Opinión

¿No que se habían muerto los blogs? / País de maravillas

Tengo un blog desde 2002. Para quienes no estén familiarizados con el término, un blog es un sitio web que se actualiza con frecuencia y que recopila cronológicamente los textos, a menudo breves, de un autor o autores. Yo abrí mi blog cuando empezaban a surgir servidores especializados en este tipo de páginas web, causando auténtico furor entre los internautas que no podían creer que tener un sitio web propio fuera tan simple como mandar un email (aunque sean menos de quince años hablo de un pasado remoto, sin Twitter ni Facebook, en el que, hasta antes de los blogs, crear una página web personal requería de tiempo, dedicación y cierto conocimiento de programación). En ese entonces había una comunidad bloguera fuerte, interconectada. Parte de la etiqueta bloguera consistía en leer los blogs amigos y dejar algún comentario; y parte fundamental del diseño del blog era el espacio para las ligas a otras bitácoras. Pero luego, como suele pasar con todas las modas, la efervescencia perdió burbujas y la escena bloguera se convirtió en un pueblo fantasma: muchos blogs desaparecieron, otros fueron hackeados, hubo servidores que se cerraron y la gran mayoría de los sobrevivientes dejaron de ser actualizados con frecuencia. Al final, sólo uno que otro blog de aquella generación quedó por ahí, negándose a morir del todo.

Los blogs han muerto, nos dijeron. Y, tontos de nosotros, lo creímos. Al menos yo me lo creí por un buen tiempo. Hasta que el año pasado me invitaron a ser jurado de un concurso de blogs literarios: bitácoras electrónicas como las de mis tiempos, pero dedicadas específicamente a comentar libros. ¡Qué sorpresa me llevé! Resulta que, en los últimos años, se había dado un revival de los blogs y yo ni en cuenta. Y que, más maravilloso aún, había una comunidad de blogueros amantes de los libros. Y, todavía más, en su mayoría eran lo suficientemente jóvenes para hacerme sentir bastante vieja, je. No, lo de sentirme vieja no es en sí misma una sensación grata; pero ya que lo piensa uno es motivo de alegría: ¿no que los adolescentes no leen? ¿Y entonces qué son todos estos, bots? Pues no: son chavos y chavas de carne y hueso (y su pedazo de pescuezo, como decía mi abuelita) que sienten tal entusiasmo por los libros que leen que dedican parte de su tiempo a chulear un sitio web y compartir sus impresiones sobre sus lecturas.

Y lo mejor de todo es que no son pocos ni se mueven nada más por el interés en los concursos: este sábado tuve una nueva ocasión de ver la excelente salud de la gozan estas páginas y la comunidad que las rodea, gracias a que fui invitada a cotorrear con alrededor de cien chavos y chavas, entre autores y lectores de blogs literarios. El evento fue la Cuarta Quedada Bloguera Literaria, organizado en la sede de Ibby México por los propios blogueros, entre los que un puñado de lectoras ávidas e inquietísimas (y también algún lector ávido e inquieto, pero sobre todo eran mujeres) se echó encima el reto de coordinar el numerito, que incluyó, entre otras cosas, pláticas con autores, presencia de editoriales, rifas e intercambios de libros. A mí, la verdad, me emocionó por varias razones. Primero que nada, porque ver reunidos a tantos lectores y lectoras que se toman en serio su pasión por los libros es refrescante. Segundo, porque además la experiencia echa por tierra los mitos de “en México los jóvenes no leen”, “En México los jóvenes son cínicos y apáticos”, “En México los jóvenes están perdidos y necesitan quién les diga qué leer y qué hacer”. Seguro habrá muchos casos en los que sea cierto, pero yo vi con mis propios casos cien casos que lo contradicen: chicos y chicas de diversas zonas del país que viajaron a Ciudad de México con el sólo propósito de encontrarse con almas afines; gente como Humberto, que a sus catorce años ya sabe perfectamente qué libros le gustan y por qué; o como Aruka, que además de leer con avidez se enfrenta al reto de empezar su primera novela. O como Yesenia y su pandilla de organizadores, que llevan cuatro años organizando estos encuentros por el puro gusto. Me encantaría citar a todos por nombre, pero creo que, más importante, es decir que estas cosas ocurren aquí y ahora. Algún cínico dirá que cien jóvenes son nada entre los millones que hay en el país, pero para mí son más que suficientes para no generalizar: antes de caer en la tentación de decir “los jóvenes mexicanos… loquesea”, busquemos en google “blog literario México” y pensemos dos veces. Ah, y por supuesto: todo esto también me emociona como antigua bloguera: saber que las bitácoras no están muertas es muy grato. Qué he de hacer: voy ahora mismo a actualizar mi blog. Nos leemos la semana entrante.

 

Raquel Castro tiene un blog en raxxie.com y promete actualizarlo con más frecuencia a partir de hoy.

 

The Author

Raquel Castro

Raquel Castro

2 Comments

  1. 28/07/2015 at 17:37 — Responder

    Encantador… Conocerle y estar leyendo esta columna 🙂

    ¡Larga vida a los blogs! <3

  2. 28/07/2015 at 19:26 — Responder

    ¡Qué hermosas palabras y qué gusto poder conocerte! 😀
    Saludos y abrazos 😀

¡Participa!