La esclavitud no abolida / Martín Orozco Sandoval en LJA - LJA Aguascalientes
03/10/2022

En este día tan significativo para todos los mexicanos en que conmemoramos 205 años del inicio del movimiento que liberó al país del dominio español,  estamos obligados a comparar y valorar las condiciones que nos puedan definir como un pueblo capaz de solventar sus expectativas de desarrollo y cumplir responsablemente con sus obligaciones.

Han pasado más de dos siglos en que fue necesario el uso de las armas y del derramamiento de sangre para reclamar y hacer valer el respeto a los derechos que nos corresponden como seres humanos y participantes activos de la nación.

Una lucha encabezada por mujeres y hombres que la historia reconoce, pero también omite por haber actuado en el anonimato, pero atendiendo el mismo propósito.

Indudablemente que de entonces a la fecha el entorno nacional y social ha evolucionado. Sin embargo, aún existen rezagos y amenazas en la convivencia del  común de los mexicanos en los que se requiere no claudicar en el objetivo que abanderaron Miguel Hidalgo, Josefa Ortiz de Domínguez,  José María Morelos, Ignacio Allende y muchos otros líderes independentistas, para pertenecer a una sociedad integrada a un desarrollo igualitario.

Las diferentes etapas históricas de este país se han inscrito en episodios que relatan de avances pero también de retrocesos del pueblo. Los mexicanos hemos sido testigos de una democracia que insiste en sustentarse en la libertad, a pesar de sus traidores, entre los que puedo citar  a los corruptos, a quienes pretenden imponer nuevos imperios del poder con la compra de conciencias y a quienes tratan de hipotecar el presente y el futuro de la nación.

En cierta ocasión, Octavio Paz señaló con precisión: la libertad no necesita alas, lo que necesita es echar raíces. En efecto, se trata de un apostolado que identifica cuál es el reto de quienes formamos parte de esta sociedad moderna, comprometida con el legado de nuestros antecesores, que lucharon en su momento por la patria.

En lo personal identifico a muchos mexicanos presas de una forma esclavitud al impedir su desarrollo y estar hundidos en las desigualdades.

Personas que no logran traspasar las barreras de la pobreza, de la ignorancia y del olvido, por así convenir a quienes han pertenecido a ciertas clases gobernantes en el transcurso de los siglos.

Grupos antagónicos se resisten a entender que como mexicanos hemos nacido libres y por tanto podemos crecer conforme a nuestras convicciones y cumplir indistintamente nuestras aspiraciones. 


No concibo el que en esta etapa de la libertad y la democracia tengamos que seguir desafiando rígidas barreras para salvaguardar nuestros derechos y evitar los propósitos dominantes  de quienes ostentan el poder.

De que muchas veces soportemos vivir una libertad limitada y tener que encarar la opresión y las distintas e indignantes formas de rezago.

México necesita organizarse para luchar, pero no con las armas de la violencia, sino con las herramientas de la inteligencia que permiten conservar la soberanía y libertad de la patria; para defender y conseguir el respeto a la dignidad y de los derechos individuales  que a cada uno corresponde.

Esas herramientas son la educación para la sabiduría y el voto consciente para las transformaciones. 

Necesitamos que nuestro proceder dependa de nuestros ideales  como paso firme para alcanzar el bienestar y defender las libertades y derechos.

Es imprescindible también que no supeditemos nuestro crecimiento exclusivamente al materialismo. Debemos trabajar siempre en la superación. La libertad implica además proceder responsablemente por nuestras comunidades, sin la indiferencia a las necesidades de los demás ni la intolerancia a sus formas de pensar.

Una sociedad educada no dará cabida a la discriminación y estará participando por perfeccionar su modelo de desarrollo.

Una comunidad que cumple libremente con su voto, rompe las cadenas de la ignorancia, del populismo, de las dictaduras y de los rezagos.

Insisto, ya no podemos estar atados  a un pasado y presente que permite manipular el clima de libertades como el derecho y la canonjía para unos cuantos. Porque una sociedad libre piensa y tienen acceso a las mismas condiciones en su desarrollo; no ve la justicia social como una mera aspiración.

Necesitamos asumir el papel de hombres y mujeres libres, atendiendo los retos que traen consigo cada hogar, cada municipio, el estado y la nación sin condicionamientos.

Los únicos límites que deben marcar nuestra convivencia deben ser la que marca la ley,  así como los valores cívicos y humanos que enaltecen a cada uno.

México es grande por su gente y su trabajo. Nadie más que el pueblo tiene el control en el destino de esta nación. 

Es por eso que con orgullo decimos: ¡que viva México!


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