La vida sin Beethoven sería un error / El banquete de los pordioseros – LJA Aguascalientes
13/08/2020


Y una obra que puede ser bella, poética, rica en efectos e interesante, no es obra de arte si no despierta en nosotros, aquella emoción particular, la alegría de sentirnos en comunión artística con el autor y con los hombres en compañía de quien leemos, vemos o escuchamos la obra en cuestión

¿Qué es el arte? León Tolstoi

 

Tengo el honor y el privilegio de impartir la cátedra de Historia de la Música en la Escuela Diocesana de Música Sacra, por cierto, y lo digo con una gran satisfacción, es la escuela de música activa más antigua de Aguascalientes, en enero del 2016 cumplirá sus primeros 75 años de existencia, ya habrá oportunidad de dedicarle a esta venerable institución algunas líneas, el asunto es que uno de mis alumnos, en alguna de las clases en donde veíamos el romanticismo musical, y seguramente percibiendo la pasión que este período me produce, me preguntaba acerca de mis compositores favoritos, no sólo del romanticismo, sino de la música en general. Me detuve a pensar un poco la respuesta, contestar esto no es fácil, creo que lo comprenderás, más si eres un apasionado melómano como tu servidor. Después de balbucear con inseguridad alguna respuesta, contesté con determinación: Bach, Beethoven, Brahms, obedeciendo a mi ortodoxa visión de la música, ya sabes, las tradicionales tres B’s alemanas que para los teutones es la santísima trinidad de la música, Bach Padre, como creador de la música, fuente de la que ha surgido toda la música tonal, e incluso atonal, como consecuencia de una relación causal, hasta nuestros días. Beethoven, cuyo pensamiento musical tiene la fuerza y la facultad redentora, es decir, su música tiene “eso”, que nos hace buscar el bien de manera natural, ser mejores personas por el simple encanto de su música. Y finalmente Johannes Brahms, el encantador Brahms cuyo lenguaje musical es lo suficientemente sólido y contundente para ser fuente de inspiración y consolación, lo cual comprobamos al escuchar su Réquiem Alemán o su Segunda Sinfonía, o su Concierto para Violín o…, lo que sea, es Brahms.



Pero además de este sagrado tridente alemán, no puedo dejar de mencionar a Anton Bruckner y a su majestad Gustav Mahler, el encantador y atormentado Mahler, ¿cómo entender la vida sin Mahler si su gloriosa Sinfonía Novena es la recapitulación de la vida, del mundo, del universo? Sin duda, estos son mis cinco compositores favoritos, no tengo la menor duda, sin ánimos de menospreciar el encanto y fascinación que me producen otros compositores como Mendelssohn, Vivaldi, Rachmaninov, Prokofiev, o algunos contemporáneos como Stockhausen, Cage o el mexicano Eugenio Toussaint.

Sí, todo esto está bien, pero mi alumno insistió, él quería saber cuál era mi favorito de favoritos, entonces contesté, sin dudar, sin pensar, la respuesta a esta pregunta no tenía que pensarla, le conste con toda la fuerza de mi convicción: Ludwig van Beethoven, y creo que poquito atrás, pero muy poquito, está Gustav Mahler, entonces percibí una ligera mueca en mi alumno, como diciendo: “lo suponía”.

Todo esto que te platico lo uso, quizás como pretexto, para llegar al punto, el 17 de diciembre del año en curso celebramos el 245 aniversario del nacimiento de Ludwig van Beethoven, 245 años en que la humanidad ha tenido la fortuna de conocer, disfrutar y enriquecerse con la música de uno de los más grandes genios creativos en toda la historia, no sólo en el lenguaje musical, sino en el inmenso e inagotable terreno del arte.

Recuerdo en este momento un ensayo que me impresionó y me hizo reflexionar acerca de nuestra concepción de arte, o qué entendemos por este término, se llama ¿Qué es el arte? y el autor de este ensayo es uno de los máximos representantes del realismo ruso, me refiero a León Tolstoi. Su lenguaje es concluyente, no acepta réplicas, casi demoledor, exactamente como el que usa en otro ensayo que no deja de ser polémico, pero igualmente apasionante, ese otro ensayo se llama “Sonata Kreutzer“, el escritor toma prestado el nombre de una de las obras para piano y violín más dramáticas y profundas que existen en el mundo de la música de Ludwig van Beethoven.

Pero volviendo al tema del ensayo sobre el arte, Tolstoi cuestiona casi todo, o buena parte de todo lo que tradicionalmente hemos aceptado como arte, su visión, por supuesto, no deja de ser cuestionable y podemos estar o no de acuerdo con él, lo cierto es que justifica con argumentos muy sólidos su radical postura a este respecto.

El hecho es que después de descalificar mucho de lo que incuestionablemente entendemos por arte, termina diciendo que los últimos seis cuartetos de cuerdas de Beethoven son, sin duda, el mejor ejemplo de lo que sí es arte, e igualmente justifica con sobredosis de inteligencia sus opiniones.

No es Tolstoi el único que ha considerado los últimos seis cuartetos de cuerda del genio de Bonn como lo más grande que se ha hecho en la música, claro, con mucho menos reflectores que su impresionante corpus sinfónico, con todo y la coral, declarada patrimonio cultural de la humanidad o su inmensa Missa Solemnis más allá de todas estas grande obras, estos últimos seis cuartetos de cuerdas son, para muchos, la cima más elevada del genio creativo humano.

Así que mejor apaga un rato tu televisión, aunque tengas señal digital, y escucha los Op. 127, 130, 131, 132, 135 y el Op. 133, la inconmensurablemente bella Gran Fuga, que por cierto interpretará aquí en enero el Cuarteto José White, ya comentaremos oportunamente sobre esto. Un abrazo para todos y muy feliz Navidad.

rodolfo_popoca@hotmail.com

 

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