Pabellón de un recuerdo feliz / Jorge Pedro Uribe en LJA - LJA Aguascalientes
25/05/2024

El museo es lo de menos, con todo respeto para el museo, pero mi respeto entero lo merece el recuerdo de cuando fui con mi papá a la Exhacienda de San Blas y platicamos con un encargado, que nos contó que Salinas de Gortari fue el último presidente en visitar ese lugar, importante para la causa insurgente, pues ahí perdió el mando militar el cura Hidalgo en favor de Allende, nada menos. También nos platicó de la esbelta araucaria, de unos doscientos años, cuyas hojas sirven para preparar un té que es bueno contra los cálculos renales, o eso cree la gente que compra las hojas en bolsitas lindamente preparadas.

 

El Museo de la Insurgencia es lo de menos, decía. Lo valioso es la propia población de Pabellón de Hidalgo, en el municipio de Rincón de Romos, ya que ésta pertenece al antiguo Camino Real de Tierra Adentro (Patrimonio de la Humanidad por la Unesco), el cual comenzaba en la Plaza de Santo Domingo, la más bella y mejor conservada de la Ciudad de México, y seguía por Tepotzotlán, Aculco, Querétaro y mil sitios más, para terminar en Santa Fe, Nuevo México. En Aguascalientes pasaba esta ruta también por las haciendas de Peñuelas y Cieneguilla, y por supuesto por la capital.

 

Vale la pena visitar este Pabellón (no confundir con Pabellón de Arteaga, a donde fui algunas veces con mi amiga Alba: su papá había sido presidente municipal y tenía o tiene una casa bonita, rancheril y con alberca para nadar las penas de nuestras adolescencias) por el museo, siempre sí, pues es el primero del estado, de los años sesenta, y hace poco lo remodelaron dejándolo como hotel de diseño, con jardín botánico y toda la cosa, además de que sus exposiciones son interesantes, pero asimismo por las vistas hacia una parte de la Sierra Fría y la dignidad y limpieza de sus calles, aún a salvo de lonas y bocinas.

 

En mi memoria se queda la imagen de mi papá cansado, que ya quería que nos regresáramos a la casa, pero que me esperaba en el coche para que yo mirara con calma la iglesia y a los matlachines que danzaban en el atrio, y yo feliz, pensando en lo feliz que sería después, al acordarme de aquel momento, cuando tristemente mi papá ya no estuviera con nosotros, como justo hago en este día. Quiero volver, pero ¿quién me llevará ahora?

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