La debacle ecológica en México - LJA Aguascalientes
23/09/2021


En 1854, el presidente de Estados Unidos, Franklin Pierce, envió al jefe Seattle (1780-1866), líder de los pueblos indios Squamish y Duwanish, en lo que ahora es el estado de Washington en ese país, una oferta para comprar sus tierras. La respuesta del jefe Seattle al “gran jefe blanco de Washington,” a esta oferta de comprar las tierras indias y crear una “reservación” para el pueblo indígena, se considera la más bella y profunda declaración jamás hecha sobre el medio ambiente:

“¿Cómo se puede comprar o vender el firmamento, ni aún el calor de la tierra? Dicha idea nos es desconocida. Si no somos dueños de la frescura del aire, ni del fulgor de las aguas, ¿cómo podrán ustedes comprarlos? Cada parcela de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada brillante mata de pino, cada grano de arena en las playas, cada gota de rocío en los oscuros bosques, cada altozano y hasta el sonido de cada insecto es sagrado a la memoria y al pasado de mi pueblo… La savia que circula por las venas de los árboles lleva consigo las memorias de los pieles rojas… esta bondadosa tierra es la madre de los pieles rojas… somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros… el venado, el caballo, la gran águila, éstos son nuestros hermanos… las escarpadas peñas, el agua cristalina… el hombre blanco no comprende nuestro modo de vida… no sabe distinguir entre un pedazo de tierra y otro, ya que es un extraño que llega de noche y toma de la tierra lo que necesita… Trata a su madre, la tierra, y a su hermano, el firmamento, como objetos que se compran, se explotan y se venden como cuentas de colores… Su apetito devorará la tierra dejando atrás sólo un desierto… Todo va  enlazado, como la sangre que une a una familia… Esto sabemos: la tierra no pertenece al hombre: él pertenece a la tierra… todo lo que le ocurra a la tierra le ocurrirá a los hijos de la tierra… ustedes caminarán hacia su destrucción rodeados de gloria… También los blancos se extinguirán, quizá antes que las demás tribus… Termina la vida y empieza la supervivencia.”        

En México, el INEGI, en su informe sobre Las Cuentas Económicas y Ecológicas de México, señala que: “El agotamiento de los recursos naturales y la degradación del medio ambiente relacionados con procesos productivos representan un costo anual de 941 mil 670 millones de pesos, equivalente al 7.9% del PIB”.   

A raíz de los dos regímenes panistas, entre 2000 y 2012, la debacle ecológica hizo mella en México. Como resultado, en la actualidad el país pierde un promedio anual de 600 mil hectáreas de bosques y selvas; se encuentra entre los ocho países con mayor deforestación en el mundo y, por lo tanto, contribuye en gran medida al recalentamiento global. De continuar con las tendencias actuales, se perderá el 50% de los bosques todavía existentes para el año 2030.  

Esto, a su vez, traerá consigo un aceleramiento del proceso de deterioro ambiental local y regional, incluyendo la erosión y la pérdida de recargos de acuíferos, con la consecuente extinción de flora y fauna y la contaminación de ríos y lagos. En México el 90% de los ríos están contaminados.  


Muchos lagos, como el antes famoso Lago de Cuitzeo en Michoacán, se han secado. La Laguna de Chapala, la más grande del país, está en riesgo de desecación. Doce mil especies mexicanas animales y vegetales se encuentran en peligro de extinción debido al deterioro ambiental, la cacería y la agricultura extensiva.  

Resulta verdaderamente alarmante la estimación del “PIB Ecológico”, es decir, el costo que implicaría tratar de restituir el deterioro del medio ambiente, al menos parcialmente; se calcula que ascendería a un 4% del PIB. Se trata de una situación de negligencia, rapacidad económica y corrupción gubernamental.  

Desde 2006 se ha manifestado una carencia de programas sustentables, de presupuesto público o privado, para la preservación del medio ambiente. Durante el régimen de Felipe Calderón se recortó en repetidas ocasiones el presupuesto de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) como muestra de una carencia de conocimiento de la crítica situación ambiental en el país, así como una falta de voluntad política para hacer frente a los problemas ecológicos.  

Por otro lado, ¿de qué sirve el establecimiento formal de supuestas “áreas naturales protegidas” cuando no se les otorgan los recursos y medios para cuidarlas y vigilarlas y para regular las directrices ecológicas? Promulgar una ley, en el mundo real, no significa nada; implementarla significa todo.

La carencia de un marco de acción en materia ecológica sigue encontrado eco en el silencio de la Semarnat, con algunas pocas excepciones, ante la embestida de diversos sectores empresariales para anular cualquier medida de protección de los manglares del país y de los ecosistemas costeros, con objeto de abrir y promover nuevos desarrollos turísticos en perjuicio del ecosistema costero. Al parecer esta situación ha contado con la complicidad de la Secretaría de Turismo.

 

Los sectores empresariales presionan también para lograr que se veten las reformas a la Ley General de Vida Silvestre, que fueron aprobadas el 21 de diciembre de 2006 y que buscan proteger a los manglares. Éstas son indispensables como fuente de riqueza pesquera y como protección natural contra la erosión, las inundaciones y la fuerza de los huracanes, sirven como filtros y purificadores de aire, actúan como “sumideros” de carbono con lo cual reducen los efectos del cambio climático, y albergan una enorme biodiversidad.

Por su parte, diversas organizaciones ambientalistas exigen que se publique en el Diario Oficial de la Federación un decreto que reforme la Ley General de Vida Silvestre.  Insisten en que la medida es urgente para evitar el creciente deterioro y la pérdida del ecosistema manglar. Señalan que la cobertura del manglar se ha reducido en más de un 10%, con la pérdida de más de 80 mil hectáreas de esta vegetación, lo que significa una eliminación anual de 1.50% de los manglares, equivalente a más de diez mil hectáreas.

Cabe hacer notar que hasta un 80% de las especies de peces y crustáceos de interés comercial y de los que viven en arrecifes de coral se asientan en los manglares durante parte de su existencia. Se estima que el ecosistema de los manglares, como valor estimado de los servicios ambientales que brinda, asciende a 14 mil 850 millones de dólares al año.  

Con el panismo, México fue víctima de una violencia frontal en contra de los recursos naturales, situación que hoy en día el gobierno de Enrique Peña Nieto trata de revertir.  

En concreto, es preciso impedir la acción ilegal de los intereses de empresarios de la madera, que envían a sus bandas de gavilleros para talar los bosques de las comunidades indígenas en Michoacán, Jalisco, Guerrero, Oaxaca y Chihuahua, dueñas originarias de las tierras, ante la inacción de las fuerzas policíacas.  

Esta situación ha dado lugar a que diversas poblaciones, como en la comunidad de Cherán, en Michoacán, hayan tomado las armas para impedir el saqueo y la destrucción de sus bosques.  

Como resultado, languidecen en las cárceles numerosos humildes defensores de la ecología en sus lugares de origen, víctimas de la prepotencia de los grandes intereses madereros y la complicidad de las autoridades.

Así, los grupos ecologistas se encuentran en medio de un fuego cruzado. Por un lado, los narcotraficantes los atacan porque son un obstáculo para sus actividades; y, por el otro, las fuerzas federales los persiguen y encarcelan porque interfieren con intereses creados entre los madereros y altos niveles políticos.  

La debacle ecológica encuentra otro punto de tensión. El gobierno sigue permitiendo la entrada, al parecer irrestricta, de intereses mineros canadienses que instauran la práctica de “cielo abierto”, esto es, dinamitar las cumbres de montañas y cerros para extraer los minerales. Un ejemplo de esto es la pretendida autorización a capital canadiense para construir una mina de este tipo en Real de 14, lugar mítico para sus pobladores huicholes, que incluiría la destrucción de Cerro del Quemado, lugar de peregrinación de esa cultura. ¡No hay el menor respeto para los derechos de los pueblos indígenas!

¿Cuáles son los beneficios para los moradores de estas tierras, víctimas de minas, nuevas presas para generar energía eléctrica que implican el desalojo de comunidades indígenas, confinamientos de residuos peligrosos (como Cytrar, en Hermosillo, Sonora, ciudad con los más elevados índices de cáncer en el país), y el nuevo proyecto de Calderón de construir nucleoeléctricas, “inspirado” al parecer por el reciente desastre de la nucleoeléctrica en Japón? ¿La creación de algunos empleos eventuales?  



 

¿Cuáles son los beneficios específicos para México de las concesiones a corporaciones foráneas para explotar la minería? ¿Adónde van a parar el oro, la plata y otros metales extraídos del subsuelo mexicano? ¿Por qué no se impide el ingreso de instalaciones y tecnologías que no se permiten en otros lados, y que se aceptan en México con tal de contar con inversiones extranjeras, a pesar de que lleven al país a la ruina ecológica?  

No se ha demostrado el menor respeto para los derechos de los pueblos afectados por las actividades de las empresas mineras extranjeras. Los efectos perniciosos de lo anterior se manifiestan no sólo en la contaminación ambiental, sino en la definitiva alteración de la panorámica natural de las regiones y sus efectos sobre la cultura y la vida de las comunidades.  

A todo lo cual habría que añadir los permisos otorgados profusamente por las autoridades para permitir la caza, furtiva y “legal”, a grupos de cazadores de las élites políticas y económicas, que destruyen la escasa fauna remanente (jaguares, osos, pumas, jabalíes, zorros, aves, venados y borregos cimarrones), disecarlos y exhibirlos como trofeos en sus mansiones.  

¡Hay que poner fin a esta situación!

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1 thought on “La debacle ecológica en México

  1. Sugiero la lectura del eBook: “EL PIBE:El producto interior bruto ecologico” (ed.Bubok) de Ignacio Sanchez Leon (Barcelona, España) para extender su cálculo a Latam, Emea y resto mundo

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