Quinto concierto. Obras colosales / Orquesta Sinfónica de Aguascalientes - LJA Aguascalientes
03/08/2020


El quinto concierto de la segunda temporada 2015 de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes, Obras colosales, rompe por completo con la estructura convencional de la forma en que se hace una programación, la regla no escrita nos dice que se inicia con una obertura, sigue un concierto y termina, después del intermedio, con una sinfonía. En este caso nos encontramos con sólo dos sinfonías de peso completo, dos verdaderos colosos del sinfonismo universal, en primera instancia, la Sinfonía No. 41 K. 551 en Do mayor “Júpiter” de Wolfgang Amadeus Mozart. La segunda fue la Sinfonía No.9 en Do mayor, D.944 “La Grande” de Franz Schubert. Simplemente como curiosidad diré que las dos obras que conforman este programa están escritas en la misma tonalidad, Do mayor, y siguiendo con las coincidencias, creo que vale la pena destacar el hecho de que el musicólogo austríaco Otto Erich Deutsch jugó un papel importante en las dos sinfonías que escuchamos en el quinto programa de la presente temporada. En lo que a Mozart se refiere, Erich Deutsch fue uno de los más importantes biógrafos del genio de Salzburgo. Al mismo tiempo, fue él mismo, Otto Erich Deutsch quien hizo el catálogo de la obra de Schubert, esta es la razón por la cual encontramos en todos los títulos de Schubert la letra mayúscula D, inicial de Deutsch, seguida por un número, indicando la clasificación de la obra en cuestión dentro del catálogo del compositor vienés. Bien, terminado el breviario cultural, vamos directamente al concierto.

La verdad, qué impresionantemente buen director es el maestro Zhonghui Dai, originario de la República Popular de China, su sensibilidad es casi tangible, casi sentimos que podemos estirar un poco la mano y tocarla. Su sapiencia musical, su fuerza, su dominio de la partitura es perceptible desde el momento en que se para en el escenario sobre el podio y levanta su batuta para marcar el inicio de algo que será, incuestionablemente, verdadera ambrosía para el oído.

Qué Mozart y qué Schubert nos obsequió el maestro Dai, y qué manera de responderle de parte de la orquesta, finalmente, en dónde quedaría toda la grandeza de un director si no tuviera frente a sí su instrumento musical , es decir, la orquesta, a la que le pudiera arrancar esos bellísimos sonidos. Sí, la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes se puso a la altura de las exigencias y respondió con solvencia a las necesidades de las partituras que ejecutaron y entendieron perfectamente la manera de concebir, entender y ejecutar la música del maestro Dai.

Desde el más puro y nítido clasicismo vienés, hasta el más radical y exigente romanticismo el maestro Dai supo conectarse perfectamente con el programa y hacer sonar a la orquesta de una manera impresionante.



En el caso de las dos sinfonías en Do mayor que escuchamos en el quinto concierto de temporada, el maestro Dai no se contentó simplemente con hacer una buena lectura, posiblemente con eso hubiera bastado y nadie habría exigido más, pero no, más que buscar una lectura fiel de la dos obras programadas, el maestro Dai nos propuso una verdadera interpretación, se comprometió hasta las últimas consecuencias, renunció a todo vulgar facilismo y le hizo todos los honores a su majestad la música.

El público, por fortuna, respondió a la convocatoria haciendo una muy buena entrada en el Teatro Aguascalientes, lo que sí fue molesto, es que una muy nutrida cantidad de gente llegó tarde al concierto y el acceso les fue permitido hasta que terminó el primer movimiento de la Sinfonía 40 de Mozart, el maestro Dai tuvo que esperar a que la gente entrara y se acomodara en sus localidades para poder continuar con el segundo movimiento de la Sinfonía en Do de Mozart. Otro aspecto que no deja de ser una molestia, es la insistencia de una sector del público de aplaudir entre movimientos, lo que rompe con la natural fluidez de la interpretación, esto sucedió sobre todo en la 40 de Mozart, ya para la segunda parte del concierto, creo que todos entendieron que la obra no terminaba después de cada movimiento y que era necesario esperar hasta el final para manifestar toda esa emoción que de manera natural surge al escuchar tan impresionante música.

Para la próxima semana, en el sexto concierto de temporada, tendremos un verdadero manjar, la Sinfonía No. 8 en La mayor de Anton Bruckner, El juglar de Dios, para ejecutar esta obra se requiere de un instrumento llamado tubas wagnerianas, se necesitan dos y es una especie de híbrido entre tuba y corno, además de la orquesta enorme que pide Bruckner prácticamente para cada una de sus inmensas nueve sinfonías. La cita con su majestad la música es el próximo viernes 19 de junio a las 21:00 hrs en el Teatro Aguascalientes, la casa de la Orquesta Sinfónica. Por ahí nos veremos, si Dios no dispone lo contrario.

 

rodolfo_popoca@hotmail.com

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