Maestros / Paco Guel Saldívar en LJA - LJA Aguascalientes
09/08/2022

Por Paco Guel Saldívar

“Aquellos que educan bien a los niños merecen recibir más honores que sus propios padres, porque aquellos sólo les dieron vida, ´éstos el arte de vivir bien”. Aristóteles (384 AC-322 AC).

La vocación del maestro es fundamentalmente una vocación de entrega. El maestro entrega el saber recibido de sus predecesores a los que vienen después de él; custodia el acervo heredado y garantiza su transmisión. Y, al ser lo aprendido gran parte de lo que él es hoy, está entregándose a sí mismo en su tarea educativa.

Pocas profesiones exigen más de un llamado vocacional como la de maestro, que al no plantear expectativas de obtener ninguno de los reclamos que la sociedad actual ha endiosado, como el brillo social o el enriquecimiento económico, ofrece como única recompensa inmediata la admiración y el agradecimiento de sus alumnos; y como única recompensa diferida la posibilidad de que en el futuro, lo transmitido les resulte a éstos provechoso.

Es por ello que los principales perjudicados por la proliferación de maestros sin vocación son aquellos que sí la tienen, pues ven desprestigiadas sus justas reivindicaciones profesionales y mermado el respeto que merecen por culpa de aquellos más preocupados por ambiciones personales que por el magisterio al que se deben. Pues, desde la entrada en vigor de la llamada Reforma Educativa, cuyas bondades ya expusimos hace dos semanas, algunos grupos de mal llamados maestros han venido centrando sus críticas en la puesta en marcha de las evaluaciones docentes, ya que en su opinión, dicha medida contraviene su derecho a la estabilidad laboral. Su intención es poder permanecer en los cargos sin ser evaluados, lo que por supuesto nos lleva, tristemente, a darnos cuenta de que tienen sus razones para prever que no estarán a la altura de tales pruebas.

A este respecto, a principios de este año el Primer Tribunal Colegiado en Materias Administrativa y de Trabajo del Décimo Primer Circuito estableció, a mi juicio con mucho acierto, que “el interés de la sociedad en tener una educación de calidad está por encima del derecho de los trabajadores del sistema educativo básico público a gozar de la estabilidad en el empleo, pues están de por medio los derechos de la niñez que se pretenden obtener por medio de la aplicación de las evaluaciones a dichos trabajadores”. Entre los argumentos del Tribunal destacan aquellos que hacen valer, de manera plausible, el principio de interés superior de la infancia, consagrado en el artículo 4 constitucional, así como en los tratados internacionales sobre Derechos Humanos. Pero además, debe hacerse notar que en caso de que un maestro fuera cesado de su cargo por no superar la evaluación, no contravendría propiamente su derecho a la estabilidad laboral, puesto que no se trataría de un despido arbitrario, sino que estaría justificado al no alcanzar el docente, bajo parámetros objetivos, el nivel mínimo de idoneidad en el objeto de su contrato, que no es otro que ofrecer una educación de calidad.

La educación, en particular la educación primaria y la secundaria, es fundamental para garantizar el óptimo desarrollo de los niños y las niñas. La importancia que tiene en la formación de las personas la etapa inicial de su vida, hace necesario que los agentes que se encargan de educar a los niños, niñas y adolescentes demuestren los conocimientos, las aptitudes y la disposición adecuados para la excelente calidad del servicio que ofrecen. Es por ello que la reforma promulgada por el Ejecutivo el 25 de febrero de 2013, dotando de autonomía al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, le permite ser más eficaz en su misión de evaluar a los docentes. Los resultados de las evaluaciones serán la base para que los maestros mantengan su plaza o accedan a puestos de directivos, de manera que no sólo se garantiza el derecho a una educación de calidad, sino también la transparencia en la asignación de los cargos académicos.

Por este motivo, un gran número de verdaderos maestros se posicionaron a favor de la reforma. Aquellos maestros con verdadera vocación a entregar una parte de sí mismos, su mejor parte, a cada uno de sus alumnos. Los maestros sin ambiciones materialistas que dejan huellas imborrables en los hombres y mujeres de mañana, aquellos que uno recuerda con cariño en cada situación en que descubre el verdadero significado de sus consejos, los que entienden que educar es, como dijera Platón, dar al cuerpo y al alma toda la belleza y perfección de que son capaces. Aquellos, en definitiva, que se saben capacitados para superar una prueba que otorgue legitimidad a su cargo.

A esos maestros, que aún abundan para bien de nuestro país y que deben ser distinguidos de aquellos otros que tanto daño hacen a tan noble profesión, toda mi admiración, mi respeto y mis mejores deseos en este 15 de mayo.



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