Pensiones en quiebra, gobiernos sin tregua / Martín Orozco en LJA - LJA Aguascalientes
21/02/2024

Al común de los mexicanos nos distingue la  tenacidad, el esfuerzo constante y  la determinación por conquistar las metas, trabajando de sol a sol muchas veces sin importar el cansancio, la salud y la edad.

Prácticamente todos nos conducimos creyendo que siempre tendremos trabajo; que gozaremos de  un estado físico que no se doblega con el paso del tiempo. Habrá quien suponga que el patrimonio que se construye a lo largo de su juventud le dará para transitar por una vejez digna.

Es indudable que hay casos excepcionales donde la perspectiva de la previsión aporta a no padecer carencias en la etapa jubilatoria. Pero estoy convencido que en estos tiempos de menor poder adquisitivo en el seno familiar, del salario castigado y del crédito caro, eso es prácticamente imposible.

Pero lo más grave es la indiferencia, insensibilidad y hasta irresponsabilidad histórica de quienes como autoridad no han procedido con determinación para integrar a las personas de la tercera edad al desarrollo, por lograr que su vida sea placentera y no de sufrimiento y por hacer que toda su experiencia acumulada siga aportando al progreso de México y a la satisfacción individual.

Insistentemente hemos escuchado que la población de nuestro país se encuentra en un acelerado proceso de envejecimiento, derivado de que las parejas jóvenes asumen actualmente una planificación familiar responsable.

A esa dinámica del envejecimiento poblacional no se le ha dado la seriedad debida para ofrecer todas las garantías, a quienes se convierten en adultos mayores, de que dispondrán de servicios médicos suficientes y con calidad y de que no les faltará el sustento diario.

La situación de las pensiones en México se ha tornado muy delicada por ese motivo, y también por el inadecuado manejo que se hace a los ahorros de los trabajadores, que muchas veces termina en el desvío para ser utilizado en algún proyecto gubernamental y, por qué no decirlo, en alguna práctica ligada a la corrupción.

Datos que posee la Comisión de Seguridad en el Senado de la República y que provienen de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), del Banco Interamericano de Desarrollo y del Banco  Mundial: En América Latina unas 83 millones de personas no podrán ser pensionadas ante la escasa aportación de recursos para el retiro.

Específicamente en México, el Sistema de Ahorro para el Retiro (SAR) muestra algunas debilidades que podrán impactar en la debida atención al pensionado.


Los esquemas de pensiones de los estados y la propia Federación también evidencian riesgos de colapso. El Gobierno Federal reporta que en la primera década de este siglo se tuvo un crecimiento en el número de sus atenciones en 433 por ciento, previendo que al finalizar el periodo de Enrique Peña Nieto se estarán pagando por este rubro cerca de un billón de pesos.

Un problema es también la raquítica percepción que es asignada en la mayoría de las pensiones de los mexicanos, al tasarse hasta en 42 por ciento del salario percibido al momento del retiro. Para la OCDE, lo ideal sería que se considerara el 70 por ciento del último salario.

Estamos a seis años de que se estrene la primera generación que amparará el Afore. Los mexicanos con más de 65 años de edad estarán siendo pensionados con únicamente el 30 por ciento de su último sueldo.

Quienes tuvieron su primer trabajo después de julio de 1997 y en lo sucesivo, no gozarán de una pensión como los demás, sólo se ajustarán a lo que ahorraron en su cuenta individual del Afore.

Incluso se reconoce que siete de cada diez mexicanos no cuenta con mecanismo básico de ahorro para el retiro y para los otros tres, el ahorro automático en la Afore podría no ser suficiente.

Instituciones financieras intentan capitalizar ese vacío con el ofrecimiento de planes de pensión privados, topando con la apatía de la mayoría de las empresas por no dejar tan desamparados a sus trabajadores.

Es por ello que sólo uno de cada diez empleados que cotiza ante el Seguro Social, cuenta con alguna prestación adicional para complementar su pensión durante su retiro laboral.

Estamos aún a tiempo de prevenir un problema que puede derivar en el caos financiero y social de México. También es momento de proceder por la justicia de los jubilados y pensionados, a quienes no se les ha reconocido su intervención en la construcción de este país.

Necesitamos avanzar también en una nueva cultura laboral, que no discrimine por cuestiones de edad o género, sino que se base en talentos y capacidades.

Ya lo decía el escritor André Maurois: “El arte de envejecer es el arte de conservar alguna esperanza”, y estoy seguro que la esperanza que compartimos es la de vivir bien, sin angustia alguna.


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