Cumbres borrascosas, absoluta coincidencia / Opciones y decisiones – LJA Aguascalientes
24/09/2020


 

Al término de sesudas sesiones de clase, para transitar de un salón a otro, mi maestro de Teoría del Estado comentaba con humor en los pasillos que todo lo que allí discutíamos nos serviría un día para entender e interpretar las columnas periodísticas, sobre todo de economía y política. Ahora le doy toda la razón. Cuando vemos, no sin cierta ansiedad, que los cartelones bancarios suben y bajan a diario para reescribir el tipo de cambio de nuestro peso, al igual que pasa con los cartelones de los mercados para publicar el precio del huevo, el jitomate, la naranja, la carne de res o la lonja de pescado.., ¿qué sensación nos deja?

Un claro ejemplo de ello lo tenemos en la nota: “México, DF. Al finalizar las operaciones cambiarias de este jueves en bancos de la ciudad de México, el dólar libre se vendió hasta en 15.30 pesos, 15 centavos más comparado con la víspera y se adquirió en un mínimo de 14.43 pesos. El euro se ofertó en un precio máximo de 17.29 pesos y el yen se comercializó en 0.128 pesos por unidad” (Notimex, jue, 19 feb 2015, 16:48 h). Notamos de primera intención que se trata simplemente de informarnos que se ha encarecido el valor del dólar y que, por tanto, se ha devaluado en la misma proporción el peso mexicano. Y eso nos hace pensar, de inmediato, que aquel artilugio o gadget digital que esperábamos con alta expectativa se nos está distanciando por unos dólares más de lo esperado y aún puede significar que pospongamos su compra un tiempo más, hasta que su precio y nuestro poder de compra se equilibren un poco más y, así, nos haga sentir que obtendremos una compra satisfactoria.

Esta relativa desazón personal también se refleja a nivel de país, sobre todo cuando el poderoso Comité de política monetaria del banco central de los Estados Unidos (FOMC) -o autoridades de la FED- con referencia a “las turbulencias de los mercados globales”, afirmaron que tomarían en cuenta “los acontecimientos financieros e internacionales” (Reuters, AFP y Ap, Washington jue, 19 feb 2015. La Jornada. Economía, p.27). De ahí extraen su implacable diagnóstico: “la desaceleración económica de China, las tensiones en el Medio Oriente y el conflicto de Ucrania representan riesgos a la baja para el crecimiento de Estados Unidos” (Ibidem).

Y, por deducción, cada país debe aplicar su veredicto. En México, como en una caja de resonancia, el señor Agustín Carstens, gobernador del Banco de México, al rendir su informe trimestral octubre-diciembre de 2014 el mismo miércoles pasado, admitió: “El entorno macroeconómico previsto es menos favorable”, por lo que el pronóstico del producto interno bruto (PIB), según el desempeño de la economía, “crecerá entre 2.5 y 3.5 por ciento”, lo que reduce en un punto porcentual su propia previsión de hace tres meses. Señalando entre otros factores: el precio del petróleo, la reducción en la productividad del crudo, el consumo privado -que aporta dos tercios del PIB- “todavía no muestra señales claras de que pudiera retomar un fuerte dinamismo a corto plazo”; a esta tendencia se suma el recorte del presupuesto federal para 2015; adicionalmente, la situación de deterioro social en algunos puntos del país, entre los que destacan Acapulco y Oaxaca.

De manera que tanto los factores internos a la economía del país, como los externos que ocurren en otras latitudes del mundo, influyen en el sube y baja de los números que pintan los valores de intercambio de la riqueza de México al ser comparada con la de otros países en el entorno mundial. “El dinero mundial funciona como medio general de pago, como medio general de compra y como materialización social absoluta de la riqueza en general (universal wealth). Su función de medio de pago, para nivelar los saldos internacionales, es la predominante. De ahí la consigna de los mercantilistas: ¡balanza comercial!” (Carl Marx, El Capital. L. Primero. Cap. III. El Dinero o la circulación de las mercancías. FCE, 1975, p. 100).

La crítica teórica de Marx toca la esencia de la formación del capital a nivel global. Y es en este sentido que el grupo financiero Monex (siguiendo la misma nota informativa de inicio) “señala que el dólar se fortalece frente al peso ante la incertidumbre por el tema de Grecia, luego de que Alemania rechazó la solicitud de una extensión en su programa de préstamos. Explicó que a pesar de los resultados mixtos en Estados Unidos tuvieron un sesgo negativo, lo que provocó que las probabilidades implícitas de alza en tasas de la Reserva Federal (Fed) bajen para la reunión de julio próximo, aunque se espera suban en enero de 2016”.

Para rugir, luego, con un “ergo” muy enfático: “El Banco de México informó que el tipo de cambio para solventar obligaciones en moneda extranjera pagaderas en el país se fijó en 14.9583 pesos” (ut supra); En  aquellos tiempos de Marx, las obligaciones pagaderas de moneda extranjera se tasaban con respecto al patrón de los metales preciosos oro y plata, y él mismo en su análisis del dinero mundial explica la controversia entre los valores relativos del oro y la plata, apuntando: “Sir Roberto Peel quiso remediar este mal con su ley bancaria de 1844, autorizando al Banco de Inglaterra para emitir billetes sobre las barras de plata, pero siempre y cuando que las reservas de plata no representasen nunca más que la cuarta parte de las reservas de oro”.

Usted acierta en todo lo alto si piensa que nuestro país estaba en ello involucrado, refiriéndose al modo de extracción sumamente arduo del oro comparado con el relativamente fácil de la plata, lo que influye en la baja constante del precio de la plata, dice Karl Marx: “Por otra parte, además de descubrirse riquísimas minas de plata en las montañas del oeste de América, estas minas y yacimientos de plata de México fueron abiertos al tráfico por vías férreas (-que marcaría un siglo de oro para los ferrocarriles nacionales- comentario mío), con lo cual se facilitaba extraordinariamente la aplicación de maquinaria moderna y de combustible y, por consiguiente, la extracción de la plata en gran escala y a precio reducido (…)” (opus cit. Id. P. 99). Al final, el precio queda fijado así: “Para ello, se calcula el valor de la plata atendiendo al precio que se cotice (en oro) en el mercado de Londres” (ibid.). Eximios productores de plata que fuésemos, los valores de intercambio de nuestra riqueza nacional eran tasados en la metrópoli del capital mundial.

Lo cual nos lleva a una brillantísima evidencia que constata el mismo autor del Capital: “Por eso en el sistema mercantilista el oro y la plata hacen las veces de medida de las diversas entidades comunitarias. No bien los precious metals se convierten en objects of commerce, en an universal equivalent for everything, se transforman también en mesure of power between nations” (Karl Marx, Elementos fundamentales para la crítica de la Economía Política -Grundrisse- 1857-1858. Siglo XXI, 1980. Vol. 3, p. 134). Los medios internacionales de intercambio de la riqueza mundial sean hoy derechos especiales de giro o bonos del tesoro, o bonos de deuda, y ya no necesariamente oro y plata, siguen siendo determinados en sus valores actuales por el eje financiero del mundo, otrora Londres, hoy por hoy, la Reserva Federal de los Estados Unidos.

Ah! Y no olvidemos, “el equivalente universal para cada cosa” se transforma también en la medida del poder entre las naciones. Cualquier semejanza con la realidad económica actual es absoluta coincidencia. [email protected]

 

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