Encendamos velas / Martín Orozco Sandoval en LJA - LJA Aguascalientes
06/12/2022

Recientemente, el  tema sobre la fortaleza  de las familias, aunado a  las desapariciones forzadas, han  calado hondo en la sensibilidad de los mexicanos. Vuelven a posicionarse en el ánimo del reclamo y la desesperación, y aunque para algunos es preferible no hablar de ello por las implicaciones de credos o de políticas partidarias, considero que es necesario no cesar en convocar a la atención para que México camine hacia un mejor nivel de vida y sobre todo, con justicia social.

Mientras me encontraba en la capital de los Estados Unidos, participando como invitado por México en la II Cumbre Regional de las Américas, varias reflexiones asistieron mi postura para hablar ante los parlamentarios de 60 países a favor del bienestar de las familias.

Ahí dejé en claro mi posición sobre la defensa a  la vida de las personas y la protección a la familia ya que estoy convencido de que es el elemento natural, universal y fundamental de la sociedad, en ella es donde la persona aprende los modos de vivir en paz con los otros y como estado tenemos la obligación de garantizar su protección.



 

Hoy como nunca, la sociedad exige del rescate de su célula básica que es indudablemente la familia. En la protección a sus valores reside la salud social para una convivencia pacífica y armónica. 

Sin tratar de polemizar ni contradecir cualquier postura radical, es necesario que entendamos el significado que tiene en sí el aprecio por la vida.  En procurar el sentido del gusto por la existencia diaria y en cuidar la de nuestros semejantes.

Son precisamente esas condiciones las que considero temas que no se negocian sino que se promueven permanentemente. Quien se quiere a sí mismo y le encuentra sentido a la existencia sabrá respetar y contribuir de forma directa o indirecta, a que otras personas concreten sus proyectos de vida.

Es por ello que con firme convicción hice un llamado a no tener miedo como políticos, a declararse a favor de la vida y de las familias de todo el mundo. Porque sólo así, estaremos dando un paso firme y de gran escala a  la construcción de  una mejor sociedad.

Mientras escuchaba otras ponencias,  percibí la honda preocupación que hay sobre el presente y futuro de los jóvenes, un sector de la población fundamental para preservar y mantener vigentes esas asignaturas que darán viabilidad a nuestro querido Aguascalientes, a nuestro México y este planeta.

En ese momento, recordaba con profundo respeto el caso de 43 jóvenes desaparecidos desde hace un año, permaneciendo entre sus familias y compañeros la angustiosa incertidumbre sobre su destino y en la sociedad el rencor sobre de las contradicciones de un Estado mexicano que no le ha sabido entender.


Y muy próximo está el lamentable episodio del 2 de octubre, que coincide con muertos, desaparecidos y gobiernos que faltan a la verdad por evadir  la realidad.

Con justa razón dicen que el 2 de octubre no se olvida.  Tampoco el 26 de septiembre y de otras fechas más que la sociedad tiene marcadas como heridas abiertas, que ni el tiempo ni las justificaciones han logrado sanar.

Lo único claro en todos estos escenarios es que, como integrantes de una misma nación entendamos, valoremos y dejemos que los jóvenes se expresen, que den cauce a sus ideas y se les permita contribuir a la construcción de este país, que también es suyo.

Es muy sano pensar diferente y trabajar por el propósito común.  Muy válido es también el que cada quien luche debidamente por sus libertades y convicciones.

Estoy convencido que coartarlos no conduce al México por el que nuestros antecesores lucharon y por el que hoy queremos trabajar.

Se equivocan quienes creen que es con la fuerza como se somete a una sociedad  inconforme.  La paz social y la gobernabilidad sólo se consiguen a través del diálogo, la conciliación y la inclusión.

Lo que impone la violencia sólo se mantendrá en la memoria con descrédito y será reclamado por  siempre.

Lo que se supone justicia bajo cualquier tipo de corrupción, sólo derivará en una lucha permanente  por conseguir el  real Estado de Derecho.

A mí sí me preocupa que ciertos casos de nuestra realidad social estén solapados por la violencia y que no se utilice la ley como el instrumento efectivo para garantizar nuestra armonía como sociedad.

Es por eso que frente a la situación que guardan las familias y los jóvenes de nuestro país, encendamos las velas que iluminen el destino correcto para alcanzarlo.

Encendamos una vela por la paz, la justicia y la libertad, al ser garantes de la convivencia.  Encendamos una vela por la democracia, la igualdad y el orden, al ser la base de una mejor nación.

Encendamos una vela por las víctimas inocentes de la violencia y sus familias, al ser las que más sufren las consecuencias de un sistema que ha fallado en otorgar la tranquilidad de todos.

Encendamos una vela por las familias más vulnerables a la desintegración y a la pobreza, por ser las que más resienten las políticas económicas deshumanizadas.

También es necesario que encendamos una vela por los gobernantes, para que logren entender las aspiraciones de sus pueblos y responder con honestidad y trabajo a sus legítimas demandas.


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