Los intelectuales y los políticos / Análisis de lo cotidiano - LJA Aguascalientes
15/06/2024

En una reciente entrevista Elena Poniatowska, periodista, cuentista y novelista, ampliamente reconocida como intelectual, aceptó que ni ella ni otros personajes denominados con tal título han destacado en política. Ella apoyó a López Obrador para candidato a la presidencia y perdieron. Su labor fue muy criticada por otros pensadores mexicanos y extranjeros por considerar que se beneficiaba con trabajo en ambos bandos, la izquierda y la derecha. Recientemente falleció Eraclio Zepeda, cuentista y novelista, cofundador del PSUM y candidato a la Presidencia de la República, además de diputado y secretario de Gobierno en su natal Chiapas, hizo una labor limpia y discreta. El premio Nobel peruano y español Mario Vargas Llosa, después de ocupar muchos cargos oficiales, fue el candidato favorito para ganar la Presidencia de Perú por un partido de izquierda democrática, pero fue aplastado por Alberto Fujimori, quien haría un pésimo gobierno. La popularísima actriz María Elena Márquez fue la primera artista de cine que llegara a diputada. Su labor pasó desapercibida, después siguieron muchas otras diputaciones en personajes del espectáculo como León Michel, quien tampoco hizo nada, María Rojo quien a pesar de su gran popularidad y ser considerada diputada, senadora izquierdista y además jefa delegacional, tampoco destacó por su labor legislativa. Irma Serrano la Tigresa fue senadora y sí alcanzó a destacar por sus escándalos, pero no por su labor camaral. Silvia Pinal y Julio Alemán pasaron inadvertidos. O sea que los artistas y los intelectuales cuando llegan a la política resulta que no saben hacer política. Ahora conviene preguntarnos ¿Y los políticos son intelectuales? No faltará quien diga que no, que es precisamente la intelectualidad la gran carencia en nuestras figuras públicas. Sin embargo hay hechos destacables, el sonorense Adolfo de la Huerta fue presidente de la República y revolucionario, al terminar su mandato vivió en Hollywood donde fue reconocido maestro de bel canto ya que era un excelente tenor. Ernesto Zedillo y Felipe Calderón son catedráticos en prestigiadas universidades estadounidenses. Jorge Castañeda es un escritor que goza de fama como buen vendedor de sus libros. Algunos secretarios de Estado como los médicos Juan Ramón de la Fuente, Julio Frenk y Jesús Kumate ya eran figuras de la medicina y habían publicado innumerables artículos en revistas científicas, pero su labor al frente de la Secretaría de Salud fue eficiente en lo sanitario pero sin repercusiones en lo político. O sea que a fin de cuentas quedamos en las mismas. Ni los intelectuales han destacado en la política, ni los políticos suelen ser grandes intelectuales, aunque la balanza parece inclinarse más hacia estos últimos. Tal vez sean dos campos diferentes de la sabiduría humana, o tal vez sean líneas de pensamiento y de acción que no deben mezclarse, lo cierto es que hasta ahora, en la política nacional y mundial, no se avizoran cambios en la conducta que han seguido hasta la fecha. Y la historia lo confirma, Sócrates, Galileo, Descartes y Pasteur no tuvieron relaciones afortunadas con los mandos de gobierno. Una excepción memorable fue Benjamín Franklin quien fue de los líderes independentistas de Estados Unidos y uno de los redactores de la Constitución, además de un destacado investigador en el campo de la física, concretamente de la electricidad, poeta y escritor de temas sociales. Así que tal vez vamos a resignarnos a que los intelectuales sigan recomponiendo el mundo en el café y no se entrometan en la actividad pública y los funcionarios no se mortifiquen por parecer intelectuales.

 

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