Fuerzas unidas / Martín Orozco Sandoval en LJA - LJA Aguascalientes
09/12/2022

La conmemoración de los 101 años de la Soberana Convención Revolucionaria nos recuerda un episodio más de los claroscuros que han marcado la historia de México.

Un suceso donde sobresale el convencimiento de las distintas fuerzas que buscaban el poder por lograr en la unidad el avance de la nación. Donde por un instante se entendió que sólo el diálogo y el consenso lograrían conseguir  un país con una democracia afortunada.

Sin embargo, algunos historiadores con objetividad han señalado que la cumbre en Aguascalientes terminó en el fracaso y todo a consecuencia del autoritarismo presidencial de la época, del cual por cierto, aún predominan algunas secuelas.



 

Quien suponga lo contrario es porque no ha entendido las luchas por la libertad y la inclusión absolutas que se originaron posteriormente y que aún no pueden concretarse.

Entiendo que ese proceso en el que la sociedad aspira a una convivencia plural, incluyente  y sin límites, llevará aún más tiempo, pero estamos más cerca que hace 101 años de conseguir el objetivo de la época de la Convención Revolucionaria de Aguascalientes.

Y es que la unidad debe ser una condición incuestionable en cualquier propósito institucional o personal. Un objetivo que no cuantifique personas sino que sume tolerantemente las  fuerzas.

En un sano ejercicio de participación, como se dan constantemente al interior del Partido Acción Nacional (PAN), sostuvimos la semana pasada el encuentro “Conviviendo con la Militancia”, donde se coincidió en trabajar en el propósito de no dejar de lado los principios básicos del partido.

Hoy como nunca, ante cualquier amenaza de encono o división, lo conveniente es no caer en provocaciones, porque la política exige hoy de la mesura, la cordialidad y el diálogo de altura.

A nivel personal, asumo el mismo compromiso: no dejarme llevar por la insidia o aquellos propósitos que sólo buscan debilitar a las personas o dejar en mal a nuestro instituto político.


Creamos en la  unidad sin simulaciones, rencores ni traiciones. Cualquier gobierno o partido político debe sustentar su actuación en esa armonía, así como en el trabajo responsable, transparente y honesto.

Creo que el PAN como el estado de Aguascalientes y nuestra nación necesitan del trabajo de todos. Son infructíferos los esfuerzos aislados e insanas las autoexclusiones.

Entendamos que el panorama en la competencia que se da entre partidos políticos es cada vez más complejo, la desconfianza social ha debilitado la imagen de la clase política y los partidos.

No hay que desestimar que esa necesaria confianza de la sociedad no se conseguirá a través de discursos, de un pliego de buenas intenciones o de un rosario de supuestos logros que no se perciben por la gente. De todo eso el pueblo ya está harto. La credibilidad y validación social se concretan mediante un  trabajo congruente, con dar el buen ejemplo en el servicio público como en el hogar en el día a día.

Quiero referirme en caso concreto al Partido Acción Nacional, donde todos -militantes y simpatizantes- deben apostar a la unidad y tener firme una identidad como militante, debemos tener tatuado ese orgullo panista.

En esencia, se debe voltear a ver la política en el sentido humanista a la persona. De nada sirve un buen desarrollo económico o cualquier otra conquista social si no va de la mano con el bienestar del ser humano.

El ánimo debe seguir siendo el del bien común, el trabajar con transparencia y por abatir la corrupción desde el poder.

No tengamos miedo de decir no a las tentaciones del dinero y de poder por el poder; recuperemos la sensibilidad de entender que el deber del gobierno es estar cerca de la gente. Que cuando se sube a la burbuja del poder es entregarse indistintamente a servir, a querer al municipio, al estado y al país y entregarle todo.

Cada acto de corrupción repercute contra los partidos políticos y sin duda contra el gobierno. Por ello, debemos considerar en cualquier acción los fundamentos de la política humanista: gobernar desde cualquier posición es una oportunidad única de servir y dejar un legado imborrable de trabajo.

 


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