Cartagena de Indias / De imágenes y textos - LJA Aguascalientes
27/05/2024

Hay lugares en este planeta donde parece que la vida corre en sentido contrario, Metrópolis, ciudades, pueblos, comunidades enteras son gobernadas por los más fuertes y no precisamente por el gobierno constitucional. Se asoma la miseria y en los rostros la esperanza de que algo bueno llegará de donde sea y como sea, el contraste marcado y la inevitable comparación con las naciones desarrolladas; las calles de Chicago no son iguales a las de acá, si Gabriel no se hubiera ido al gabacho no tendríamos la referencia para cotejar nuestras diferencias y entonces la ceguera nos mantendría tranquilos.

Rafael Nassar, un joven habitante de Cartagena de Indias, de esos pocos que no abandonó la tierra que lo vio nacer, con el firme pensamiento de que el sueño americano no está del otro lado de la frontera sino ahí donde tiene los pies arraigados, con callosidades tan profundas que parecen raíces de eucalipto, terco, inteligente, pero sobre todo astuto; de baja estatura como Gabriel y como todos los de su nación, Rafael Nassar se consiguió trabajo con el Coronel, veterano de guerra que vive sus últimos días metido en el negocio de la naranja. La chamba es dura, le advirtió, pero si lo haces bien puedes ganarte buenos pesos, la paga es semanal, la jornada es de las 7 de la mañana a las 5 de la tarde, puedes comer siempre y cuando no tardes más de media hora, no puedes disponer de la mercancía y si te sorprendo robando, con este machete que traigo aquí te corto la mano. Rafael Nassar asintió con la cabeza, levantó el morral que lo acompañaba en su primer día de trabajo y se retiró al campo.

No pasaron ni cinco días cuando el Coronel se percató que el nuevo trabajador estaba haciendo negocios a su espalda, vendía las naranjas a los habitantes del pueblo de enfrente quedándose con el dinero. Sobre aviso no hay engaño, Rafael Nassar sabía que si se encontraba con su patrón quedaría manco, así que decidió huir de Cartagena de Indias, esperó a que cayera la noche, tomó su morral, metió el dinero que ganó con la venta de las naranjas del Coronel y sin pensarlo más comenzó a caminar por las calles desoladas, llenas de nada y con un tufo a viejo que le impulsaba a no voltear atrás. Con la astucia de un gato que se esconde debajo de los autos, los faroles y las paredes, Rafael Nassar avanza, cuando de pronto, es copado por Melquiades el de Macondo, viejo comerciante de todo tipo de productos. ¿A dónde con tanta prisa Rafael? Sin saber qué responder lo miró fijamente a los ojos mientras aferraba a su pecho el morral con el dinero. ¿Te comió la lengua el ratón, o ya te la cortó el Coronel? Rafael Nassar se hizo de valor y trató de escapar de la emboscada; la gente de Melquiades el de Macondo lo detuvo del cuello arrinconándolo en la esquina de la calle. Conozco de tus habilidades Rafael, sé que eres astuto… y traicionero, por eso estoy aquí, necesito un elemento como tú, así tal cual, no tienes opciones, si dices que no, le llamo a mi compadre el Coronel, así que bienvenido al negocio.

Callado aún, sin saber qué responder, Rafael Nassar, incómodo por la forma en que lo retenían del cuello, bajó la mirada esperando el momento para liberarse, correr por las calles que conocía como la palma de su mano, sin embargo las manos de la gente de Melquiades el de Macondo ya eran más grandes que su cabeza y pesaban casi como los costales de naranja que había vendido. Por fin articuló palabra: Está bien, ¿qué tengo que hacer? Acomodar mi mercancía, tú conoces la región, te pago con pesos y con producto para que vayas haciendo tu propia red, yo no corto manos, acá se paga con la vida. Rafael Nassar había encontrado lo que buscaba, el camino estaba frente a él, ante sus ojos el poder, hacerse de dinero, aprendería el oficio, aprovecharía sus habilidades y aunque ilícito, era el trabajo que le permitiría ser el hombre más rico y por consecuencia el más buscado del mundo.

Los amaneceres se fueron juntando y el dinero también, las noches en vela para cuidar el patrimonio y mantenerse vivo, la técnica y las estrategias cada vez más precisas, más especializada, el arte de delinquir aprendido de los expertos pero mejorado y rebasado por mucho, la inteligencia de Rafael Nassar lo convirtió en el mejor.

Con el dominio del mercado no sólo en Latinoamérica, era necesario saciar la ambición, aquella que desde niño pretendió; era el momento de hacerse presente en las esferas políticas, de incidir en las decisiones y en la economía de su querida nación. Los años acumulados en su rostro y los fantasmas de todos aquellos que no eran sus amigos corriendo a lado de su vida, hacían de Rafael Nassar un hombre más analítico listo para amasar más dinero.

Una de las tardes más apacibles en Cartagena de Indias, un rumor como pólvora corría en el ambiente, Aureliano Buendía había alcanzado la presidencia de la República y quería sentarse a la mesa con Rafael Nassar para arreglar las cosas, las muertes que este personaje ocasionaba eran incontables y eso hacía que la nación fuera vista como uno de los países más peligrosos. Casi sin espacio para maniobrar y con la inversión extranjera con las maletas listas para partir, Aureliano Buendía pedía tregua, haría lo que Rafael Nassar le pidiera con tal de recuperar lo perdido. Hagamos un trato, le dijo, necesito que el pueblo y los inversionistas estén tranquilos, estás acabando con todo, finjamos tu captura, te garantizo seguridad para ti y tu gente, te ofrezco el mejor lugar para vivir alejado de los reflectores, busca un doble, lo detenemos hacemos todo el espectáculo, los medios están conmigo, guardamos a tu cuate un rato y luego lo fugamos. La oferta era buena sin embargo Rafael Nassar no confiaba en Aureliano Buendía, sentía que era un hombre quisquilloso y falto de carácter. Acepto pero quiero que la historia no termine así; fugamos a mi compa, evitas la extradición, los gringos no son como tu gente, no los he podido comprar, además abrirán la boca cuando vean que mis huellas digitales no coinciden con las del otro; lo fugamos mientras arreglo unas cosas, involucras a artistas de la farándula, no sólo de aquí, metemos a un güero para que sea creíble; mira, Aureliano Buendía, siempre he soñado con que hagan una película de mi vida, ayúdame con eso, tú financia la producción, yo tengo para hacer cien películas pero creo que si estamos negociando, entonces eso te toca a ti, quiero que salga Ángela, sí, la Vicario, está bien chula la condenada y pues andamos quedado, ya tenemos el guión, mira, cuando mi compa se escapa después de un tiempo lo vuelves a agarrar, lo metes al bote y luego, ahí adentro Ángela organiza un motín para rescatarme, en la trifulca ambos mueren, él y ella, bueno, los dobles, me entiendes, y así acabas conmigo, recuperas tu credibilidad con el pueblo y tus empresarios, yo me voy a donde me ofreces y desde ahí manejo el negocio, así como lo hizo Melquiades el de Macondo, pero sin cirugía.

¿Qué te parece, Aureliano Buendía, le entras?… Le entro, Rafael Nassar.

 


[email protected] | @ericazocar


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