Cartel Land / Cinefilia con derecho - LJA Aguascalientes
14/04/2024

En verdad me impresionó el documental de Matthew Heineman, impactante, por la cercanía a que llegó con todos los actores, filmada desde todos los frentes en primera línea, lo mismo vemos a las autodefensas y los narcos de Michoacán, que a un grupo de norteamericanos en Arizona armados hasta los dientes y que según ellos se defienden de los cárteles. Un trabajo cinematográfica y socialmente bastante interesante, fue estrenado en Estados Unidos en junio, en México como suele pasar con esta clase de trabajos, la exhibición en cines comerciales fue pobre, prácticamente dado a conocer a través de la gira de Ambulante, sin embargo, se puede obtener en muchos sitios de internet, en lo personal lo pude ver en gnula (http://goo.gl/mQsWsy ). Cosechó varios premios en el Sundance y es fuerte referencia que su productora ejecutiva, Kathryn Bigelow, fue directora de la cinta aclamada The Hurt Locker (2008).

Los gringos: pero que después descubrimos que también se defienden de los indocumentados; es más, cuando escuchamos la entrevista a un gringo loco que sufrió abuso infantil y abusó de drogas y alcohol, no podemos dejar de pensar que son rambos buscando un enemigo, ese gusto desenfrenado de nuestros vecinos por las armas y por pelear. Tan patéticos en su presunta lucha contra el narco lo único que atrapan es a un grupo de indocumentados a los que acusan de ser centinelas, pero que por el porte sospechamos en realidad son auténticos indocumentados que buscan el sueño norteamericano.

Los narcos: durante la narración vemos que los documentalistas en verdad se arriesgaron, con entrevistas tanto a los cocineros que afirman fueron asesorados por un americano (acordarnos de Breaking bad es obligado), como autodefensas, todos con una misma característica: no les vemos lujos, sólo armas, pobreza y dolor, pareciera que los verdaderos ganadores de las riquezas que produce ese lucrativo negocio, se encuentran lejos de toda la inmundicia que provoca el tráfico de estupefacientes, así lo insinúa uno de los cocineros. Es un negocio que no se puede detener, afirma un narco que, con pasamontañas, porta el uniforme de las legalizadas fuerzas rurales, ellos (como productores) mantienen un perfil bajo, incluso aportan recursos a las autodefensas.

Las autodefensas: la visión del director también nos deja con el corazón frío, sobre todo cuando las autodefensas allanan casas, toman sin mayor proceso jurídico prisioneros presuntamente de los caballeros templarios, y da miedo pensar que se ordena ajusticiar a alguien; sobre todo porque en el documental escuchamos las instrucciones, oímos los gritos de los torturados. Y no se me acuse de atacar a las autodefensas, sólo que entre un autodefensa que entró a una casa y tomó “lo que les correspondía” (lo afirma uno en una entrevista) o ajustició y un templario que robó y asesinó, no veo mucha diferencia ni jurídica ni ética. Tratando de criticar a todos los involucrados, el autor destina varios minutos a una asamblea donde el pueblo le reclama airadamente a papá Pitufo por lo abusos que cometieron su personal, incluso algunos le exigen que se respete a las instituciones.

Es fascinante cómo retrata al caudillo, José Manuel Mireles, no sólo como ese liderazgo de las autodefensas, el político con un buen discurso ante las masas, sino como una persona carismática en su integridad, desde su trabajo como médico, su propia familia e incluso esa pasión como hombre enamorado, conquistando frente a la cámara a una muchachita, cantando junto a ella y su escolta Mujeres divinas. Sufriendo en carne propia las consecuencias de su conducta y de la guerra: “Yo pienso que este círculo de violencia tiene que parar… creo fui un buen vigilante para mi gente… pero yo perdí el motivo. Perdí mi familia… yo pienso que es mi culpa… así es la vida”.      

Corolario: autodefensas, presuntos narcotraficantes, narcotraficantes, todos iguales, con armas, chalecos, camionetas, con la misma tez y la misma condición social; si además les sumamos a los gringos locos nos hacemos las mismas preguntas: ¿Quién financia las armas, los chalecos, radios los camionetones? Así, lo que en verdad descubrimos en el documental, es esa terrible Guerra de las Drogas que azota a algunas zonas de nuestro país, lo peor es que nos recuerda, que en esta clase de conflictos los más afectados siempre son la población civil.   

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