Opinión

Breves Apuntes de la Historia de las Elecciones en Aguascalientes (II) / Debate electoral

En nuestra entrega anterior, ponía como contexto para la historia de las elecciones en Aguascalientes, el trayecto histórico electoral de México desde la época prehispánica y el virreinato, hasta la inminente guerra de Independencia.

Para ello, en ese entonces, la figura más elaborada en la materia fueron las Cortes de Cádiz, generadoras de la Constitución monárquica, documento que preveía el funcionamiento del gobierno a través no sólo del monarca, sino de las propias cortes.

La elección de los diputados fue trascendental en el movimiento político de entonces, puesto que, además de acotar la figura del omnipotente rey, también daba reconocimiento legal a los virreinatos (que no colonias, propiamente) en las que se extendía el reinado español.



Las Cortes se definían a sí mismas como la reunión de todos los diputados que representaban a la nación española, nombrados por los ciudadanos. Su propósito era juntarse en la capital del reino durante tres meses consecutivos anualmente, para hacer las leyes con el afán de ese entonces, de servir como apoyo y contrapeso del Rey, cuya labor era la de ejecutar las disposiciones legales.

La elección de aquellos primeros diputados, era una elección indirecta. Al no existir propiamente organismos electorales ni un padrón electoral se confiaba en la buena fe de quienes intervenían en el proceso.

Los primeros esbozos de la geografía electoral los encontramos en los niveles en donde se desarrollaba el proceso electoral: tomando en cuenta la circunscripción religiosa-administrativa, todos los ciudadanos avecindados y residentes en el territorio de una parroquia conformaban lo que se dio en llamar Juntas Electorales de Parroquia.

Preside la Junta Parroquial, para efectos electorales, el jefe político o autoridad administrativa, que podía ser el alcalde, y tenía como asistente al párroco del lugar. Se nombraban, para los efectos, a dos escrutadores y un secretario. Su función radicaba en elegir once compromisarios que tenían como labor electoral designar, por cada 200 vecinos, un “elector parroquial”.

Estos electores parroquiales se reunían en Juntas Electorales de Partido, un símil de lo que conoceríamos como un Distrito Electoral. De esas Juntas de Partido se elegirían a tres “electores de partido” por cada uno de los diputados que correspondiera finalmente elegir. Aquí, “partido” mantiene un contexto geográfico, equivalente a una porción del territorio y no debe confundirse con el vocablo que identifica a las organizaciones políticas actualmente.

Los diputados eran finalmente electos en las Juntas Electorales de Provincia, ya teniendo como sede la capital provincial y conformadas por los electores de partido. Se elegía al propietario y su suplente por cada 60,000 personas a través del principio de mayoría absoluta de los votos.

En su obra, Pérez de los Reyes distingue, de manera precisa, la actuación de los diputados provinciales, que más bien servían como contrapeso del poder centralista del virrey y de la Real Audiencia, autoridades máximas en nombre del rey de España en el Nuevo Mundo que, por estar alejadas de la capital del reino, en más de una ocasión seguramente se excedieron en las ya de por sí, amplias facultades que poseían.

Para la Nueva España se contó con seis diputaciones, con sedes en México, San Luis Potosí, Guadalajara, Mérida, Monterrey y Durango. Sin querer, se sentaron unas bases de lo que después sería conocido como el Federalismo, pero sobre todo, se permitió que la ciudadanía se convirtiera en una fuerza política básica.

Después de un periodo de convulsión histórica, las Cortes desaparecen y vuelven a aparecer periódicamente con más o menos funciones, hasta que son definitivamente desconocidas desde la península, justo en el tiempo en que la revuelta insurgente va incrementándose en el territorio nacional y se apodera de la historia misma del país. En posteriores entregas, se analizarán los primigenios intentos de la muy reciente nación mexicana por dotarse de una constitucionalidad y dar paso estrictamente a la historia de los procesos electorales en el estado de Aguascalientes.
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Luis Fernando Landeros

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