Opinión

Y su nombre es… / Opciones y decisiones

En el contexto de la celebración del 440 Aniversario de la Fundación de la ciudad de Aguascalientes, considero oportuno rescatar el fragmento de nuestra memoria histórica concerniente a su acta fundacional, que determina “que agora y de aquí adelante para siempre jamás la dicha población e sitio de Aguascalientes se llame y nombre la Villa de la Ascensión”, su nombre. El tema no es de mero prurito histórico, sino la ocasión oportuna de comprender la instalación, vigencia y dominio del nombre posterior que, supuestamente, la identifica de origen ante el resto del mundo, como la ciudad que es. Dicha invocación no tendría relevancia alguna, a no ser por la posposición temporal que implica la friolera del paso de dos siglos de historia, en que acaecen los hechos y los dichos por los que finalmente habría de ser conocida -ésta, nuestra querida ciudad- como Villa de Nuestra Señora de la Asunción de las Aguas Calientes. Atendamos el dictum de su escrito fundacional.

En conversación informal con muy conspicuos intelectuales oriundos de Aguascalientes, hubo surgido la duda acerca de si se trata de una mera transliteración del amanuense que escribió el texto, o bien, que otros copistas así lo hubieran transcrito, como simple error de citación de un nombre eminentemente eclesiástico, ya que corresponde a la teología Dogmática, en sus vertientes ya sea Cristológica o bien Mariológica. A ojos vistas, es inviable la explicación de simple error por transliteración, por dos graves razones: la primera, que implica un desfase -entiéndase bien, no de uso y costumbres, sino formal- de dos centurias; y la segunda, por pertinencia de materia a dos dogmas distintos, el cristológico y el mariológico. Por lo que deduzco que se trata de un tema de fuente primaria, que constituiría el fundamento irrefutable de su verdadero origen. Y en este sentido, voy a referirme a un documento fuente que, al parecer, merece atención y crédito. Leamos.

Boletín A.8 de la Sociedad de Geografía y Estadística de la República Mexicana. Segunda Época. Tomo III. México. Imprenta del Gobierno, En Palacio. A cargo de José María Sandoval. 1871. Título para la Fundación de una Villa en el Sitio de Aguascalientes.



“Don Felipe por la gracia de Dios Rey de Castilla, de León, de Aragón, de las dos Cicilias, de Jerusalén, (…) Por cuanto por Juan de Montoro por sí y en nombre de Gerónimo de la Cueva, y Alonso de Alarcon y otras muchas personas nos fue hecha relación, diciendo que ellos querían poblar una Villa en el sitio y paso que dicen de Aguascalientes, junto á unas casas que dicen tener en el dicho sitio –Alonso de Avalos Saavedra, treinta leguas de la ciudad de Guadalajara y diez y seis de las minas de los Zacatecas, atento que de ello se seguía gran servicio a Dios e Nuestro, e seguridad de los pasajeros que iban y venían de las dichas minas de Zacatecas e Guanajuato y otros pueblos comarcanas que por allí pasaban a causa de las muertes y robos que en el dicho sitio y su comarca los indios de guerra hacían, (…) lo cual visto y consultado con el doctor Gerónimo de Orozco, nuestro Presidente de la nuestra audiencia e cancillería real que reside en la dicha ciudad de Guadalajara, nuestro gobernador de todo el nuevo reino de Galicia del nuestro Consejo, se proveyó e mandó se hiciese el asiento y traza de la dicha Villa a la cual pusimos y ponemos por nombre la Villa de la Ascensión, e fecho se trujese ante nos para que visto se proveyese lo que más conviniese a nuestro real servicio e para ello se dio cierto mandamiento e instrucción, (…) y nombraron alcaldes e regidores, e un síndico procurador de la dicha Villa, y lo trujeron y presentaron ante nos (…) y dalle el título de Villa para que gozasen de las preeminencias, prerrogativas e inmnunidades que las demás Villas de estos nuestros Reinos gozaban y le debían ser guardados, (…) por la presente es nuestra merced y voluntad que agora y de aquí adelante para siempre jamás la dicha población e sitio de Aguascalientes se llame y nombre la Villa de la Ascensión, a la cual señalamos y nombramos por términos suyos cinco legua a la redonda (…)”. –

“Dada en Guadalajara a veintidós de Octubre de mil y quinientos setenta y cinco años. –El Dr. Orozco.- Yo Luis Velez Cherino, escribano de cámara de la audiencia y cancillería real del nuevo reino de Galicia e de la gobernación de él, lo fice escribir por su mandado con acuerdo de su presidente e gobernador. –Registrada.- Pedro Martínez.- Canciller.- Pedro Martínez.- Corregido y concertado con la real provisión que lleva en su poder Juan de Monroy, alcalde mayor de las Villas de Aguascalientes y de los Lagos, corregidor del Valle de Teocualtichi y su jurisdicción, y de su mandamiento saqué este traslado y en fé de ello lo firmé y signé en la Villa de los Lagos, a diez y ocho días del mes de Agosto de mil seiscientos y once años, y el dicho alcalde mayor lo firmó. Testigos, Diego Mateos de Ortega y Diego Ortiz Saavedra.- Juana de Monroy.- En testimonio de verdad.- Francisco de Espinosa, escribano público.-Concuerda con el instrumento de real título que en él se expresa y queda en el archivo a mi cargo (…)”.

Asentado lo cual, podemos conjeturar que lo del nombre alusivo a Nuestra Señora de la Asunción de las Aguas Calientes va tomando carta de ciudadanía e incluso se va sobreponiendo al título original que fuera ordenado por cédula real como queda escrito, en el curso de los años -y yo dijera de al menos un par de centurias-. Verificados que sean los datos asentados en el documento en cita, tenemos por razón de verosimilitud y plausibilidad dos hechos de suma relevancia. El primero que se refiere al muy tardío pronunciamiento del dogma de la Asunción de la Virgen María, bajo la autoridad del Papa Pío XII, quien declaró el Dogma de la Asunción de la Santísima Virgen en cuerpo y alma al Cielo, el día 1 de noviembre de 1950.

El segundo, concierne a un evento histórico también de gran relevancia para el caso que comentamos, que sin duda es más cercano al hecho fundacional y que fue creciendo en importancia y densidad social a lo largo de los años, me refiero a la erección de la Diócesis de Aguascalientes, el día 27 de agosto de 1899. Segundo hecho fundacional -ahora religioso- que tiene como sede catedralicia el templo construido originalmente como parroquia principal de la Villa de Aguascalientes. Cuya evocación no puede ser menos emotiva.

Una de las fiestas más lucidas que se organizó en Aguascalientes durante el siglo XVIII fue la de la dedicación de la iglesia parroquial. Treinta y cuatro años tardó su fábrica y renovación, ya que empezados los trabajos en 1704, a iniciativa del señor cura don Antonio Flores de Acevedo, no se terminaron sino hasta 1738, cuando ocupaba la cabeza de la parroquia don Manuel Colón de Larreátegui. Treinta y cuatro años de esfuerzo común -y esto sin contar la construcción de las torres, que no fueron erigidas sino en 1764 la primera y en 1946 la segunda- tenían que ser festejados por el grueso de la población. Ocho días completos se dedicaron a los festejos, del sábado 4 al sábado 11 de octubre de 1738, aunque en realidad empezaron el día 3, en que se trasladó el Santísimo desde la iglesia de San Diego a su nueva morada ( http://goo.gl/mQjlrK ).

Sabemos que, a partir de los años treinta (1700) “la presencia de comerciantes peninsulares en el cabildo fomentó la competencia por obtener ciertos cargos y diversificó la composición de sus miembros. (…) Aguascalientes estaba cambiando (…). Fue a principios de este siglo cuando los Rincón Gallardo construyeron la mansión destinada a ser la casa del mayorazgo. La construcción de iglesias y conventos es también una muestra de los progresos económicos de la alcaldía, como lo fue el inicio de una nueva iglesia parroquial. (…) –El cabildo toma ciertas iniciativas como la del 27 de agosto de 1737 cuando el cabildo en pleno, incluido el alcalde mayor y un grupo de notables, mandaron pedir a la curia romana que se reconociera a la virgen de Guadalupe como patrona de la villa (…) porque la nueva iglesia parroquial de la villa estaba a punto de terminarse y se quería darle esta nueva advocación”, (Beatriz Rojas. “Las Instituciones de Gobierno y la Élite Local. Aguascalientes del Siglo XVII hasta la Independencia. Colegio de Michoacán e Instituto Mora. 1998.

Para el tiempo de la erección de la Diócesis de Aguascalientes, ya estaba decida su advocación que es el de la Nuestra Señora de la Asunción, cuya estatua principal fue importada de España, y quedó instalada en el capitel del altar mayor de la ahora Basílica Catedral, adscrita si mi memoria no me traiciona a la Basílica de San Juan de Letrán, en Roma.

Estos dos hechos hacen verosímil el hecho de la sustitución del nombre original de la villa, pero de ninguna manera pueden invocarse como título original dado y otorgado bajo la merced del rey don Felipe, como queda dicho y asentado. Felices fiestas fundacionales. franvier2013@gmail.com  

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Francisco Javier Chávez Santillán

Francisco Javier Chávez Santillán

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