Día Internacional de los Pueblos Indígenas, nada que celebrar - LJA Aguascalientes
23/01/2022

  • En la plaza Fundadores se celebraron bailes y ritos tradicionales con wixárikas, tarahumaras y aztecas
  • La discriminación es el principal obstáculo que enfrentan los pueblos indígenas en todo el mundo

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) estableció el 9 de agosto como el Día Internacional de los Pueblos Indígenas; en todo el mundo se realizaron diversas actividades en torno a su atención y desarrollo de políticas públicas en su favor, especialmente en el tema de salud y bienestar de sus pueblos. En Aguascalientes, la Plaza Fundadores fue sede de esta conmemoración con la asistencia de tres representantes principales de los pueblos wixárikas, tarahumaras y aztecas, quienes compartieron cantos y danzas tradicionales, así como rituales de purificación.

De acuerdo con la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, México cuenta con 68 pueblos indígenas, los cuales representan casi once millones 132 mil 562 habitantes distribuidos en todo el territorio mexicano. La comunidad más grande es la maya con 1.5 millones de integrantes; mientras que la menor es la ayapaneca con sólo 57 miembros.

La Declaración 2015 de la ONU en el festejo, centra su atención en el ámbito de la salud y el bienestar de los pueblos indígenas del mundo al enfatizar en el derecho que tienen a las prácticas sanitarias y acceso a todos los servicios sociales y de salud, sin embargo, históricamente países como Estados Unidos, México y algunos de Sudamérica son los de mayor discriminación hacia los pueblos indígenas, considerándolos “indios”, “delincuentes”, “flojos”, “nacos”, “sucios”, entre otros adjetivos.

En Aguascalientes no se tiene un número muy amplio de comunidades indígenas como las tiene Oaxaca o Michoacán, pero cuenta con algunos representantes que, en su búsqueda por una vida digna, quedaron atrapados en la entidad con la esperanza de vivir de sus artesanías sin necesidad de continuar con la vida de nómadas que tradicionalmente se les enseñó.

Utsiekame es un hombre wixárika de aproximadamente 50 años, padre de siete hijos y cabeza de su grupo, él ha viajado durante 20 años por Nayarit, Jalisco, Aguascalientes, Guanajuato, Cuernavaca y Monterrey como parte de su cultura, de conocer y vivir el México que la madre tierra les ofreció, pero lamenta que en todos lados haya recibido una respuesta discriminatoria, tanto de los gobiernos como de las sociedades.

Al avanzar su edad y no contar con los recursos suficientes para viajar con su familia, decidió establecerse en Aguascalientes desde hace menos de un año, gracias a la integración del grupo Colibrí, en donde pueden dormir y comer humildemente.

“Yo he migrado de un lado a otro y pues la situación sí está bien difícil, los gobiernos en lugar de ayudarnos para que podamos trabajar bien, nos meten la pata para todo”, señaló con un español poco trabajado y una mirada firme, molesta y tajante. Confesó que en el tiempo de vivir en la entidad ha sido víctima de múltiples abusos por las autoridades municipales, al no contar con un permiso para comercializar sus artesanías.

“Es que entiendan, nosotros no venimos a robar, eso es lo que no entienden, nosotros queremos vivir, trabajar y seguir en nuestro México”, reclamó que a algunos de sus compañeros se les fue arrebatado un gran paquete de artesanías, sólo por estar parados en la plaza en busca de vender algo para llevar alimento a sus familias.

Al igual que muchos otros wixárikas, Utsiekame reconoce no haber tenido orientación para la vida (refiriéndose a educación sexual), lo que refleja un nacimiento sin control de hijos a los cuales no se le puede dar una vida plenamente digna al ser doblemente discriminados en las calles, centros comerciales, tiendas, hasta en las propias instituciones educativas, “es difícil mantener a siete niños, no me quejo porque yo los quiero, pero sí digo que me dejen trabajar”, compartió que el más pequeño de sus hijos tuvo fuertes problemas de salud, “fue bien difícil lo que pasamos porque nadie me lo quería atender y yo qué diantres voy a saber de medicina”, ahora Aiurame (que significa crecimiento de nubes) tiene siete años y cursa el primer año de primaria en una institución pública.

A pesar de las descalificaciones que pudiera tener en la escuela, este wixárika asegura que jamás permitirá que sus hijos se alejen de su tradición, por lo que a todos se les ha enseñado su lengua madre y un poco de español.

Junto a su esposa, busca todos los días vender su artesanía en las diferentes áreas de la capital y municipios aledaños cuando hay festividades donde se sabe habrá muchos turistas que puedan comprar sus productos. “Nosotros no recibimos ayuda de nadie, el gobierno siempre dice que ayuda pero nada más jode, a veces nos dan que despensas pero yo quiero trabajar, no regalos”, en conjunto con su grupo de comunidad han exigido en varias ocasiones el que se les permita vender un poco para recuperarse y después poder pagar los permisos, pues reconocen que hay una ley en la zona urbana que hay que respetar.

“Yo quiero mandar saludo de todos los wixárikas a la demás gente a que conozcan nuestra cultura, no nos discriminen no somos rateros ni delincuentes, somos artesanos que queremos trabajar”, concluyó Armando (como lo llaman en español).


 


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