Siria: visiones bifurcadas / Taktika - LJA Aguascalientes
30/01/2023

Soren de Velasco Galván

Colegio Aguascalentense de Estudios Estratégicos Internacionales, A.C.

 

Nueva York, Unión Americana. 28 de septiembre de 2015. Tras regodearse por sus triunfos diplomáticos en Cuba e Irán, el encanecido mandatario norteamericano, Barack Obama, habla de Siria a la Asamblea General de las Naciones en los siguientes términos: “Estados Unidos está dispuesto a trabajar con cualquier nación, incluidas Rusia e Irán, para resolver el conflicto”, y agrega: “Pero no puede haber, después de tanta sangre y matanzas, un retorno al status quo previo a la guerra”.

Una hora más tarde, y desde la misma tribuna, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, delinea su solución del problema levantino al parlamento de la humanidad: “Creemos que es un error enorme negarse a cooperar con el Gobierno sirio y sus fuerzas armadas que luchan contra el terrorismo con valentía, cara a cara”.

Las escenas arriba descritas sirven como preludio al presente artículo, el cual pretende explicar por qué la Unión Americana y la Federación Rusa tienen visiones opuestas de la guerra civil en Siria y cuál de estas perspectivas parece prevalecer.

La primera cuestión tiene que ver con la geografía: Siria es una adaptación mediterránea de Yugoslavia: en la línea boreal, Alepo es una ciudad que tiene vínculos con Mosul y Bagdad en Irak; en la zona central las ciudades de Damasco, Hama y Homs son controladas por los sunitas, quienes representan la ortodoxia en el Islam. En la parte occidental, se encuentran los bastiones escabrosos de los alauitas, la secta a la que pertenece el mandatario sirio, Bashar al-Assad.

Los alauitas son descendientes de los chiitas, los heterodoxos de la religión musulmana, quienes provenían de Persia y Mesopotamia. Los mahometanos sunnitas los consideran herejes porque los alauitas realizan rituales que mezclan el paganismo fenicio y el cristianismo. “Los alauitas celebran fiestas que son variantes de la Navidad, la Pascua y el Domingo de Ramos, y en sus ceremonias utilizan pan y vino”. (Kaplan, Rumbo a Tartaria, Ediciones B, 2001, pp. 161).

Otra minoría religiosa en Siria son los cristianos, los cuales pertenecen a la Iglesia ortodoxa siria de Antioquía, la cual cuenta con una feligresía de aproximadamente 600 mil miembros. Estos cristianos son el blanco predilecto de los miembros del Estado Islámico (EI), amalgama de extremistas islámicos sunnitas.


El vínculo religioso forma las coaliciones en Siria: los alauitas con Irán e Irak, naciones mayoritariamente chiitas. Por el otro lado, los sunitas sirios se identifican con Arabia Saudita, Turquía y Qatar.

Son precisamente los sauditas, los turcos y los qataríes, junto con los israelitas, quienes influyen en la visión estadounidense del conflicto. Esto implica que al-Assad es un estorbo pues Siria bajo su mandato es un puente terrestre entre Irán y su aliado chiita en El Líbano: Hezbolá, enemigo acérrimo del Estado hebreo.

Aparte de la geografía y la religión, el tercer factor a considerar es el sector energético. “Siria es un cruce de caminos continental entre las riquezas energéticas de Eurasia y el Medio Oriente y los mercados hambrientos de energía de Europa” (Katusa, The Colder War, Wiley, 2015, pp. 174 y 175).

Por lo tanto, Rusia, una potencia energética, no puede permitir la caída de al-Assad, pues el gas qatarí sustituiría a los hidrocarburos rusos en los mercados europeos, lo cual, a su vez, significaría la caída de Gazprom, la principal empresa gasera rusa. Además, Moscú teme que la eventual victoria del Estado Islámico encendería la llama del extremismo islámico en Chechenia. Por último, la Federación Rusa ha asumido el papel que antaño desempeñara la Rusia zarista en Oriente Medio: la protectora de las minorías cristianas.

Por todo lo anterior, Rusia, Irán y, recientemente, Irak han formado una coalición para apuntalar al régimen de Bachar al-Assad. El aspecto más visible de esta coalición es la presencia en la ciudad costera de Latakia y en el puerto de Tarso -lugar de nacimiento del apóstol san Pablo- de miles de soldados rusos, los cuales son apoyados por los más modernos aviones de combate, helicópteros y tanques con que cuenta el Kremlin.

Es precisamente la presencia de las tropas provenientes de las estepas rusas lo que constituye un Game Changer. Es decir, “algo o alguien que afecta mucho el resultado de un juego”, pues cualquier futuro arreglo sobre Siria tendrá que tomar en cuenta las demandas de Rusia e Irán.

Esta realidad tuvo que ser reconocida por el mismísimo secretario de Estado norteamericano, John Kerry, quien el pasado 20 de septiembre en Londres dijo que al-Assad tendría que irse, pero ahora a través de una solución negociada. “No tiene que ser desde el día uno o el mes uno”, fueron las palabras  del máximo diplomático estadounidense.

El dictado de Moscú y Teherán salió a la luz durante la conversación que sostuvieron ayer el primer ministro británico, David Cameron, y el presidente iraní, Hassan Rouhani, pues los británicos se han dado cuenta que cualquier solución política a la guerra civil en Siria implica la permanencia en el mediano plazo de al-Assad.

Finalmente, el acuerdo Kerry-Lavrov de septiembre de 2013 y el despliegue de las tropas rusas en Siria muestran que la visión de Vladimir Putin respecto a Siria le ha generado a Rusia “más poder e influencia en el Medio Oriente como no ocurría desde hace 40 o 50 años” (Andrew C. Kuchins dixit).

Aide-Mémoire.- El papa Francisco ha ocupado el lugar que antaño detentara Nelson Mandela. Es decir: la conciencia de la humanidad.


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