Opinión

Sobremortalidad masculina en jóvenes / Piel curtida

Hombres que crean que el feminismo y la Perspectiva de Género no les incumben deben detenerse un poco a pensar sobre sí, sobre su vida. Hace poco pasé por una crisis identitaria. No tengo una voz ronca, no reacciono con violencia, soy muy sentimental y ante conflictos prefiero el consenso a las confrontaciones y señalamientos, en suma no cumplo con los elementos que se han impuesto a los hombres y cuando alguien mencionaba que era muy noble pensaba a mis adentros: por no decir pendejo. Además de la violencia estructural contras las mujeres que las ha colocado en vulnerabilidad, los hombres también están sometidos a exigencias que de no cumplirse son violentados por otros o por sí mismos de diferentes formas; sí, están en posiciones privilegiadas pero con altos costos que deben cuestionarse para reeducar y formar a nuevas generaciones más libres y dignas. Recuerdo un video en internet que se hizo viral en el cual le preguntaban a niños sobre qué es ser hombre, y algunos respondían que ser violento era parte de ello, aunque manifestaban no estar de acuerdo.

De acuerdo al reciente comunicado del INEGI sobre el Día Internacional de la Juventud, se identifica que por cada cien mujeres fallecen 316 hombres; hasta aquí podríamos pensar que se trata de una diferenciación biológica que los hace proclives a malestares físicos. Sin embargo, las principales causas de muerte de varones se deben a agresiones, accidentes de transporte y lesiones autoinfligidas. La mortalidad masculina por agresiones (28.7%) supera por más del doble a la presentada en mujeres (11.2%); por accidentes viales es 6.9 puntos porcentuales más que el 10.3% presentado en personas del sexo femenino; y finalmente por lesiones autoinfligidas se identificó una ligera variación de 7.2% en varones y 6.2% en mujeres. Pero ¿de qué nos habla esta sobremortalidad masculina? Aunque con cierto tacto podríamos retomar del imaginario del común que los jóvenes son vulnerables a muertes trágicas por irresponsabilidad, es sorprendente la variación en la mortalidad de este tipo, en especial a causa de agresiones.

Si a un niño se le educa a reaccionar con violencia a diferentes situaciones, podemos entender que será latente el riesgo de sufrir daños corporales. Sólo reflexionemos frases como “si te pega, le pegas más duro”, “no te dejes, pártele su madre” -disculpe el lenguaje sexista–, por mencionar algunos ejemplos. Lo ideal sería la protección, como se indica en cursos de autodefensa: haga lo indispensable para ponerse a salvo, lejos del agresor. Pero en ocasiones los jóvenes en ambientes de violencia estructural y simbólica por cuestiones de Género o hacen frente o terminarán siendo señalados por ser un fracaso de la virilidad. ¿Recuerda la escena cliché de un grupo de estudiantes gritando “¡pelea, pelea, pelea!”?

Por otra parte están los accidentes, no sólo viales, y las autolesiones por y a causa de “los cuates”, por ejemplo el apagar cigarrillos sobre la piel, hacerse escarificaciones, no usar cinturones de seguridad, cascos, líneas de vida y anticaidas, etc. Todo con tal de que no digan luego…

Si bien es cierto que el feminismo y la Perspectiva de Género surgen como elementos para evidenciar, visibilizar y atender problemáticas a causa de la posición en desventaja, de violencia y vulnerabilidad a la que se enfrentan las mujeres, también es cierto que se deben realizar acciones desde diferentes sectores para abonar a una concienciación sobre las masculinidades, sobre cómo las normas del deber ser hombre también atañen, afectan y violentan a los hombres.

Los problemas derivados del sistema sexo-género no sólo dañan a las mujeres, o a las personas con una orientación y/o identidad sexual disidente de la heteronormatividad, sino que también agreden a toda persona que llegue a cuestionar o no asumir los designios de los cánones de la división sexual. A pesar de que las disposiciones del deber ser hombre y el deber ser mujer varían de un contexto a otro, de una cultura a otra, existen elementos transversales que atañen de manera generalizada, como la violencia y la proveeduría para los varones, así como la maternidad y la subordinación para las personas de sexo femenino. He escuchado decir a algunas personas que cada uno debe hacer su lucha y sólo ser voz de lo que le compete y afecta, pero, ¿acaso la violencia por cuestiones de Género no nos amenaza a cada una y cada uno de nosotros? Tal vez a algunas en mayor medida que a otros, pero sólo será posible una nueva educación si somos conscientes y no consentimos las exigencias y expectativas de una identidad que puede dañar.

montoya.acevez@gmail.com

Twitter: @m_acevez

 

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Juan Luis Montoya Acevez

Juan Luis Montoya Acevez

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