Madres abnegadas y relegadas / Martín Orozco Sandoval en LJA - LJA Aguascalientes
15/04/2024

Muy agradecido me encuentro con doña  Rosa, mi querida madre,  y Yola, mi esposa, por ese don que sólo tiene la mujer: el del amor infinito a sus hijos.

El pasado domingo festejamos a nuestro ser divino. A  quienes han tenido la dicha de procrear y también, a quienes se dedican a conducir un hogar protegiendo a sus seres queridos como si fueran hijos.

Porque entiendo que el papel de madre puede cumplirse de muchas maneras. Expreso así mi admiración por quienes están al frente de los orfanatos; por  nuestras educadoras, que con la paciencia y el esmero maternal, desde la escuela o la guardería intervienen por lograr que las niñas y niños a su cargo, sean personas de bien.

Les comento que con mi familia, nos unimos para participar en el convivio tradicional del 10 de mayo. Mientras me dirigía a casa de mi madre, fue muy emotivo ver en las calles el esmero de muchos hijos por agasajar a su ser querido. También los rostros de emoción de ellas por este sentido reconocimiento.

Indudablemente, son insuficientes las palabras que podemos dirigir a una persona tan importante en nuestras vidas, que seguramente la emoción llega a ser asfixiante animando una sonrisa o una lágrima  incontrolable.

Pero no podemos esconder la otra cara de la moneda, el de la madre que sufre por la ingratitud de los hijos. Que vive en desconsuelo por el abandono, la intolerancia y la indiferencia aun y cuando dedicó todas sus energías para que salieran adelante. Pero ese maltrato no sólo se da en el hogar, también en el medio laboral, donde no son pocas las empresas o comercios que condicionan el estado civil o el género para asignar los puestos y hasta los salarios.

Según la organización no gubernamental Save the Children, entre 178 países de los que analizó las condiciones sociales y económicas de las mujeres, encontró que México ocupa el lugar número 54 entre los mejores y peores lugares para ser mamá.

Y para ello se basó en una serie de indicadores que a simple vista nos resultan entendibles.  Por ejemplo, cita que en materia de salud la tasa de defunciones maternas es de más de 42 por cada 100 mil niños nacidos.

Tenemos otra realidad: la de las madres de familia que soportan las condiciones de miseria.  Señala el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) que el 46 por ciento de las madres de familia sin dependencia padecen la pobreza multidimensional y es extrema en más del 20 por ciento.


Con carácter, logran vencer ese desafío y asumen la alta responsabilidad de administrar  el hogar  con lo que tienen. Incluso quienes se encuentran solas, sin alguna persona a su lado que le ayude con los gastos, tienen que aplicar un admirable esfuerzo para sacar adelante a los suyos.

La participación de la mujer que es madre ha tenido una creciente presencia en el desarrollo económico de México. La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo que elabora el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), señala que actualmente supera el 44 por ciento. El 98 por ciento de ellas combina las labores de la oficina con el hogar.

Es decir, su desempeño se ha vuelto trascendental para el fortalecimiento de la economía y el bienestar en los  hogares.

A la madre no sólo le duelen los problemas de los hijos. También los hechos de agresión y de discriminación a los que en ocasiones pueden enfrentarse.

En la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares, las mujeres que son madres, casadas o en unión libre, reportaron haber padecido algún tipo de violencia por parte de su última pareja.

Pero no sólo encuentra la violencia en su casa. El mismo documento cita que una de cada diez mujeres de 15 de años o más, ha padecido al menos una vez la violencia en sus centros de trabajo.

A lo largo de su vida le han solicitado al menos una vez la prueba de embarazo. También es más susceptible a ser despedidas sin justificación alguna y de percibir un sueldo menor al de un trabajador varón, aun y cuando ocupen la misma posición.

En toda esta realidad, el INEGI señala que en México siete de cada diez mujeres mayores de 15 años tienen la experiencia de ser madres de familia. El indicador nos confirma de la importante presencia que tiene en la sociedad.

De su invaluable participación para la conformación de una sociedad educada y justa. De su contribución al desarrollo económico.

Debe ser su ejemplo de lucha, disciplina y amor, lo que nos mueva para no dejar de consentirlas. A instrumentar las políticas públicas que les permitan cumplir sus metas individuales que coinciden en alcanzar la felicidad de sus familias.

Es decir, al velar por el bienestar de nuestra madre, estaremos actuando por el beneficio de nuestros pueblos. Por la salud de México.

Reitero mi agradecimiento incondicional a todas las mamás de Aguascalientes y de México, a las que hay que celebrar no sólo el 10 de mayo, sino todos los días.

 


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