Esfera Pública: Necesario reinventar nuestra izquierda / La izquierda que necesitamos - LJA Aguascalientes
28/01/2022

Necesario reinventar nuestra izquierda

Por Gilberto Carlos Ornelas

Para los que aspiramos a vivir en una sociedad más justa y democrática, con libertades y derechos garantizados para todos, sería deseable que las organizaciones de la izquierda mexicana hubieran generado la posibilidad de ser ya una opción real de gobierno, sin embargo, sus limitaciones generadas y heredadas sólo han alcanzado para tres intentos cercanos de ganar la presidencia, lograr algunos gobiernos locales y una historia de encuentros y desencuentros que evidencian su dispersión, sus debilidades éticas y su pragmatismo que en muy poco se diferencia del quehacer de las fuerzas políticas tradicionales que han gobernado el país. Así no le sirve mucho al país para transformar el sistema caduco; hace falta reinventar, reconstruir a la izquierda mexicana.

Una cosa es cierta, las perspectivas para la izquierda en las próximas elecciones intermedias no son muy halagüeñas, ganar un bloque mayoritario no está en su objetivo, pero sí medir fuerzas entre sus distintas vertientes mientras un gran movimiento de inconformidad social se distancia de esa izquierda electoral.

En México, el entramado de intereses y sobre todo, las derrotas y debilidades han llevado a que la izquierda viva su primera gran crisis desde que se inició la transición democrática a fines del siglo pasado; sus liderazgos se debaten entre la defensa de sus trincheras y porcentajes. Primero resistir y luego proyectar, parecen decir.

Está claro que el país necesita una izquierda política que abandone el autoritarismo congénito, el patrimonialismo faccioso y la simulación compulsiva. Y tal vez esa izquierda necesaria ya está en ciernes, y tal vez la actual crisis estimule su surgimiento pues no queda duda que hasta este momento, el planteamiento más fresco y novedoso proviene de la izquierda histórica que lidera, ya sin partido alguno, Cuauhtémoc Cárdenas: la refundación del Estado Mexicano y sus instituciones y la elaboración de una Nueva Constitución. No es aún el relevo generacional pero sí una bandera generosa que puede conectar y nuclear a las nuevas generaciones que por lo pronto se hacen presentes con hartazgo e indignación tanto en las calles y en ese nuevo ágora que son las “redes sociales”.

Las condiciones en otros países han generado movimientos y expresiones novedosas y exitosas de la izquierda; ahí están los vigorosos y polémicos procesos de Centro y Sudamérica, desde el exitoso PT de Brasil, el PS de Chile, Correa en Ecuador, el respetado Mujica del Frente Amplio del Uruguay, y en Europa la frescura sorpresiva de “Podemos” y “Syriza” de España y Grecia. Pero todas estas formaciones obedecen a su propio desarrollo histórico y la lucidez de sus liderazgos. En México, serán nuestras condiciones y la calidad de nuestros dirigentes lo que determinen las posibilidades futuras de cambio político y social.

Por lo pronto ninguna de las actuales formaciones de la izquierda mexicana está en condiciones de disputar el poder político de la República por la sencilla razón de que enfrentan la falta de credibilidad de la gran mayoría de ciudadanos y por eso mismo la disyuntiva para los siguientes años bien pudiera ser: o un difícil e improbable proceso de reunificación, el fortalecimiento de una de las vertientes actuales -Enrique Pasillas opina que puede ser Morena-, o el surgimiento de nuevas expresiones frescas que sean capaces de darle rumbo a la inconformidad e indignación dispersa.

Un breve examen de las experiencias exitosas de la izquierda en el mundo nos llevan a encontrar que los ejes de su legitimación popular y su empoderamiento en sus países, no fueron ni el pragmatismo ni los cambios gatopardistas; eso más bien desprestigió a grandes fuerzas como el PSOE y al PSF, más bien y principalmente ha sido la construcción de un discurso para recuperar la representatividad de la sociedad -los intereses generales del pueblo- , restablecer el papel del estado como garante de los derechos sociales, y también como recién escribió Paco Aguirre en este espacio, en las demostraciones fehacientes de llevar a la práctica los conceptos de la ética política.

Esa posibilidad de ganar la representación de los intereses generales de la sociedad no la pueden obtener los grupos de izquierda que priorizan el control de una franquicia, la obtención de cuotas burocráticas o la administración de cambios negociados en la dinámica de la simulación. Nuestra realidad hoy es confusa y difusa, muchos desearíamos contar ya con una izquierda fresca, competitiva y confiable. Más que esperar que surja por generación espontánea habrá que empujar a que alguno o varios de los destacamentos de nuestra realidad, puedan reinventarse, reconstruirse y reivindicarse con la gran masa de ciudadanos que hoy los mira con desconfianza. El talento, la sabiduría y la capacidad de las organizaciones, movimientos y liderazgos de la izquierda serán medidos por esos parámetros. Es lo que hay.

 

@gilbertocarloso

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La izquierda que necesitamos

Por Enrique F. Pasillas en LJA

 

Es tan compartible la posición de mis amigos de LJA sobre la izquierda mexicana: “Izquierda autista” en La Jornada, 17 de febrero, que difícilmente se puede discutir con argumentos sólidos.

El problema es que México requiere con urgencia una izquierda moderna y progresista con una agenda social enfocada a las necesidades de los ciudadanos, especialmente de los más humildes, que son la gran mayoría en este país; y que sea una alternativa real de gobierno nacional, con un ideario político basado fundamentalmente en la búsqueda de la justicia social, la verdad histórica y la democracia.

Lo grave es que por el contrario, sufrimos y padecemos (no olvidar que los partidos políticos de este país, entre ellos los que se dicen de izquierda, consumen, usan y abusan del presupuesto público 25 mil millones de pesos 2015, según el INE) de una izquierda que se destruye y se hunde víctima de sí misma y de sus evidentes vicios, que al parecer sólo sirve hoy, en el mejor de los casos, para hacer de grotesca comparsa del poder.

Así que tiene razón Curzio cuando dice que ni un niño de pecho se cree el cuento perredista de que ellos pueden y saben gobernar de otra manera, porque la realidad de sus desgobiernos en Michoacán o en Guerrero los desmiente rotundamente. Así que pareciera sólo quedarles en su catálogo virtuoso la experiencia llena de claroscuros de la capital del país, mucho mejor con Cárdenas y López Obrador y bastante desdibujada con los que les siguieron hasta hoy. Pero aun así, la capital siendo la capital, está muy lejos de Quintana Roo o de Baja California, y los logros de la izquierda mexicana arrastran con el desprestigio de personajes como los Godoyes, Bejaranos, Robles o Aguirres.

Pero eso es lo que hay. Sostengo pues que la izquierda de este país, y a pesar de ella misma, con sus regresiones y taras congénitas, ha jugado en papel clave en la incipiente y débil democratización de México, y que muchos de los pocos logros alcanzados en las pasadas décadas serían impensables sin la lucha social de los ciudadanos de izquierda. Lo que ocurre es que lo alcanzado no es ni con mucho suficiente ante los ingentes retos que encara el país.

Cola. Tiene mucha razón mi amigo y paciente editor Paco Aguirre cuando apunta en este mismo espacio de Esfera Pública el pasado 16 de febrero situando a Podemos, el Movimiento-Partido español como el fenómeno político del año. Pero puede ser en noviembre próximo, después de las elecciones. De momento el de hoy, sin duda, se llama Synaspismós Rizospastikís Aristerás, Syriza o Coalición de la Izquierda Radical, liderada por el joven primer ministro Alexis Tsipras, capaz de disputar y ganar el poder político a los dos partidos tradicionales que se repartían todo en Grecia. Su programa es muy sencillo: primero los ciudadanos, después los bancos. Así, es el pueblo de este pequeño, pero valiente país el que nos marca la ruta de lo posible, que de eso se supone que se trata la política. Con ese mismo programa Islandia, en la periferia norte, se salvó de la debacle económica a la que parecía condenarla después de 2008 la banca internacional. Y eso mismo con su propio acento, es lo que han hecho, cada cual a su modo, países como Uruguay, Costa Rica, Ecuador o Bolivia. Porque son posibles otras alternativas diferentes a las que nos han aplicado los dirigentes tecnócratas hijos putativos del consenso de Washington, con sus nefastas políticas de ajuste y cero déficit, y sus aliadas oligarquías locales y foráneas. Sin duda, esas otras alternativas pasan por la conformación de una izquierda moderna con una agenda internacionalista, altermundista, humanista, ambientalista y pacifista que de momento no tenemos en México. Mientras, una forma sensata de invertir el voto en el próximo proceso electoral federal puede ser Morena, para que haga algún contrapeso, cuando menos simbólico, al despotismo tecnócrata desilustrado. Todo lo demás está por verse.

 

 


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