Opinión

Mundo I-religioso, emancipado / Opciones y decisiones

No pude resistirme a la sugerente provocación de Germán Castro, colaborador y colega de estas páginas de opinión, que ha venido desenvolviendo en sus últimas entregas, y cuyo sujeto temático es el de la negación de dios como referente necesario para explicar la aparición del universo y/o para orquestar el destino humano. A lomo de pocas palabras, nos presenta unas provocadoras reflexiones acerca de la inutilidad o futilidad de la religión para explicar la realidad a secas, sea materia, sea espíritu.

Una tal propuesta, por cierto muy bien cimentada en tesis, teorías y opiniones de prestigiados o famosos protagonistas de diferentes esferas del pensamiento, la investigación científica o la literatura que han abordado este, al parecer inacabable tema del fenómeno religioso, es incisivamente provocadora a la ulterior reflexión, ya sea para asimilarla como un avance del pensamiento que ofrece una razonable forma de conceptualización explicativa de nuestra presencia inteligente en el Universo, y declara la muerte del mito de los orígenes como fundamento gnoseológico; o bien, para descartarla como un atrevimiento crítico-noético incapaz de convencernos de optar por la sensación del salto al abismo que implica la opción por la irreligiosidad práctica, el ateísmo de a deveras militante, la radical inmanencia material del Universo captado en sus tres fases insuperables de a) fortuita aparición de la Energía en el espacio/tiempo, b) evolución y c) involución o entropía definitiva; para luego… cumplir otro nuevo ciclo de Big-Bang de la materia/antimateria en expansión, freno, regresión, involución, cesación, y sí, de vuelta al ciclo del eterno retorno; por aquello del principio de la energía, que no se crea ni se destruye, sino sólo se transforma.

Digo pues, que una tal provocación es sin duda un motivo sugerente para opinar. Y no me resisto porque tal discursiva incide de cerca y de junto sobre todo un cúmulo de valores, creencias y “fe-s” sobre las que se funda nada menos que el núcleo duro, negro, gravitacional de las ideologías dominantes en nuestro mundo actual. Así sean explicaciones atávicas de la evolución de la humanidad en su literal deambular por este barrio material del espacio/tiempo Universal. Del que, por cierto, hoy mismo y gracias al feliz “avistamiento” del bosón de Higgs, los científicos pueden explicar los fundamentos de la mecánica cuántica universal que hacen posible que la energía devenga en masa y sea manifestación de la materia, sin necesidad alguna de algún interventor o un creador “ex nihilo” que separe la luz de las tinieblas y modele al hombre y a la mujer con polvo de las estrellas.



Valga una breve digresión. Ocurre que “esta nueva partícula tiene 134 veces la masa del protón y es un bosón (partícula portadora de fuerza), el más pesado observado hasta ahora. En este tiempo se han realizado estudios cada vez más detallados de los modos en que se produce el bosón de Higgs en el LHC (Large Hadron Collider/Gran Colisionador de Hadrones) y se desintegra en otras partículas conocidas más ligeras. Aproximadamente, solo en una de cada billón de colisiones del LHC se puede llegar a producir un bosón de Higgs” (Fuente: https://www.i-cpan.es/boson-higgs.php); bajo control del Conseil Européen pour la Recherche Nucléaire/ Consejo Europeo para la Investigación Nuclear. (…) -“Es la partícula asociada al llamado campo de Higgs, especie de continuo que se extiende por el espacio formado por incontables bosones de Higgs. La masa de las partículas estaría causada por una “fricción” con el campo de Higgs: las partículas con una mayor fricción con este campo tienen una masa mayor” (Ibidem). La explicación basada en el campo de fuerza y su bosón asociado se postuló en los años 60 por un grupo de físicos entre los que se encontraban el británico Peter Higgs y el belga François Englert.

Estos hallazgos científicos y la voz excepcional del teórico astrofísico Stephen Hawking están a la base de la tesis según la cual: “Creo en la explicación más simple: dios no existe. Nadie creó el universo y nadie dirige nuestro destino”. Declaración que llevaría a hacer otra elocuente y similar inferencia del doctor Steven Weinberg (1933), destacado científico estadounidense y Premio Nobel de Física (1979), en los siguientes términos: “La religión es un insulto a la dignidad humana. Con o sin religión siempre habrá buena gente haciendo cosas buenas y mala gente haciendo cosas malas. Pero para que la buena gente haga cosas malas hace falta la religión”, Germán Castro, (Lja. El rey desnudo / A lomo de palabra, 09/08/2015). Laureado científico quien también se hizo acreedor al Emperor Has No Clothes Award en 1999, reconocimiento que otorga la Freedom from Religion Foundation (FFRF) cuya pretensión es celebrar a las figuras públicas que se atreven a hablar abiertamente de los prejuicios que acarrea a la humanidad el pensamiento religioso. Dicha estatuilla tiene origen en el famoso cuento de Hans Christian Andersen (1805-1875), publicado originalmente en 1837 –bajo el título Kejserens nyi Klæder, en danés-, El traje nuevo del emperador. Datos que explica perfectamente y abunda en referencias históricas similares nuestro autor de referencia.

Como secuela de este premio, nuestro amigo Germán C. refiere el otorgado en 2004, por la Freedom from Religion Foundation, al doctor canadiense Steven Arthur Pinker (Montreal, 1954), quien estudió psicología en la universidad pública de McGill, en su ciudad natal, y luego se doctoró en la Universidad de Harvard (psicología experimental), incursionó varios años en el Departamento de Cerebro y Ciencias Cognitivas del MIT, institución en la que también dirigió el Centro de Neurociencia Cognitiva. A partir de 2003 se incorporó al cuerpo docente de la Universidad de Harvard. Prendas intelectuales y científicas que denotan su opinión, al recibir el premio y ofrecer su conferencia: The Evolutionary Psychology of Religion, en la cual, entendiendo las creencias religiosas como un fenómeno presente en todas las culturas, “intenta explicarlas en tanto una respuesta biológica… ¿Será que no admitir que el rey anda desnudo tiene una función en tanto mecanismo de adaptación?”. Explicación sobre la que abunda nuestro autor Germán, en su siguiente entrega Homo credulus / A lomo de palabra. (Lja.| 16/08/2015).

Siguiendo la narrativa de Pinker, nos refiere: “Igual, quizá, efectivamente existe un ser eterno, omnipresente, omnipotente, invisible, dispensador de castigos y milagros, y para mantenernos en una adecuada relación simbiótica con Él hemos desarrollado una especie de módulo divino que nos impele a creer en su existencia y a actuar en consecuencia, por encima y a pesar de cualquier evidencia en contra. Si se asume el anterior planteamiento como una hipótesis, se desprende, argumenta Pinker, que los milagros deberían ser observables, el éxito en la vida proporcional a la virtud como el sufrimiento al pecado. Tal vez nadie tenga a mano una batería de estadísticas que lo prueben, pero resulta tentador sostener que sobran pruebas de que el mundo no funciona así.

Hasta aquí, se contrasta el dicho contra los hechos; una es la pretensión, pero otra es la manifestación fenomenológica. La religión no enaltece al hombre, sino lo envilece al sacar de sí mismo los peores comportamientos humanos. Por ejemplo, se compromete pureza y virginidad, pero se constatan actos libidinosos, violación, abuso sexual y hasta pederastia. Se predica justicia e igualdad, pero se opta por el despojo vil, la desigual distribución de bienes y aun la justificación de la esclavitud y explotación salarial. La religión lejos de ser un factor emancipador y libertador, es un instrumento represor, discriminante y enajenante. Ergo, la religión es un discurso inútil que evade la realidad histórica, contra toda patencia de verdad. Hasta este punto tenemos la mera presentación del argumento antirreligioso, mediante una narrativa antisémica, es decir, contra-significante. La religión pretende explicar la presencia del Universo, desde un principio creador, personificado en una entidad llamada dios; esta personificación de una idea o concepto supremo, no soporta el análisis sociolingüístico de argumentos tautológicos, que se definen a sí mismos por fuerza de sí mismos. Dejaré abierta y pendiente mi respuesta a este tipo argumental, por obvias razones de tiempo y espacio columnístico. Solamente adelantaré que sin caer en argumentaciones fundadas en falacias, voy a explorar las posibilidades del propio método científico. Hasta la próxima.

franvier2013@gmail.com

 

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Francisco Javier Chávez Santillán

Francisco Javier Chávez Santillán

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