Porque somos desiguales / Norma González en LJA - LJA Aguascalientes
09/12/2021

 

El concepto de género es una gran categoría para explicar las desigualdades entre las personas. Sabemos que la desigualdad es una constante en las sociedades contemporáneas.

Las diferencias sociales se expresan con más crudeza en nuestro país. Mientras un polo de la sociedad acumula cantidades estratosféricas de dinero, hay otros sectores que mantienen un nivel de pobreza que raya en lo inhumano.

Esta desproporción en la distribución de los recursos producidos por todos y apropiados por unos cuantos, se refleja con mayor injusticia y crudeza en sociedades como la nuestra.

Si bien es cierto que ante la ley somos iguales, la realidad es que hay una diferencia abismal entre Carlos Slim y el indígena que vende semillas, o el peón de albañilería. La realidad que viven unos y otros es totalmente desigual, uno en la absoluta riqueza, los otros en la absoluta pobreza. El extremo del desamparo se magnifica, porque si ellos son pobres, tienen una esposa, mucho más pobre y desamparada que ellos.

Junto al proceso de desigualdad social y económica, la desigualdad se acumula con la raza, la etnia, la clase social y la sexualidad, entre otras, que son categorías socialmente construidas. Se intersectan con el género para determinar la ubicación social de los individuos.

Las relaciones de género se establecen desde que nace un individuo. “Si es niña, de rosa, porque se asocia a la fragilidad”, si es niño azul, como parte de una diferenciación de cualidades y facultades en la sociedad.

Ese simple acto, condena de antemano de lo que debe ser el hombre en la sociedad, y lo que debe ser la mujer. Las relaciones de género se establecen con base en las normas y convenciones sociales. Determinan los derechos, comportamientos esperados e identidades que definen a hombres y mujeres a partir de una diferencia de carácter sexual. Ser apta biológicamente para la reproducción, la condena de por vida a tener un nivel de dependencia de todo tipo respecto al hombre, de ahí su condición de desigual.

La esfera productiva es de dominio tradicionalmente masculino, el hombre realiza el trabajo que se concreta en la producción de bienes y servicios, que tiene un precio y que se venden y se compra en el mercado.

La esfera reproductiva es donde predominan las mujeres. Es donde tiene lugar la reproducción en términos biológicos de la fuerza de trabajo y del sistema social como un todo. El trabajo que se realiza en este ámbito es invisible debido a que no se valora económicamente aunque sea imprescindible para el funcionamiento del sistema social, nunca es apreciado porque no es remunerado.


Históricamente la rígida división desigual del trabajo ha limitado la posibilidad de las mujeres para desempeñarse en la esfera productiva y en general para actuar en el ámbito de “lo público”. También ha mantenido alejado a los hombres de las actividades reproductivas.

Estas pautas de actuación se transmiten a partir de reglas, algunas formales; jurídicas, políticas, económicas como son los derechos de propiedad y contratos. Hay países en donde las mujeres no pueden firmar ningún tipo de contrato, que no pueden heredar ni son sujetas de crédito. En México a mediados de los 1950, todavía estaba dando la batalla para poder heredar los bienes de su familia en lugar de su marido.

Otro tipos de conductas o roles de carácter informal las encontramos en prácticas como la costumbre, la religión, la tradición, etc. Van consolidado un entorno que refleja el “orden de género” y que determina el comportamiento que debe de tener una mujer en la estructura social.

Bajo esta lógica de roles de hombres y mujeres están sujetos a diferentes valoraciones y fuertes asimetrías de poder, reproduciendo las desigualdades entre hombres y mujeres.

El orden de género interactúa con el resto de las instituciones, en particular con el sistema económico, determinando un reparto desigual de los recursos y oportunidades entre hombres y mujeres y entre distintos individuos.

La evolución y grandeza de una sociedad debe medirse por su capacidad para abatir la desigualdades entre individuos, pero, y sobre todo, erradicar las desigualdades entre hombres y mujeres que es la desigualdad más extrema, debe ser erradicada en México y en cualquier parte del mundo.

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