Sacks y los mundos secretos / País de maravillas - LJA Aguascalientes
25/05/2022

Acaba de morir Oliver Sacks, uno de mis escritores favoritos (ya sé, tengo muchos escritores favoritos. Pero eso es bueno, ¿no?). A diferencia de otros autores que les he recomendado, Sacks no escribía literatura infantil o juvenil; es más: ni siquiera le entraba a novelas, cuentos o poemas para adultos. Lo de Sacks era más por el lado de la divulgación, gracias a su experiencia de primera mano como neurólogo (porque esa era su profesión principal). En su trabajo, Sacks se vio frente a casos muy extraños, tanto que algunos incluso han sido inspiración para películas; por ejemplo, quizá ustedes recuerden Despertares, con Robert De Niro y Robin Williams; y si no la han visto, pues échenle un ojito. Esa película, que parece una historia casi que de ciencia ficción, se apega fielmente al libro que Sacks escribió en 1973 sobre su trabajo con personas en estado vegetativo que recuperaron la conciencia gracias a un fármaco para el mal de Parkinson.

El motivo por el que Sacks llamó la atención del lector de a pie y no sólo de los especializados en medicina fue que su estrategia era súper empática: empezaba cada ensayo contando un caso particular muy raro e intenso, pero siempre sin perder de vista a la persona que lo estaba viviendo. Ya que lograba el interés del lector explicaba los porqués (si es que se conocían), el tratamiento, etcétera. Mi libro favorito de los que he leído de Sacks es El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. El título está genial para un libro infantil ilustrado, lo sé, pero se vuelve historia de terror cuando nos enteramos de que no es fantasía ni metáfora: se refiere a un caso auténtico. Brr.

Supongo que no a todo mundo le gusta leer ese tipo de cosas. A mí sí, desde que era niña. Las enfermedades de la cabeza me parecían tan interesantes como los descubrimientos arqueológicos y habría sido la más feliz del universo si, por ahí de mis diez, once años, hubiera encontrado el equivalente de los libros de Sacks pero dirigido a gente de mi edad: ya saben, con un lenguaje un poco menos complicado, con más explicaciones… Bueno, a mí no me tocó y no tiene sentido llorar por lo que no existió. Pero, a diferencia de lo que opina José José (ese gran pensador), en este caso no aplica lo de “lo que no fue, no será”. Porque aunque en mich tiempoch no hubo algo parecido a Oliver Sacks para niños y niñas, ahora sí existe algo parecido: se titula Fernanda y los mundos secretos, de Ricardo Chávez Castañeda, y es un libro de cuentos. La editorial (Fondo de Cultura Económica) nos lo propone como una lectura para niños y niñas a partir de doce años; pero mi ejemplar se lo tuve que regalar a una sobrina de diez que estaba vuelta loca con él, así que, como decimos aquí a menudo, todo depende del hábito lector y las estrategias que usemos para acercar el libro a la chiquillada. Eso sí, para niños y niñas muy sensibles o impresionables, tengan siete o tengan trece años, mejor ir con calmita. Les cuento por qué:

Resulta que Ricardo (quien, por cierto, es un excelente autor del que seguro hablaremos por acá muchas veces más), quedó impresionado (como yo, je) al leer El hombre que confundió a su mujer con un sombrero y decidió adaptar algunos de esos casos poniendo a un niño o una niña como protagonista. Adecuó las situaciones al mundo de la infancia (escuela en vez de trabajo, padres y amigos en vez de esposos, ese tipo de cosas) y vertió sobre el resultado su estilo personal, que es sencillo en apariencia pero muy cuidado y con una capacidad muy especial para llegar directo al corazón de sus lectores. Así, lo que tenemos es un libro al mismo tiempo enigmático y entrañable, en el que Fernanda, una niña sana y curiosa, es nuestra ventana a diez maneras distintas de vivir lo cotidiano, eso que a nosotros nos parece tan plano y simple y que damos por hecho, pero que para los protagonistas de estas historias es tan complicado y lleno de angustia. De alguna manera, además de introducirnos al fascinante universo de los problemas neurológicos, Fernanda y los mundos secretos nos invita a mirar con otros ojos el mundo que nos rodea y que, a menudo, damos por hecho e ignoramos o incluso despreciamos. Por ejemplo, una de las historias habla de un niño que no siente dolor, ni siquiera si se golpea fuertemente; y otra nos cuenta de una niña que sólo podía ver la mitad de las cosas. Al terminar cada historia, a mí me da por cerrar el libro y pensar qué haría yo en esa situación. O me daba, porque, como dije, regalé mi ejemplar.

De todas formas, ¿saben qué?, voy a comprar otro ejemplar, como agradecimiento a Ricardo Chávez y en memoria de Oliver Sacks.

 


Show Full Content
Previous 1 de septiembre de 2015
Next Los cambios del encubrimiento / Martín Orozco Sandoval
Close

NEXT STORY

Close

¿Se acabó el “fuero”?/ Sobre hombros de gigantes

04/03/2021
Close