos en la última década del siglo XX; la detención de Raúl Salinas de Gortari. Su salida de prisión, en 2005, dejó pendiente el caso de “enriquecimiento ilícito”, del que fue exonerado en julio de 2013, los más de 160 millones de dólares depositados en bancos suizos nunca fueron “elemento” probatorio -sí, aunque usted no lo crea-.

En 18 años, Salinas de Gortari tuvo más de 50 averiguaciones previas en su contra, entre ellas por la presunta autoría intelectual del homicidio de José Francisco Ruiz Massieu, su excuñado y exsecretario general del CEN del PRI. Otras por presunto “lavado de dinero” producto del narcotráfico y por “enriquecimiento ilícito”.

El “móvil” según estableció el ministerio público entonces, fue que “Ruiz Massieu estorbaba al proyecto salinista”. Tras su exoneración, la indignación en las redes sociales fue contundente, una nueva bofetada más a la opinión pública, los intocables han regresado y pretenden perpetuarse -malo, muy malo-, imagine usted, amigo lector; que el partido tricolor pretende postular al vástago del hermano del expresidente Salinas en las próximas elecciones federales de 2015; suntuosas casas, aviones y vuelos privados, lavado de dinero y nomás no llega la justicia, mucho menos la verdad, el régimen del engaño y el montaje en su máxima expresión y a plena luz de este tiempo.

El sistema mexicano de justicia sigue teniendo deficiencias, es corruptible y es bastante desigual para el resto de los acusados en delitos varios, la designación de jueces y magistrados bien podría pasar por una revisión de sus procedimientos y el propio ejercicio de que la justicia sea, en verdad justicia y garantice el interés de la sociedad en su conjunto por encima de cualquier tipo de poder, cualquiera sin distinción alguna como lamentablemente ocurre hoy.

Más visible sin duda está el sistema político, que aunque tiene aún sus deficiencias, se le concede la característica afortunada de la participación abierta de los ciudadanos en la toma de decisiones en los cargos de representación popular, es decir, aún y con todo, los ciudadanos tienen acceso a mecanismos de revisión y fiscalización para evaluar el desempeño de los servidores públicos, no así de los juzgadores, si de algo sirve como esperanza o consuelo.

La desmemoria y la indolencia le hacen mucho daño a México, pero sin embargo parece que la “plaza pública virtual” que tenemos hoy, puede revitalizar el soberano y auténtico poder del pueblo. Sin pretender ser portador de la verdad absoluta pero con la plena convicción de saber que el espacio a la deliberación social es fundamental para el buen caminar de una nación, apelo al buen juicio del ciudadano que crea y hace conciencia, creo en la  opinión la pública convertida en democracia para esperar que no se permita que nuestro país se entregue a la decisión de unos cuantos, ellos que viven, gozan y reparten impunidad, esa la impunidad que desangra angustia y mata el porvenir de millones de jóvenes que no aguantan más, porque, quien duda que Raúl Salinas ¿no fue exonerado por decreto presidencial?.

 

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