Oscuridad y autoritarismo / Vicente Pérez Almanza - LJA Aguascalientes
14/04/2024

Cuando Enrique Peña Nieto tomó posesión como presidente de México, recuerdo haber escrito sobre la maquinaria del PRI y lo que ellos harían para conservar el poder. El texto si mal no recuerdo decía, que ellos sabían perfectamente qué hacer cuando ostentaban el máximo cargo político de México y que también conocían a ojos cerrados el camino lleno de artimañas para conservarlo.

Las reformas estructurales (dícese de la educativa, la fiscal y la energética), las detenciones de figuras de peso y contrapeso al poder para generar un escarmiento a quienes no los apoyaron; son apenas muestras de que tienen la fórmula y la pusieron en práctica de inmediato para dejar muy en claro que habían vuelto y llegaron para quedarse.

Si bien puedo hacer un recuento de todas las muestras de intolerancia política, simulación y presión social que tienen hoy los dueños del poder, pasando de las desapariciones forzadas, el asesinato de periodistas, el aún inconcluso caso de los 43 de Ayotzinapa, hasta llegar a la “Casa Blanca” de las Lomas, los acuerdos mafiosos con empresas constructoras y las designaciones de funcionarios “mafufos” encargados de dizque investigar a la persona que los contrata, todo para recordar y hacer notar que cuando el PRI tiene el poder, sabe exactamente qué hacer con él.

Sin embargo, en todo este tiempo y a través de los años, cuando las instituciones han fallado, cuando los fiscales son un chiste y sus resultados son poco menos que mentiras sacadas del sombrero de un mago de crucero, han emergido personajes que socialmente nos dan muestras de realidad, aquellos que por más cruda y peligrosa sea la situación nos fueron llevando paso a paso por las evidencias y construyeron junto a los ciudadanos libres las evidencias de un gobierno corrompido, nos abrieron los ojos y ampliaron nuestro criterio.

Evitaré mencionar más nombres para no entrar en polémicas sobre si uno es más que otro o menos que aquel, pero de algo sí estoy seguro, hay un personaje que de alguna forma, con base en su trabajo crítico, su instinto periodístico y su compromiso con la información, destacó por encima de muchos que prefirieron quedarse en la comodidad que las bonificaciones gubernamentales otorgan. Me refiero a la periodista María del Carmen Aristegui Flores, quien se convirtió en un referente de veracidad en estos tiempos de sombras y canallas.

Aristegui, como la periodista crítica que es, se ha vuelto una fiscal en este país al denunciar los excesos y malas prácticas de las autoridades. El sistema, al controlar a jueces y ministros eliminan el riesgo y ahora al pretender deshacerse de Carmen Aristegui quieren neutralizar a esos otros observadores que en la práctica subsanan la ausencia de un sistema de justicia capaz de llamar a cuentas a los poderosos.

Cuando comencé a escribir el presente texto, lo hacía con la intención de hablar sobre cómo se fue dando el proceso en el que se presionó a la periodista hasta el momento en que ella decidiera renunciar a su espacio en el MVS, pero fue justo en la tarde noche de este pasado domingo 15 de marzo, cuando supe por medio de comunicado “oficial” que Aristegui había dejado de lado su vínculo laboral-profesional con la empresa MVS con la que había estado unida desde hace poco más de 5 años.

Coincidencia, apenas pasaron unos cuantos días desde que Eduardo Sánchez, exabogado general de Grupo MVS, asumiera las funciones de coordinador general de Comunicación Social de la Presidencia y la empresa inició una escalada contra Carmen Aristegui y su equipo de investigación. La supuesta plataforma informativa Mexicoleaks fue el pretexto perfecto. En desplegados dentro de varios periódicos y con spots en sus propios espacios informativos, Grupo MVS afirmó que no formaría parte de Mexicoleaks y con ello descalificó a Carmen Aristegui, quien se había manifestado a favor de dicha plataforma.

Poco después MVS decidió despedir, sin notificar y mucho menos consultar con Carmen Aristegui, a los reporteros Daniel Lizárraga e Irving Huerta, con el argumento de la “pérdida de confianza” y “el uso indebido de recursos humanos tecnológicos y materiales”. Los dos periodistas realizaron el trabajo de investigación en torno al escándalo de la Casa Blanca y dieron seguimiento de la matanza de Tlatlaya y el caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa.


Es deprimente observar como en México, más allá de privilegiar la verdad se hace reverencia al dinero. Ya no importa lo que las personas queremos ver o escuchar, sino lo que deja mayor rentabilidad. El espacio de Aristegui desde hace mucho era un sitio incómodo que estaba encontrando cosas, verdades que no deberían haber salido a la luz. El sistema se tambalea, pero como es su costumbre decidió dar un golpe de autoridad y autoritarismo. Más vale invertir unos cuantos millones de pesos, ceder algunas concesiones y comprar un par de conciencias, antes que permitir que las personas con información sacudan al imperio.

Hoy Aristegui está fuera de su espacio en MVS, pero quienes creen que han ganado la guerra contra la realidad, creo que no han sopesado el hecho de que tarde o temprano la verdad sale a flote. En mi opinión, la periodista ya está por encima del nombre de una empresa. Y para ellos, para los que ostentan el poder, su capacidad de intimidar cada vez es menor, puesto que somos muchos más los que intentamos estar bien informados, sólo basta que además de ello aprendamos a estar unidos.

Para el final, recuerdo haber leído esto y se los dejo a su amable consideración:

“No es culpa de la política que haya corrupción. Es responsabilidad de quienes votan para que los corruptos lleguen a la política”.

 


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