Opinión

Los Minions y los hijos / Bocadillo

Espérate a tener hijos, es algo que me dicen mucho unos amigos acerca de las cosas que uno puede realizar durante su veintitantos trabajando y con mucho tiempo libre. O acerca de los gastos idiotas que puedes hacer. ¿Figura decorativa del Baby Groot? ¿Unas botas Doctor Marteens? ¿Viajes constantes? Siempre y cuando no compres pañales y biberones. Sería un cliché decir que la vida siempre nos anda correteando a la siguiente etapa, ya que de niños nos urge ser un tantito más grandes, en la prepa queremos tener la libertad del universitario y como adulto joven queremos ganar tanto dinero como un veterano.

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Al cuarto de vida (pensando que vivimos cien años) fumamos, bebemos, dormimos, disfrutamos y nos lo gastamos. Seguro nuestros padres a esa edad ya tenían un par de hijos, su vida laboral resuelta [en teoría], pagaban coche y casa. Han cambiado las realidades. Vivimos una especie de adolescencia extendida donde vivimos para trabajar y gastar egoístamente. Todo esto nos lleva al estreno de Minions, la película de los submarinitos con ojos y overol que hablan igualito que los marcianos de Mars Attack. ¿Qué tiene ver la adultez millenial con esos engendros? ¡Todo!

 

Basta mirar la cartelera de cualquier Cinépolis. Hay funciones de los jodidos Minions cada quince minutos. Las salas están llenas de pequeños humanitos ruidosos preguntando a sus padres que les expliquen lo que acaban de ver en pantalla. Aunque sean los malditos Minions. Es el cine de aquellos que tienen hijos. Amistades o conocidos con niños se las ven negras para ir al cine a ver cualquier otro tipo de película, por obvias razones. Si bien en 2015 se ha aumentado el rango de edad para ser un zombi que consume todo lo que tenga que ver con Marvel, la verdad yo lo siento como una carrera contrarreloj por dos sencillas razones: 1) sí quiero tener hijos 2) no quiero ser un progenitor tan viejo. Así que disfruto mis últimos años pudiendo ver dos veces Jurassic World y gastando en estupideces como la caja de colección de The Dark Knight. Oh, y el beneficio de no tener que ver Minions en una sala llena en una sociedad obsesionada con el concepto de la familia. ¿Pues qué eso no se educa en casa, los valores y ese rollo?

 

Escuchaba un podcast el otro día donde se comentaba que todo lo mainstream hoy en día es una versión diluida de algo más. En música, por ejemplo, el sonido de Foster the People es una bastardización de los ecos de The Drums. En cine, los Minions se apropian del típico humor de pastelazo y rebajan como Fanta en catsup, el encanto de las comedias de medianoche para marihuanos que podemos ver en Adult Swim (sí, esa donde la malteada habla). Todo esto es por querer realizar productos para el más bajo denominador, cosa que en negocio debe resultar maravillosa pero tenemos en consecuencia resultados bastante mediocres, donde todos quieren clonar aquello que ya tuvo éxito. Recordemos que los genios de Pixar ya habían hecho antes a los Minions. ¡Eran los marcianitos de Toy Story! ¿Tenían que aprovecharlos? No lo creo, en el estudio mejor prefirieron jugar con bichos, super héroes y coches con ojos, en lugar de sobre explotar a los personajes más unidimensionales de su franquicia estrella. Ya en 2015, no dudemos que Fox, Dreamworks y Sony traten de producir patéticamente su versión más diluida de las odiosas mascotas en forma de salchichón amarillo.

 

 

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The Author

Francisco Trejo Corona

Francisco Trejo Corona

Todas-las-cosas-digital en La Jornada Aguascalientes. Editor de /AUTONOMÍA. || @masterq en Twitter

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