Ukulele loco: el descubrimiento amoroso de Armando Vega-Gil tras el nacimiento de su hijo - LJA Aguascalientes
28/05/2024

  • El fundador de Botellita de Jerez sigue en proceso de aprendizaje y con inquietudes artísticas
  • Su canción favorita, Un marciano y un ciempiés fue plasmada en un libro gracias al IMAC

La danza de la lluvia, Pastel de lodo, Una noche de catarro y pesadillas y Se armó la fiesta de muertos, son algunas de las extrañas pero divertidas composiciones, que Armando Vega-Gil (fundador de Botellita de Jerez) creó para su nuevo proyecto titulado Ukulele loco, un disco que conjunta narraciones de cuentos infantiles con toques musicales dirigido a todo tipo de público.

Durante su visita a Aguascalientes, Armando (como prefiere que le llamen) recibió a La Jornada Aguascalientes horas antes de la presentación del libro Un marciano y un ciempiés (editado por el Instituto Municipal Aguascalentense para la Cultura). Con su cuarto de hotel lleno de mochilas y él vistiendo de pantalón negro, botas y sudadera, se puso cómodo en la esquina de la cama para dejar fluir las palabras, tal como sucedió años atrás cuando comenzó la loca historia del Ukulele loco.

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“La verdad es que este nuevo proyecto fue hecho sin pensar, se tardó casi dos años en cocinarse, me lo tomé muy tranquilo porque no pensaba que se convertiría en un proyecto tan grande”, portando una suave sonrisa, compartió que hace alrededor de cuatro años estaba presentando el libro de Renata y la fábrica de los juguetes y al ver la gran cantidad de niños presentes decidió sacar su guitarra y empezar a tocar una canción con la historia del libro, “cante una canción y los niños se concentraron, por fin pude presentar el libro y ya después mi editor me dijo que tenía una conexión especial con los chavitos, lo cual podría ser aprovechado para hacer un espectáculo especial para ellos”, al momento le respondió con un “sí estaría chido” pero nunca se lo tomó como algo serio.

“Para empezar nunca me imaginé que yo estaría solo cantando y tocando, siempre me visualicé en grupo. De hecho cuando tronó Botellita en el 97, pensé que mi carrera de músico se había acabado, hasta me compré una guitarra para tocar solo en mi casa”, pero conforme pasó el tiempo fue construyendo las canciones hasta verlo concretado todo en un proyecto real y aplicable, “estaba la idea ahí, pero nada más, hasta que se me dio este chance de tocar yo solo, es como muy sorprendente, la verdad, pero está muy chido”.

Justo para esa época nació su hijo (que en marzo cumplirá cuatro años) quien durante un tiempo le agarró una euforia por tomar las guitarras y jugar con ellas, “yo tengo una vihuela michoacana que agarraba, pero lo hacía inestable por lo bromosa que es, así que decidí comprarle una guitarra en serio para que vaya acostumbrándose al sonido”, de ahí encontró el ukulele.

Cuando comenzó a jugar con su hijo, sorpresivamente descubrió que tenía características armónicas y sonoras muy amables para ser utilizado en aquel proyecto que su editor le propuso, además de ser un instrumento tan pequeñito que puede cargarse a todas partes.

Poco a poco Armando trabajó con el ukulele percatándose que ya tenía armaduras musicales y algunas melodías acompañadas de canciones ya terminadas, “cuando menos me di cuenta ya tenía unas ocho rolas, así que le dije a mi productora que me ayudar a armar un espectáculo para niños”. Paola Hernández fue representante de ¡Qué payasos! por lo que conocía perfectamente el mundo de los niños.

“Hay una relación muy cercana entre las rolas y los libros. La canción de Cumpleaños en la marisquería fue ilustrada por Erika Martínez; Una noche de catarro y pesadillas es un libro que hice con Trino”, en esta última salió gracias a que durante la presentación del libro un hombre “se echó” un son jarocho y a Vega-Gil se le ocurrió adecuar la historia en una canción a ese tono.


La narración en voz alta de Se armó la fiesta de muertos (que tiene que ver con José Guadalupe Posada) es un libro interesante escrito en décimas (en verso) que lo ilustró una pintora llamada Carolina Kerlow, “mientras estás leyendo los versos te encuentras con palabras que están sustituidas por dibujos, eso les gusta mucho a los niños”.

Todo este proceso lo considera muy orgánico y fortuito pues cuando nació su hijo explotó aún más su necesidad por acercarse al sector infantil, “yo ya escribía para niños desde antes que naciera mi hijo, pero su llegada me agudizó esta necesidad de escribir para los niños”, puesto que ahora observa y entiende las cosas de los menores desde los ojos de uno.

“Ocurrió algo muy chistoso con la rola de El vals del fantasma del futbol; un día la mamá de mi hijo le pregunta que dónde estaba su zapato y mi hijo le responde que un perro se lo había comido, entonces yo en la canción puse que un perro se comió un zapato.”

Armando reconoce que durante su “fracaso como rockero” encontró lugar en la música folclórica (en los años 70), durante esa época aprendió otro tipo de música y técnicas que jamás creyó volver a utilizar, “está bien loco porque ahora con el ukulele estoy utilizando muchos conocimientos de antaño; la verdad creí que todo ese aprendizaje había sido inútil, pero no”, ahora con este instrumento absorbe todo de su costal de conocimientos.

Siempre hay un perro en las historias

–Leyendo sus textos encontramos que en sus historias casi siempre aparece un perro, ¿hay alguna analogía o es simplemente por costumbre?

–“Es chistoso, eres la segunda persona que me lo pregunta (confesó riendo). La verdad, es sin querer; cuando escribí la novela de Rockboy y la rebelión de las chicas yo no me había dado cuenta que la banda se llama “Perro con rabia”, ni que en el cortometraje Como Perros y Gatos (el cual fue nominado al Ariel en el 2013) era de perros, o en la siguiente historia de “El perro de Oventik” (poema sobre la muerte, el luto y la comunicación con los antepasados en la cultura Tzotzil) llevaba al perro como personaje principal. Ni tampoco que en el libro con el que gané el Premio San Luis Potosí de Cuento, hay un perro que todo el tiempo está y se llama Pinto (algunas ocasiones lo sigue utilizando en otras historias).

“Esto lo descubro cuando mi editor de ese entonces me dijo que qué traía con los perros, porque siempre los ponía en las historias; yo no sabía que tenía eso y él me ayudó a entender esta cosa mía. De hecho en mis historias siempre sale o un túnel o un perro. Ahorita estoy haciendo una que se llama La resurrección de Morrison que saldrá en ediciones Alfaguara y no hay perros, pero ya platicando de esto le tendré que meter uno para no perder el toque.”

Un marciano y un ciempiés

Durante su visita a esta ciudad en octubre del 2014 cuando se presentó Vega-Gil con Mula de Blancas a lado de Alfonso André y Macario, se proyectaron varias ilustraciones hechas por Pablo Z, las cuales atraparon la atención del titular del IMAC, Alejandro Vázquez Zúñiga para concretarlo en un proyecto editorial.

“Un día dijimos, vamos a hacer un libro de Un marciano y un ciempiés, sin saber si se publicaría o no; así que ya traíamos el dommy y en el concierto lo vio Álex y se enamoró de él”, a partir de ahí concretaron la edición para este 2015 acompañado de un concierto para niños, que se efectuará el día de hoy domingo 1 de febrero en punto de las 17:00 horas en la Casa de Animación Cultural Oriente (CACO), ubicada en avenida Mariano Hidalgo esquina Poliducto.

“Son de esas cosas que haces porque te da la gana sin planes de que se haga realidad y de pronto ¡madres! Cae en Aguascalientes y ahora lo tengo en la mano, son esas cosas azarosas que pasan, pero estoy muy feliz”, y como creador de la historia-canción espera que a los niños y adultos acepten el producto editorial con gran regocijo.

La historia de Un marciano y un ciempiés es una rola que Armando quiere mucho, no sólo por ser de su autoría, sino por lo que significa y porque además es la favorita de su hijo, “cada vez que la escucha es así como muy rebelde, me calla y me dice: no, papá, no cantes, déjame escucharla”.

El IMAC editará alrededor de cuatro mil libros, de los cuales tres mil se regalarán junto con el disco completo de Ukulele loco, con la finalidad de que más niños conozcan y disfruten estas locas, extravagantes, pero divertidas historias.

El camino no ha sido fácil

Con una carrera tanto musical como en la escritura, a seis décadas de vida sigue amando su trabajo, “creo que esto es de oficio, cuando ya tienes lo básico que es la música, tienes tu tema, tus personajes, haces los versos, los acomodas estratégicamente; vas construyendo tu idea por experiencia”.

Aunque señala que sus proyectos han tenido una “gran estrellota guardián”, el camino no ha sido nada fácil, y menos cuando en México la cultura y las artes no son prioridad para los gobiernos, sin embargo, poco a poco ha logrado cosechar “cosas bien chidas sin pensar que serían chidas. Ha sido un camino larguísimo de mucha diversión pero también de mucho sufrimiento”.

La idea de Armando es que para este año se concreten más publicaciones que ilustren otras canciones de su disco, para ello ya inició pláticas con algunos artistas plásticos mexicanos, e inclusive llegar a plasmar alguno más en cortometraje (así como pasó con Un marciano y un ciempiés) aprovechando su inquietud y amor por el cine.

 


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