Opinión

Indolencia rica / A lomo de palabra

Para los doctores René Millán, Roberto Castellanos y Rolando Cordera

¿Qué ingrediente le agregaría o aumentaría en cantidad para que el guiso de su propia existencia fuera más sabroso? ¿De qué pata cojea? Si pudiera pedirle a un genio omnipotente un deseo, ¿qué le pediría? O en corto, ¿qué ocupa usted? Hay mil maneras de preguntarlo; quizá una de las más simples sea ¿qué necesita para estar mejor? Hace unos meses, como parte de una encuesta realizada con todas las formalidades metodológicas del caso, se planteó la siguiente pregunta a una muestra de mexicanas y mexicanos, adultos todos: “En su experiencia, ¿cuáles son los tres aspectos de esta lista que más le ayudarían a aumentar la satisfacción con su vida?” Ojo, se presentó a los entrevistados una lista, de tal manera que se limitó el espectro; si se hubiera dejado abierta la cuestión preguntando “¿cuáles son los tres aspectos que más le ayudarían a aumentar la satisfacción con su vida?”, quizá no hubiera faltado quien contestara “ser invisible”, “poder volar”, “tener una mirada fulminante, literalmente”, “no morir”, “ser irresistiblemente sexy”, “que me aplaudan”…, en fin, pero el caso es que se cerró la gama infinita a una determinada cantidad de opciones. Las respuestas muestran que al menos en México la mayoría está de acuerdo con una sabia sentencia marxista, aquella que a la letra establece: “Si bien es cierto que el dinero no puede comprar la felicidad, ciertamente te permite escoger tu propia forma de miseria”. Efectivamente, de entre todos los aspectos entre los cuales se podía optar, el que la gente señaló con mayor frecuencia como primera mención fue “Tener un mayor ingreso” (35.9%), esto es, dinero… El aspecto que se mencionó en segunda frecuencia también se refiere al ámbito individual: “Tener un buen estado de salud” (30.3%). En un lejano tercer sitio (9.5%) quedó “Tener relaciones familiares amorosas”, una condición que necesariamente involucra a los otros.

Obtengo los datos anteriores de la Encuesta Nacional sobre Satisfacción Subjetiva con la Vida y la Sociedad (Ensaviso), realizada por el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. El levantamiento se efectuó entre mayo y junio de 2014 y constó de 1,200 entrevistas. El promedio de satisfacción con la vida que reportó la encuesta de la UNAM fue de 8.53 puntos sobre 10, una calificación muy cercana a la que arrojan los ejercicios realizados hasta ahora por el INEGI (el módulo BIARE que incluyó la Engasto 2012 fue de 8.0, en tanto que en el último ejercicio publicado, el módulo BIARE incluido en la ENCO I/2015, fue de 8.2). También como ha ocurrido en anteriores estudios, para los informantes de la Ensaviso no hay diferencia entre “satisfacción con la vida en general” y felicidad, o al menos calificaron ambas exactamente igual: 8.53.



Según los resultados de la Ensaviso, entre más libertad para decidir tiene o cree tener la gente, aumenta su satisfacción vital. La pregunta fue: “A lo largo de su vida, ¿qué tanto ha podido o no tomar decisiones importantes libremente?” De haber caído en la muestra, al llegar a esta interrogante yo hubiera exigido que me permitieran estudiar al menos un doctorado en filosofía antes de responder, pero afortunadamente la mayoría de mis paisanos no es tan complicada… Un grupo de seres para mí con un poder sobrenatural contestó que “Siempre”: ellos y ellas, el 28.1% del total, son los que reportaron un promedio de satisfacción con la vida más alto, 9 puntos. En el otro extremo tenemos a quienes contestaron que “Nunca”: así como lo lee usted, declararon que “Nunca” han podido tomar decisiones libremente; una de cada diez personas se halla en tan desdichada situación, y declara la calificación promedio de satisfacción con la vida más baja: 7.3 puntos. La mayor parte de la gente consideró que “Algunas veces” (21.9%) o “La mayoría de las veces” (39.8%) ha podido decidir libremente; su calificación promedio de satisfacción con la vida está, claro, más cerca del promedio total: 8.1 y 8.7, respectivamente.

En otra perla de sabiduría marxista, Groucho señaló: “El dinero te libera de tener que hacer cosas que no te agraden. Dado que a mí no me gusta hacer casi nada, el dinero resulta muy útil”. Traigo a cuento lo anterior porque resulta una atinadísima explicación de qué hace los mexicanos en su tiempo libre, aquellos mismos que en primer lugar y sobre todas las cosas quisieran tener mejores ingresos para aumentar su satisfacción con la vida. ¿Cómo utilizan las personas el tiempo libre que disponen? Pues de acuerdo a los resultados de la Ensaviso a la gente lo que más le gusta hacer cuando puede hacer lo que le plazca es no hacer nada. La pregunta fue: “Piense en el tiempo libre que tuvo en el último mes, ¿qué tanto realizó de las siguientes actividades?” De nuevo, una pregunta que cierra la infinidad de opciones -“Memorizar la Iliada”, “Oír ladrar los perros”, “Mentar madres”, por ejemplo, no aparecen en el listado-. Pero las respuestas dan la razón a quienes diseñaron el cuestionario: las tres actividades a las que los mexicanos dedican más su tiempo libre son “Estar con su familia” (82.6%), “Ver la TV” (80.4%) y “Descansar” (75.2%).

Así que la fórmula de la satisfacción parece bastante simple: mucha lana para no hacer nada. Con una ventaja adicional -aquí parafraseo al gran Marx, Groucho, porque él pensaba que era un problema, no una ventaja-: cuando no estás haciendo nada, nunca se sabe cuando has terminado.

 

@gcastroibarra

 

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Germán Castro

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