¡A comer! / País de maravillas - LJA Aguascalientes
24/07/2024

La semana pasada, que escribí sobre libros para niños muy pequeños (que requieren de un accesorio: un adulto que los lea en voz alta y dirija la experiencia), recibí un mail de una amiga que tiene una hija de cuatro años. Oye, me decía, yo traté de leerle a mi hijo un libro infantil que me gusta mucho, pero no le interesó. ¿Lo estaré haciendo mal? Le pregunté cuál era el libro y me dijo. Y no estaba mal: era un libro de aventuras, muy interesante y entretenido… para un niño de diez, doce años. Se lo dije a mi amiga y me comentó que sabía que era un poco complicado, pero que por eso ella se lo actuaba: hacía diferentes voces para cada personaje, muchas expresiones faciales, e incluso sustituía palabras difíciles por otras más familiares para su hijita.

Todo eso está muy bien, claro. El problema es que no se trata sólo de eso: los niños y niñas más peques prefieren historias más sencillas, con pocos personajes y con protagonistas con los que se puedan identificar: otros niños y niñas, quizá animalitos… Les gustan mucho, también, los libros con ilustraciones reconocibles y colores brillantes. Pero es que esos libros son muy aburridos, me dijo mi amiga. No cuentan nada, nada más tienen un dibujo de un pato, la palabra pato; un dibujo de una fresa, la palabra rojo; un dibujo de una rana, la palabra croac.

Y bueno, sí, hay libros de esos. Y conste que esos libros no están mal para enseñar algunas palabras a los niños y niñas, ¿eh? Pero no son los únicos que existen. Busca a Satoshi Kitamura, le sugerí a mi amiga. Ella me respondió un mensaje con muchos signos de interrogación, así que le expliqué lo que ahora les voy a compartir a ustedes.

Satoshi Kitamura es japonés, pero vive en Inglaterra. Empezó su trabajo como ilustrador de la obra de otros, pero también es autor de sus propias historias. Sus dibujos son en apariencia muy simples, pero tienen una elocuencia muy grande, lo que genera rápidamente la empatía con los lectores más pequeños.

Ahí vas con tus cosas, me respondió mi amiga. Seguro son libros en inglés (¿o en japonés?) y carísimos. O de esos libros de arte que te encantan pero que siente uno que se le rompe el corazón cuando el niño los muerde o los mete en el plato de cereal… Pues no, le respondí y les digo a ustedes: tenemos la suerte de que el Fondo de Cultura Económica ha publicado varios de los libros de Kitamura en ediciones muy hermosas pero también muy accesibles al bolsillo. A mí me encanta que son libros de un tamaño adecuado para que los manejen con comodidad los niños y niñas, pero también para guardarlos en la mochila o en la pañalera, además de que son de páginas gruesas y plastificadas, así que no pasa nada si caen en el plato de cereal o les vomitan tantito encima. Esto es importante porque una vez que les lee uno a los chiquitines una de estas historias es muy probable que se vuelva uno de sus objetos favoritos, de esos que se lleva a la guardería o a la mesa del comedor o a la cuna a dormir. Y no es para menos: se trata de historias muy, muy sencillas, donde los protagonistas suelen ser animalitos muy tiernos (mi favorito, y el de muchos, es un gato; pero también hay un perro, un león, un cuervo, una ardilla …).

Justo ahora, mientras escribo esto, tengo a mi lado mi ejemplar de ¡A comer!, y, no les miento, lo he hojeado cuatro o cinco veces, siempre con una sonrisa en la boca. Este libro en particular combina dos tipos de ilustración: la tradicional de Kitamura, que ya les describía yo hace un momento (de trazos sencillos y colores vivos) con otra más “realista” y detallada. En la primera, la historia nos presenta a un perro que, desde un campo verde, olfatea hacia las casas lejanas. En la segunda vemos lo que el perro huele: pan, sopa, pizzas. Al final, el perro va a su casa y le sirven su lata. Tantán. Y no tantán: el texto es brevísimo, apenas un renglón cada dos páginas, pero se presta a señalar cada dibujo y decir qué pan es, o de qué es la pizza, o qué otros alimentos reconoce el niño o la niña; también abre paso a preguntar qué comida le gusta y por qué, o para imaginar qué otros olores deliciosos podría haber identificado el perrito protagonista…

Quisiera escribirles más sobre Kitamura, en particular sobre un libro para niños un poco más grandes, ¿Yo y mi gato?; pero creo que tendrá que esperar: por una parte se nos acaba el espacio y, por otra, ya me dio hambre… Mientras yo voy a comer algo, insisto: si no conocen a Kitamura, búsquenlo, sobre todo si tienen pequeñitos en casa. Y luego me cuentan qué tal les fue.

 



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