PingPongo / Hombres (y mujeres) que no tuvieron monumento - LJA Aguascalientes
31/01/2023

Toda asociación que se precie, como cualquier país, debe tener un himno. Y el PingPongo lo tiene. “La vida es superar obstáculos, / ¡Ay si lo sabré yo! / En este deporte vernáculo / Quiero ser ganador / La habilidad y el azar / En su proporción más justa; / Todos lo quieren jugar, / De un polo al otro les gusta. / PingPongo, Ping Pong con Obstáculos / Que el mundo juegue / PingPongo PingPongo PingPongo / De Buenos Aires al Congo / ¿Sabes lo que es el PingPongo? / ¡Es todo lo que no es Ping Pong!”.

El Ping Pong con Obstáculos, que nació hace unos años en Argentina y no tan lentamente se ha ido extendiendo por el mundo, es un deporte que se abre a múltiples posibilidades de juego, de modificatorias, de invenciones y variantes. Según sus creadores, la Aappo (Asociación Argentina de Ping Pong con Obstáculos), este deporte, que participó este año por primera vez en la Olimpiada de Deportes Extraños, fomenta la creatividad y la autogestión, abriendo su práctica al amateurismo y la cotidianeidad, pudiendo enmarcarse cada modalidad dentro de los márgenes conceptuales de “Ping Pong con Obstáculos”.

Y el PingPongo, como todo deporte que se precie, tiene reglas de lo que no se puede hacer, resumidas en tres: no fumar en el lugar donde se celebra el partido, no comer y beber en las mesas en las que se juega y no romper cosas. Todo lo demás está permitido aunque, y en eso se diferencia de otros deportes, propone también una lista de acciones que están mal vistas, aunque sean lícitas. Entre ellas destacan ganar once a cero, no pedir perdón después de un toque en la red que te favoreció, venir con brazalete nazi sea irónicamente o no, enojarse, atender el celular durante el partido, parar el partido para atender un celular, sea propio o extraño, pedir ayuda a Dios más de tres veces durante cada partido y, lo más importante, criticar al PingPongo.

El PingPongo, que fomenta la creatividad no sólo en la teoría, propone unas cuantas variantes del juego, a cual más desternillante pero dentro de su reglamento contempla que “las variantes son combinables. Todas aquellas que puedan crearse a efectos de nuevos torneos o partidos, entran dentro de Ping Pong con Obstáculos”.

La básica, la más sencilla, es la que recibe el nombre de variante conservadora que otorga la posibilidad de colocar tres objetos en el campo contrario al inicio del juego. Para esta variante se recomienda la utilización de paletas de Ping Pong, “pero puede ser cualquier objeto, previo consenso. En lo posible, no muy grandes y con cierta chatura”. Y, como en la política, lo conservador puede llevar a lo autoritario. De ahí la variante burocrático-autoritaria. En esta variación, la colocación del objeto está definida de una vez y para siempre por reglamento y los jugadores no eligen la misma ni pueden modificarla durante el partido.

En Noruega, uno de los países que después de Argentina tiene mayor número de practicantes de este deporte, la variante más arraigada es la que se conoce como la salada en la que el campo se cubre de sal gruesa llevando a rebotes inesperados y desvíos incontrolables. La dispersión de sal se hará en partes iguales para cada lado de la mesa al comienzo del campeonato, pudiéndose hacer un refill cuando el supervisor Aappo del torneo lo crea “conveniente o divertido”. Otra de las propuestas es la variante lacustre que propone la creación de un mini lago en el campo rival, que puede ser bien en mesas diseñadas a tal efecto o, simplemente, vertiendo agua en el campo del contrario. Las otras ofertas de líquido que propone el reglamento para esta variante (“salsa de tomate, bebida cola, sopa caliente, yogur líquido”) permite aprovechar las propiedades de los mismos y su transformación en el tiempo, lo que hace que el campo de juego en cierto sentido tome vida, haciendo del PingPongo un juego, literalmente, vital.

Y si hay una variante básica también hay una vásica; es decir, la que usa un vaso. Meterla en el vaso durante el partido da triple puntaje. En otras variantes, siempre pactadas de antemano, meterla en el vaso significa victoria inmediata. Y la variante vásica tiene a su vez otra variante en la que cada jugador puede usar un vaso de agua durante el partido y “su uso es a elección del jugador. Puede verterse parte del contenido en un sector de la cancha, tomarlo, tirarle el agua al rival, hacer buches y escupir la jugada mientras se juega, etc”.

Pero como en la vida no todos los obstáculos van a ser materiales, por ello se propone la variante abstracta, en la que no hay mesa reglamentaria, ni red, ni paletas, ni pelotas. Como ejemplo el reglamento propone que “puede jugarse en una mesa de comedor con una hilera de ladrillos dividiendo la cancha, dos zapatos como paletas y una pelota saltarina como pelota”. O la intelectualísima variante de respuestas y respuestas en la que se da al incio del partido un tema, que debe ser una serie, países del mundo, idiomas, científicos, poetas, y con cada golpe que dé el jugador debe dar un ejemplo de esa serie. Siempre legal, el reglamento aconseja dos árbitros, uno para el partido, el otro para las respuestas.

A la imaginación queda como son la variante ping golf, la variante ping voley, la variante 3D, la variante mutante, la variante ping pong simultáneo, la variante paddle pong, la variante mini o la borgiana variante de sustituciones infinitas.


El PingPongo es un deporte, que como sus fundadores proponen, “medio liberal con algunas cosas, comparado con otros deportes. Creemos que cada uno puede preparar su cuerpo como mejor le parezca para la contienda, sin necesidad de realizar un control (…) Burocrático nerd: Nos gusta armar rankings y campeonatos con Excel y compartirlos en el Google Drive, con todo perfectamente establecido”. Porque todo lo que no es Ping Pong, es PingPongo.

 


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