Rosa y azul / País de maravillas - LJA Aguascalientes
21/01/2022

La semana pasada platicaba acá sobre la imposición de roles a niños y niñas: que si una niña debe vestir de rosa, jugar a la comidita y ser sensible mientras que un niño debe vestir de azul, jugar a la pelota y no llorar nunca porque eso no es de hombres. Y decía también que tratar de cambiar los roles al extremo contrario tampoco es la solución: si una niña quiere jugar con muñecas o un niño sí tiene como color favorito el azul, tampoco es una opción sana: no se trata de mutilar los gustos sino de dar la oportunidad de expandirlos. Muchas personas comentaron este texto en Facebook (muchas gracias), algunas con inquietudes tan interesantes que decidí escribir esta segunda parte. Por ejemplo, ¿qué hacer si un niño adora el color rosa, sus papás no tienen problema al respecto pero la maestra manda decir que por favor lo manden de azul? O ¿qué sucede cuando una niña es tan buena para trepar árboles como para hacer comiditas, pero una tía la hostiga constantemente con respecto a sus actividades “no-de-señorita”? ¿Qué hacer cuando en casa se promueve una cultura inclusiva y de pronto un hijo llega diciendo “es que Fulanito es maricón”? El problema, como pueden ustedes notar, es que por cuidadosos que seamos, por mucho que intentemos que nuestro hogar sea un buen ejemplo para los niños y niñas, el resto del mundo sigue ahí y no podemos aislarnos. Me recuerda una historia que escuché hace años: una conocida había decidido que en su casa no hubiera televisión y, en vez de eso, tenía muchas otras actividades para sus hijos. La llamaron de la escuela para decirle que su niña de siete años era profundamente infeliz porque no sabía cómo relacionarse con sus compañeros: no entendía la mitad de las cosas de las que los otros hablaban y eso la alienaba. Mi conocida, luego de pensarlo mucho, llegó a una conclusión: compró una tele, pero la puso con horarios estrictos. Ella y su hija veían juntas un par de programas que estaban muy de moda y al terminar los comentaban. Al volver de la escuela, la niña le contaba lo que sus compañeritos decían sobre los programas en cuestión y las dos platicaban sobre eso. Ya perdí contacto con ella, así que no sé en qué quedó la cosa, pero de lo último que me platicó fue que un día su hija le pidió permiso de hacer una reunión para que sus nuevas amiguitas fueran a casa a ver la tele con ellas: que las otras niñas querían tener la experiencia de ver la caricatura con una mamá y comentar del tema.

La verdad es que no podemos controlar todo lo que ocurre alrededor de nosotros, mucho menos lo que pasa alrededor de los niños, niñas y adolescentes en cuya formación estamos involucrados (seamos papás, mamás, tías, maestros, madrinas, amigos o lo que sea). Pero lo que sí podemos hacer es dar un ejemplo consecuente que les pueda servir de guía. Es genial cuando esa guía incluye la noción de que los roles impuestos por la sociedad no son la única alternativa; pero creo que es incluso mejor cuando esa guía incluye la idea de que el respeto y la tolerancia son importantísimos también, que tratar de imponer una visión de equidad de género es tan terrible como tratar de imponer rosa a las niñas y azul a los niños. Porque no se trata de imponer, sino de sensibilizar y, esperemos, de convencer. Ojo: por supuesto que hay casos en los que no podemos ser tolerantes: cuando un niño hostiliza a otros por sus preferencias, una maestra bully ridiculiza a los niños o niñas que no se comportan como ella cree que debe ser, o un adolescente hostiga sexualmente a sus compañeras, lo primero es frenar en seco la actitud violenta y ya luego nos ponemos a dialogar, claro. Pero hay que tener cuidado de no responder a la violencia con más violencia o de no confundir nuestras preferencias con verdades absolutas: lo que rifa en casa puede ser muy bueno, pero no invalida en automático lo que rifa en casa del vecino.

Al final, lo que esperamos es que niñas y niños se formen como individuos pensantes y reflexivos. Esto incluye el que forjen sus propios gustos y maneras de relacionarse con el mundo. Realmente, lo único que podemos hacer es darles un ejemplo consistente e insistir tanto como se pueda en la importancia de que vean más allá de los extremos rosa-mexicano y azul-rey: conforme vayan siendo capaces de reconocer más colores e incluso los diferentes matices, más alternativas tendrán a la hora de elegir su propia paleta.

(La próxima semana cerraré esta reflexión con una lista de recomendaciones literarias que pueden servir para dar ejemplos, a niños y niñas, de diferentes formas de lo femenino y lo masculino. Si tienen alguna propuesta, por favor envíenla a través de mi sitio web, me encantará incluirlas).

Encuentras a Raquel en twitter: @raxxie_ y en su sitio web: www.raxxie.com

 


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