Keith Jarrett. El triángulo perfecto / El Banquete de los Pordioseros - LJA Aguascalientes
20/01/2022

No recuerdo cuándo fue la primera vez que escuché a Keith Jarrett, pero debió ser por aquellos años ochenta, tal vez 1984, quizás ’85 pero no antes. Recuerdo aquellas largas tardes en que yo me ponía a explorar el increíble acervo musical de lo que en esos años era la gloriosa Radio Instituto Cultural, con las siglas XENM en los 1320 khz de amplitud modulada, hoy olvidada, arrumbada y empolvada esa que en su momento fue, orgullosamente, la primera estación de radio cultural en Aguascalientes y que ahora, debido al descuido, indiferencia e incluso negligencia de las autoridades, está en el más patético de los olvidos, y para colmo, esa misma señal la han trasladado a FM, simplemente como repetidora de lo que transmite Aguascalientes TV, Canal 6 o como sea que se llame actualmente, de cualquier manera, la escandalosa carencia de contenidos y la indiferencia para asumir el compromiso con una televisión inteligente y ambiciosa,está muy lejos de la televisora estatal, y la señal radiofónica que con tanta pompa llaman Teleradio no tiene razón de ser, ¿para eso querían la señal en FM?, ¿sólo para eso alcanza a dar su inagotable creatividad?, en lugar de reconciliarse con la radio cultural, que es para lo que fue creada XENM, se ponen a repetir la señal de televisión, lo creo porque lo estoy viendo, pero me sigue pareciendo inverosímil. En fin, casi lo olvido, el asunto en este banquete es Keith Jarrett, pero creo que de alguna manera me las arreglé para tocar eso que desde hace tiempo traigo ahí, en el tintero.

En aquellos años la audioteca de XENM era inmensa y muy bien dotada, acervo que se perdió por otra negligencia de otras autoridades de administraciones pasadas, pero por ahora prefiero olvidarme del asunto, resulta doloroso para mí, pero habré de ocuparme de esto en alguna otra ocasión, lo prometo.

En esa audioteca había algunas buenas grabaciones de Keith Jarrett y las escuchaba, primero con curiosidad, después con un fervor casi religioso. Paralelamente a mi experiencia con Keith Jarrett, me puse a escuchar grabaciones de Duke Ellington, de Chick Corea, entre otros. Por todos estos pianistas sentía una gran admiración y definitivamente disfrutaba su música hasta el extremo. Encontré en estos tres pianistas un interesante punto de convergencia, Ellington, Corea y Jarrett asumían con la misma convicción el repertorio de jazz que el de la gran música de concierto. Escuché de Duke Ellington sus inmensos conciertos sacros llenos de esa inevitable negritud que hace del jazz una experiencia única, y a Chick Corea lo escuché tocar a Mozart con una técnica que nos hace pensar en una evidente formación académica, pero ninguno me impresionó con tanta fuerza como Keith Jarrett, este pertenecía a otro código postal. Poco a poco fui entendiendo que aquella devocional tendencia que sentía por su música tenía su razón de ser, pero en ese momento, con mi insípida experiencia musical, me resultaba incomprensible, vamos, ni siquiera me lo preguntaba.

Más tarde lo entendí, en Keith Jarrett no podemos separar al compositor, al intérprete y al improvisador, eso me parecía genial, espectacular. Cierto es que Chick Corea es un gran compositor, un intérprete de incuestionable prestigio y, sin duda, un muy decente improvisador, pero el equilibrio no es perfecto, Corea hace muy buen jazz, es un pianista superdotado y es conocedor del difícil arte de la improvisación, pero su convicción no es la misma tocando jazz que abordando el repertorio clásico, aquí encuentro una casi insignificante debilidad, pero finalmente debilidad. Corea gusta de tocar el piano acústico, pero también se siente muy cómodo tocando en sintetizadores, pianos eléctricos y otros instrumentos de teclado cuya sonoridad depende de la amplificación del sonido. Keith Jarrett es un purista, lo suyo es el piano de cola, el de gran concierto, el que los angloparlantes llaman the grand piano, inútil escuchar Jarrett de otra forma, no sería él.

Con el tiempo me hice de algunos buenos discos de este pianista fuera de serie, primero su repertorio estrictamente jazzista, discos que grabó con su trío con Gary Peacock y Jack de Jonhette o algunos más tocados con cuarteto de jazz, como Personal Mountains, Eyes of the Heart, o My Song. Después me compré algunos discos a piano solo y otros de música clásica, estos últimos, la verdad, lleno de dudas, pero ¡hay de mi!, hombre de poca fe, los 24 preludios y fugas para piano de Shostakovich, y una generosa producción de obras del padre de la música Johann Sebastian Bach, las suites francesas, las variaciones Goldberg y los Libros I y II del clavecín bien temperado, y al mismo tiempo escuchar como desquiciado su producción para piano solo, son varios, pero los que más me impresionaron y me siguen impresionando son, por ejemplo, The Koln Concert, un verdadero manjar en donde podemos apreciar elocuentemente el arte de la improvisación, The Vienna Concert y The Paris Concert, por cierto, todas grabaciones bajo el sello ECM (Ediciones de Música Contemporánea por sus siglas en inglés) y el FacingYou que justamente escucho mientras escribo lo que amablemente estás leyendo.

En efecto, Keith Jarrett es lo más cercano a la perfección, toca jazz, música culta y contemporánea con la misma solvencia técnica y la misma convicción, es tan buen compositor como intérprete e improvisador, ninguna de estas tres habilidades opaca a la otra, todas brillan con la misma intensidad. Es cierto, la perfección humanamente no existe, ¿o será Jarrett la excepción?, no lo sé, no lo creo, algún defecto debe tener, pero… no sé Keith Jarrett, salvo tu mejor opinión, me parece el triángulo perfecto, el equilibrio absoluto.

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