#YaSéQueNoAplauden / Política for dummies - LJA Aguascalientes
14/04/2024

Entre semana, todo el mundo vio algún meme o algún video de burla hacia Enrique Peña Nieto. En el evento del nombramiento del nuevo secretario de Función Pública, Peña Nieto, en un discurso de esos que dicen los políticos en ese tipo de eventos, esperaba que al final, los medios de comunicación, que eran mayoría, le aplaudieran. Al no ocurrir ese acto de reverencia, el presidente voltea con alguno de sus asistentes que seguramente le recordó que los periodistas no son muy asiduos a aplaudir a los política, o más bien a aplaudirlo a él. Son hijos de la escuela de Julio Scherer que no sólo no aplaudía, sino que no se fotografiaba con ninguno, uno de los legados que los nuevos periodistas deben entender. Terminando, lo que quiero decir es que Peña Nieto dice #YaSéQueNoAplauden pero con los micrófonos prendidos. Todo el mundo sabe de lo que habla. Vaya momento de infortunios, como muchos que ha tenido.

 

De lo que quiero escribir hoy es de los políticos, la semana pasada, en esta columna, lo hice de la política. Ahora lo haré, motivado por ese evento que narré en el primer párrafo, de los políticos en México, así entenderemos por qué el enojo de Peña Nieto sobre no recibir un aplauso. Los políticos, en México y en el mundo anhelan el reconocimiento, y como los artistas, viven del aplauso, del elogió y de, disculpen la expresión, les lamban las suelas.

 

Los políticos son unos tipos que en su ego tienen un espacio específico para el aplauso. No se cansan de escuchar frases como: Usted es él indicado, Usted sí nos escucha, Es muy inteligente, Es mi ídolo, Usted es el mejor, Usted va a ganar, Es el mejor presidente que hemos tenido, es el mejor alcalde que hemos tenido. Y muchas más, que seguramente muchos de nosotros hemos escuchado y en algunos casos hasta las hemos dicho. También es culpa de los ciudadanos y los periodistas que tratamos a los políticos como nuestros héroes, máximas figuras, máximo líder, respetable y nos sentimos menos ante él. Por eso rendimos el elogio. Ya nos acostumbramos a sentirnos halagados porque el político se detiene a platicar un minuto con nosotros o porque nos dio el tiempo de una entrevista en su apretada agenda. Salimos y le agradecemos su tiempo, porque seguramente no somos dignos de él.

 

Esto por una parte, por otra, los políticos, al menos en México y al menos los que conocemos, viven enamorados de la parafernalia del poder; la verdad mentiría en decir que ese término es mío, lo leí de algún opinólogo o analista y pareció atinado para entender un poco más a estos personajes tan curiosos. La parafernalia del poder no es otra cosa más que por el simple hecho de estar en el poder, lo que significa que tienes una posición económica estable, tienes que vivir con el adjetivo parafernalia en todos lados, para empezar, las camionetas blindadas, con seguridad y chofer, para seguir, las casas con más de diez cuartos, jardín para eventos, cava de vino, sala de videojuegos, servicio de cocina y más lujos, pero los lujos que ustedes no se imaginan, carros para sus hijos de casi millón de pesos, viajes a India en aviones forrados de oro, comidas extravagantes como un venado nacido en Mazatlán, casado en San Diego y traído en Jet privado. Aman esa lejanía con la vida real, esa parafernalia del poder les impide sentir el contacto humano, los acostumbra a ser halagados y algunas veces hasta a odiar esos halagos a tal grado de humillar a los trabajadores que sirven en los restaurantes, aeropuertos o la policía. Recuerdan los casos de todas las Ladys, eso es sólo un botón de la muestra.

 

En México los políticos se sienten tocados por el cielo, bañados en oro, y en realidad todos los vemos así, son una clase especial, una casta única en nuestra país. Y también es verdad que ellos son producto de nuestra admiración por ellos, todos somos culpables de esos políticos. Queremos llegar a la política a ser servidos, a traer un radio, guardias y a ser aplaudido aunque no lo merezcamos. Los políticos que gustan del dinero, como afirma José Mújica, hacen tanto daño que no imaginamos.


 

Por esa personalidad, por ese perfil sicológico, por ese ego tan desnutrido en los últimos días, por esos aplausos que no ha recibido Peña Nieto, porque la política económica y la falta de 43 estudiantes no lo hacen merecedor de más aplausos, de los cuales se acostumbró, no sólo por las reformas de sus primeros años, sino se acostumbró desde chico, se enamoró de esa parafernalia del poder, se enamoró de los alimentos a su ego.

 

Estamos acostumbrados tanto a estos políticos que me sorprende que todos lo critiquen cuando quiere que lo aplaudan; llevamos años aplaudiéndoles.

 


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