Condusef ¡El calvario! / Cocina Política – LJA Aguascalientes
23/09/2020


Una semana falta para que inicie el “tiempo de cuaresma” católico. Momento para expiar culpas y recordar el calvario que vivió un gran Maestro. Y si de expiar culpas se trata, qué mejor que solicitar una conciliación en la Delegación Aguascalientes de la Comisión Nacional para Defensa del Usuario de Servicios Bancarios: Condusef ¡Verá usted cómo paga sus pecados, los de sus hijos y los de los hijos de sus hijos! Un auténtico viacrucis.  Vaya usted por un cafecito de olla, que ahora le cuento.

Golpe de vida. En diciembre del año 2013, la profesora jubilada M. Paz recibió la noticia que ningún padre quiere escuchar: su joven hijo había muerto en un fatal accidente. Hasta la fecha de su deceso el joven laboraba en la paraestatal Luz y Fuerza del Centro y pertenecía a la delegación Aguascalientes del Sindicato Mexicano de Electricistas. Desprenderse de su hijo, debería ser para la profesora M. Paz, el motivo de un calvario de sufrimiento, al tratar de superar semejante pérdida. Pero no fue así.

Primera caída: negligencia sindical. Cuando la profesora M. Paz acudió a la delegación local del Sindicato Mexicano de Electricistas, no imaginó el largo y amargo camino que estaba por recorrer. Una funcionaria sindical le informó que en primer término los agremiados de ese sindicato estaban “cubiertos” por un seguro colectivo de trabajo, hasta ahí todo bien. Que en segundo lugar, a su fallecido hijo se le habían descontado de su salario puntualmente las cantidades relacionadas con ese seguro colectivo, hasta ahí todo bien. ¡Pero! -y aquí comienza el viacrucis- que a la delegación local sindical se le había “traspapelado” la póliza de seguro del infortunado trabajador y por tanto, le sería imposible cobrar el seguro de vida que su hijo había dejado en su favor.

Segunda caída: delegación acéfala. La profesora M. Paz acudió confiada a la delegación local de la Condusef, en donde le solicitaron un cúmulo de documentos para acreditar el derecho que en su favor constituyó su desaparecido hijo. Entonces había titular en la delegación y la profesora M. Paz fue diligentemente atendida por el propio delegado, quien, conmovido por su tragedia, llevó a cabo de manera inmediata la primer diligencia del asunto, al citar al apoderado del banco asegurador para que, en amigable conciliación, se reconociera el derecho de la dolida madre y se procediera a entregarle a ella el monto correspondiente. Hasta aquí, todo bien. ¡Pero! Deja su lugar el delegado de la Condusef Aguascalientes.

Corazón de Oro. Antes de continuar con la narración del viacrucis que recorre la profesora M. Paz, esta cocino-política da cuenta de las obras piadosas que la infortunada madre ha realizado con el dinero que, de ahorros y otros, le fue entregado a raíz del fallecimiento de su hijo.

La profesora M. Paz busca trascender el paso de su hijo por la tierra, al realizar donativos en nombre de él; a favor de personas desprotegidas, puesto que, su joven hijo tuvo en vida un corazón de oro: pleno de bondad, generosidad y desprendimiento. Para M. Paz, continuar con la obra de su desaparecido hijo, es prolongar las mercedes de su alma sensible con los animales y los necesitados.

Tercera, cuarta y quinta caída. Al faltar el titular de la Condusef local, todo ha sido cuesta arriba para la profesora M. Paz. Hasta el día de hoy su caso no tiene un titular. Un día la atiende un conciliador, otro una conciliadora y otro el propio subdelegado de la dependencia (delegado en funciones), sin que pueda obtener, a más de un año de la partida de su hijo, respuesta alguna.

El apoderado del banco asegurador obtuvo inexplicablemente el número de teléfono de la profesora M. Paz del propio subdelegado (al menos eso sostuvo él) para tratar de engañar a la mentora con un “acuerdo” para posponer la fecha de una audiencia, al no obtener la firma de ella en el “acuerdo” se comporta, con ella, de manera intimidatoria.

De las tres audiencias celebradas, en dos se apercibió al banco asegurador a emitir una respuesta, tras ser apercibido. Pues bien, los dos apercibimientos no se cumplieron y el banco asegurador no ha recibido ninguna medida de apremio por su desobediencia.

Finalmente, en la tercera audiencia del proceso, llevada a cabo ayer mismo lunes 16 de febrero, por el mismísimo subdelegado, no sólo no hubo una respuesta del banco asegurador, sino que la profesora M. Paz obtuvo como resultado de la misma un oficio, que ella misma debe presentar en la delegación local del SME, con el supuesto fin de que sea esa representación sindical la que generó con su conducta negligente el problema; quien resuelva este asunto. ¡Hágame usted el favor! ¿El banco asegurador? ¡Bien, gracias! No tiene caso volver a apercibirlo, si al final de cuentas está claro que la Condusef local no tiene intención alguna de hacer cumplir sus propios requerimientos.

En sus propios brazos. La situación actual de la profesora M. Paz, a la que le entregaron un oficio para que regrese justo a donde se originó el problema y vuelva luego a comenzar con el doloroso proceso, me hace imaginarla con su hijo en brazos, con su dolor a cuestas y mirando desconsolada al cielo sin saber qué hacer. Y aquí, observándola sola y desamparada, surgen inevitablemente las preguntas. ¿Por qué debe regresar ella, en su soledad, a enfrentar una delegación sindical insensible y negligente? ¿Por qué tras la salida  del titular de la Condusef local no se le asignó a este caso un conciliador que se haga responsable del mismo? ¿Por qué el apoderado legal del banco asegurador obtuvo del propio subdelegado (según su dicho) datos personales de la profesora? ¿Por qué no se han hecho efectivos los apercibimientos al banco asegurador? Como usted podrá observar, apreciable lector, querida lectora, en este lamentable caso hay demasiados “porqués” y ninguna respuesta.

Aparta de mí este cáliz. La profesora M. Paz ya no está dispuesta a volver a comenzar con este proceso. Le queda bien claro que pretenden hacerle “ir de Herodes a Pilatos” porque, ni la delegación local del SME ni el banco asegurador, asumirán su responsabilidad, y porque la autoridad representada por la Condusef Aguascalientes no se asumirá como tal. Dolida y decepcionada, le ha hecho saber a la de la pluma que ¡Ya basta! Que ya ¡no puede más! Que prefiere renunciar a ese derecho que su hijo constituyó en su favor, y que sólo lo lamenta por quienes, en su momento, recibirían un poquito del generoso espíritu del mismo.

Esta cocino-política respeta la decisión de la profesora M. Paz. ¿Quién podría contradecirla después de lo que ella ha vivido? O más bien ¿sufrido?

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