Quisiera creer / Ciudadanía económica - LJA Aguascalientes
18/01/2022

 

Desde el 26 de septiembre pasado, cuando tuvieron lugar los terribles y lamentables hechos de violencia y secuestro en Ayotzinapa, hemos sido testigos de una inusitada manifestación de protesta civil, que ha ido aumentando progresivamente conforme pasan los días.

Con todo y estas manifestaciones de descontento que se reflejan cada día en todo tipo de actos de solidaridad con los desaparecidos de Ayotzinapa, hasta en espectáculos artísticos y eventos públicos, una parte de la población mexicana continúa ajena a esta tendencia creciente de protesta. Entre éstos, algunos que carecen de opinión y otros que temen tomar decisión al respecto. Pero hay una parte importante que está abiertamente a favor de ejercicio definitorio del mando gubernamental -incluso del uso de la fuerza pública- para detener la protesta, ya sea porque consideran que perjudica al país y la paz debe restablecerse desde el mantenimiento del orden, o porque creen firmemente que estas acciones de protesta responden a la manipulación de alguien intentando desestabilizar al país.

En automático, por la forma como nos han acostumbrado a través del futbol, la población mexicana ha estado tomando partido por la protesta o por el restablecimiento del orden. Al día de hoy la población se divide al definirse por una u otra de estas posiciones que atañen el bienestar del país, sin tener a la vista, al menos hasta ahora, una solución viable para sacarnos de la crisis en que nos encontramos.

Con los diez puntos que propuso la semana pasada el Presidente como estrategia para remontar la crisis, refleja que el gobierno no comprende el origen del problema y sus ramificaciones, o porque lo conocen tan bien, se encuentra imposibilitado para actuar, atado por la compleja red de compromisos políticos y económicos o posible colusión de algunos servidores públicos con la delincuencia. Ante esa situación, que de alguna manera o de otra paraliza al gobierno, las manifestaciones de protesta han ido en aumento y ya hasta reclaman la dimisión del jefe del ejecutivo. Pero no proponen un proyecto de nación que impida que, con la remoción del Presidente, las cosas queden peor que antes.

Quisiera creer que puede haber algo en común, con lo que todos estemos de acuerdo. Que podemos reconocer que no se trata de un partido de futbol donde un equipo es el que gana, mientras otro pierde. Quisiera creer que hay mejores mundos posibles donde todos salgamos mejor de esta crisis.

Con todo y lo grave que es esta situación crítica, bien puede estar de acuerdo la mayoría que su origen se encuentra en la economía y en la educación.

En cuanto a la educación, porque hemos carecido de una formación básica para la vida en común, la civilidad y el ejercicio de la ciudadanía, que abarca la cultura social de la solidaridad y del valor ético, de promoción de la dignidad humana y alternativas frente a todo tipo de violencias.

En cuanto a la economía, porque en México la actividad económica no se ha orientado a la producción de riqueza. Porque con la política económica que se ha adoptado, se ha privilegiado la economía-casino por encima y a costa de la economía que genera riqueza. La economía no ha servido para acrecentar el bienestar general, manteniendo el respeto a los derechos sociales o privados; subordinando los intereses egoístas al bienestar colectivo; limitando a las fronteras ecológicas naturales el uso y aprovechamiento sustentable del ecosistema o promoviendo una justa distribución de los bienes y servicios.

No es exclusiva de nuestro país la crisis del modelo económico, lo que la hace diferente es la forma en que ésta se manifiesta, dadas las circunstancias particulares de nuestro entorno, idiosincrasia, temperamento y estructura funcional de los poderes fácticos.

Nuestro país es muy rico, pero, a pesar del tamaño medido en términos monetarios, en términos del valor del Producto Interno Bruto, PIB, éste no refleja la verdadera riqueza material del país, además de que no se reparte equitativamente.

Con la adopción del modelo económico neoliberal, no todo lo que se produce constituye una aportación a la riqueza, aunque todo lo que se produce puede tener un valor monetario. Este concepto lo explica muy bien Mario Rechy en su libro, “La economía social en el Siglo XXI”. Lo que se produce, dice, “tiene valor de cambio, ya que todo lo que se produce es susceptible de ser vendido, es decir, de ser considerado o abordado como mercancía. Pero ello no equivale a que todo producto pueda ser incluido en lo que constituye la riqueza. Una droga, por ejemplo, tiene valor, es una mercancía. (…) Pero no podemos considerarlo parte de la riqueza porque la riqueza, siendo estrictos, debe proporcionarnos mayor bienestar, es decir, aumentar el valor de uso de un objeto que forma parte de un proceso social, y la droga nos proporciona un problema de salud, un problema con el surgimiento y desarrollo de poderes afincados en la actividad ilegal y contraria a las leyes, y ello deteriora la convivencia.”


La economía-casino, la promovida a través del modelo neoliberal, produce valor monetario como resultado de la especulación financiera, pero de ninguna manera eso puede considerarse riqueza.

A pesar del crecimiento económico, es notorio para el 80% de la población que vive bajo el nivel mínimo de bienestar, que el modelo económico no funciona. En eso podemos estar de acuerdo.

Quisiera creer que podemos estar de acuerdo en que el sistema educativo debe promover la cultura social, de la solidaridad, del valor ético. Que la política económica respete la dignidad humana, se oriente a generar verdadera riqueza y privilegie su justo reparto. Quisiera creerlo.

 

[email protected]                     Twitter: @jlgutierrez


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