Cultura

La música salvó nuestra relación como hermanos: Alonso y José María Arreola

  • Un músico nunca debe perder el control y entender que es parte de un equipo, no de algo individual
  • Nos apasiona el proceso creativo y la vinculación de  una realidad con las expresiones artísticas y culturales

Horas antes de tocar como Monocordio en el Festival Cultural de la Ciudad, los hermanos Alonso y José María Arreola compartieron con músicos locales, durante poco más de una hora, parte de su experiencia en la batería y el bajo; donde la cercanía del espacio (el Archivo Histórico Municipal) permitió crear una empatía especial liderada por las bromas y vivencias fraternales de estos mexicanos: “Nos gusta hacer muchas cosas distintas como música, literatura, artes plásticas, teatro; nos apasiona el proceso creativo y la vinculación de una realidad con las expresiones artísticas y culturales”, esto les ha permitido llevar más de una década como compañeros de trabajo además de hermanos de sangre.

Alonso subrayó la necesidad de establecer en un primer plano tu discurso personal, de cierta manera una especie de originalidad pero planteada desde lo que eres y quieres mostrar: “ser original es cosa de ir poco a poco conociendo y diseñando tu discurso rítmico, armónico y melódico para que lo puedas poner al servicio de distintos proyectos”, este proceso es una búsqueda constante que todo creador debe comprender y emprender.

Al considerarlo un tema muy complejo, José María aclaró que “originalidad” es una palabra muy amplia que consiste en conectar lo original, pero desde lo individual, pues cuando tú estás bien con tus orígenes creacionales y emocionales, es cuando lograr algo original: “eso lo logras cuando trabajas desde esa perspectiva y no desde una laboral o de negocio; cuando lo haces sin que te preocupe nada sino narrar un momento, un tiempo propio”.



En parte se trata de encarar el miedo, romper con ese llamado ridículo y hablar de otra manera distinta a la del resto de los músicos o creadores en general; desde su perspectiva, todo esto permite que pueda hablarse de otra manera tu instrumento; aunque existen proyectos en los que se debe de respetar cierta forma o modelo de canción (por ejemplo) porque esa es la manera de comunicarse con cierto público, hay otros en los que tu momento como creador te exige explorar nuevas emociones: “es algo como hacer ese viaje interior hasta encontrar realmente qué es lo que quieres transmitir”.

Parte fundamental de lo que un músico debe tener presente es la respiración, la cual poco se toma en cuenta pero es vital para dejar fluir el sentimiento creativo; sencillamente se explicó ser un ejercicio de “cuatro tiempos”, respirar en cuatro tiempos y soltar el aire en otros cuatro tiempos; “es increíble cómo el sonido cambia pues vas con un ritmo distinto y con una concentración diferente”, lo que ambos Arreola llaman el ciclo respiratorio.

Todo tiene que ver con el ciclo de respiración como parte del flujo rítmico: “esto es sobre todo cuando estás tocando cosas difíciles: generalmente pasa que tenemos una actitud corporal  muy extrema y nerviosa, con cierta tensión”, al tener tan tensos tus músculos y mente, creas un efecto secundario contrario a lo que debería tenerse, esto es un ejercicio de coordinación y ritmo donde se debe de crear una actitud contraria  a la que tu cuerpo pide.

“No sólo te tensas y dejas de respirar sino que hasta de achicopalas a la hora de tocar y disminuye tu ritmo”, si enfrentas ese temor con respiraciones largas creas una reacción distinta donde pese a tener cierta tensión en el momento interpretativo, en realidad hay una relajación que se va ganando en términos sicológicos.

Al recordar a Julio Díaz como un extraordinario músico y compañero, José María Arreola puntualizó la necesidad que tienen muchos bateristas de salirse de un compás y destacar, sin que haya esa necesidad: “hay que ir paso a paso encontrando la manera de cómo orquestar las palabras del vocalista pero sin perder el control, pues al final como baterista parte de tu papel es acompañar la canción y al equipo”, aunque se reconoció haber momentos en los que pueden chocar como músicos, todos los instrumentistas deben tener el suficiente control para responder y seguir a pesar de que alguno de sus compañeros se excedan o se salgan de control.

Como equipo, los Arreola subrayaron tener muy ensayado ya cómo armar los esqueletos musicales que dan pie a una libertad sin límites de cada instrumentista: “pareciera contradictorio pero la realidad es que es complementario”, al contar ya con un esqueleto fijo puede llevarse un mensaje claro a un tercero pero a la vez se le da la apertura al bajista, baterista, guitarrista, tecladista, hasta vocalista, de “hacer lo que se le dé la gana”.

¿Cómo lidian con el ego entre hermanos?

Alonso: “Es terrible, no nos soportamos a veces, la verdad sí es muy difícil porque ya son 25 años tocando juntos, es todo un reto porque hay que saber entender cuando alguien lleva la voz o la dirección pero también comprender el sentido de la cooperación. Cuando tocamos con y para otras personas es muy difícil quitarte el papel de hermanos, los que tocan con nosotros saben que van a vivir con una intensidad cabrona en el ensayo”.

José María: “Pero también hay cosas muy buenas, hay un disfrute muy claro de tocar con mi hermano porque me identifico mucho con él, además hay un vínculo a veces hasta telepático de saber qué haremos cada quien o cómo conectarnos musicalmente. Además también hay otra cosa, que la música, sobre todo el rock, me salvó la vida y la relación con mi hermano, en aquella época de juventud donde había tantos rollos familiares medio extraños, la música fungió como el único vínculo con él que me y nos llevó a  la tranquilidad”.

 

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Itzel Acero

Itzel Acero

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