Opinión

Del dicho al hecho… / Opciones y decisiones

Sí importa, y mucho, la distinción real entre “querer decir” / y “decir” lo que es. Esta oposición fundamental entre los dos modos de decir posibles, sitúa necesariamente al lenguaje como el mediador indispensable de la historia y de la sociedad con el ser de las cosas, relación existencial por la cual son o no son esto o aquello. Octavio Paz lo expresa en una línea poética: “Bosques de cristal de sonido, bosques de ecos y respuestas y ondas, diálogo de transparencias. Octavio Paz, El cántaro roto (Libertad bajo palabra, 1949). Y la razón significativa, el lenguaje está hecho no de palabras sueltas, sino de frases, que siempre pueden explicarse por otra frase, a este hecho de la historia y de la sociedad, el poeta le llama “un querer decir”, que permanece revisable, sustituible; que contrasta con el lenguaje de la poesía, que es un “decir” insustituible, irrevocable, en esencia es inexplicable, no necesita de frases alternativas, dice lo que dice, dice lo que es. (Cito mi columna: LJA. Diálogo de transparencias. Sábado, 5 de abril, 2014).

La ocurrencia y mejor dicho la recurrencia de las cosas pone a la transparencia, de nueva cuenta, en el mapa político, en el spotlight (bajo el reflector), tanto desde lo local como en el ámbito nacional. Nos sentimos con la necesidad de transparentar las formas y los modos opacos, supuestamente auto-explicativos bajo el uso político del lenguaje que no enmascara otra cosa que la patética falta de rendición de cuentas de los políticos a los ciudadanos, y oculta los hechos -éstos, sí, causados por actos anti-éticos de corrupción-, innombrables, o bien de sospechables conflictos de interés.

Recordemos que en Aguascalientes, hace apenas dos años, tuvimos durante tres años la gracia de un Observatorio Ciudadano Municipal, probablemente imperfecto, como tantas otras instituciones sociales e históricas nacientes; que, al fin y al cabo, concitó y concentró a una gama variadísima de organizaciones no gubernamentales o provenientes de la sociedad civil. El cual, desde mi punto de vista fue un organismo variopinto en cuanto a temas y objetos sociales a observar, trató de visualizar, y aun de auditar, convocando a una optimista participación ciudadana organizada, inédita. Ese ejercicio produjo resultados, a la mejor inesperados, pero esperanzadores y tan reales como una auditoría ciudadana, que en los hechos legó un Programa de Mejora Continua para el aparato de gobierno del municipio capital. La efusión entusiasmada de sus actores ciudadanos, pronto cayó en el silencio, se reeditó en un Consejo Ciudadano -del que ojalá pudiésemos escuchar voces de transparencia real y no ficticia- y, para decirlo con Octavio Paz, caído en un nuevo querer decir que nunca logró decir lo que realmente es. Eso que verdaderamente pasa bajo una acción de transparencia, no simulada ni fingida.



Dentro de las reformas estructurales, tan cantadas y sonadas, existe desde luego esta de la Ley de Transparencia, que transformó de nueva cuenta al IFAI, ahora en un organismo supuestamente superpoderoso y aun “con dientes” (¿por qué recurrimos otra vez a la atávica figura de la mordida?), y adivine usted, reciclado como transparentemente multimillonario. Ahora sí va en serio la transparentación de los dineros contantes y sonantes que van a las bolsas, muy codiciosas también del INE y sus conductores designados en los partidos políticos. Toda una maravilla de transformación política que ya emergió de gusano de crisálida en bella mariposa monarca. La página web del IFAI invita a que usted, ciudadano común, inscriba su curriculum, para ver si acaso llegan a requerir de sus habilidosos servicios, pero adivine qué, si lo hace siéntese a esperar, a ver si la matrix digital vertiginosa y de billones nanotecnológicos binarios atinan a elegir de su red, sacar su curriculum para valorar sus méritos profesionales, igualito que pasa con la compra de un billete de lotería. Es una participación ciudadana transparentada, no faltaba más.

Dicho lo cual nuestro reto -si lo aceptamos como heroica misión imposible- será evitar la patológica y demencial confusión del lenguaje político, sobre todo cuando busca intencionalmente la indefinición, la ambivalencia de las palabras que pronuncia. Para los actores políticos, actantes -diría la Semiótica-, el recurso a los términos equívocos es la mejor opción para enmascarar la realidad y, por tanto, para hacerla opaca, turbia, intraspasable, ilegible, inentendible, incomprensible, eternamente revocable, sustituible, un eterno retorno del “querer decir”.

Este y no otro modo de decir las cosas es lo que hace del decir político un lenguaje que aparte de siempre “querer decir” es un decir para enmascarar algo, la realidad; efecto que elevado al nivel del conocimiento crítico-racional hace opaca, ensucia, enturbia el diálogo con verdad, el diálogo de verdad, la verdad del decir de los dialogantes. De ahí la suma importancia de la búsqueda real y efectiva por la transparencia.

Y como todavía no tengo memoria del futuro, me remito a la memoria del pasado en que ensayando una analogía imperdible de este procedimiento, dije: lo pudimos observar con meridiana claridad, el pasado mes de septiembre de 2011, en que nuestro estado renovó el Consejo del Instituto de Transparencia del Estado de Aguascalientes, ITEA. Para entonces teníamos ya instalada la renovación flamante de los dos órdenes locales de gobierno, bajo el lema: “Año del Bicentenario de la Independencia Nacional y Centenario de la Revolución Mexicana”, cabe cuyo Congreso del Estado, la LX Legislatura convocó solemnemente a: conformar la propuesta de ciudadanos a ser electos como Comisionados Propietarios y Suplentes de la Junta de Gobierno del Instituto de Transparencia.

De su convocatoria, omito los requisitos dignos de una magistratura, con examen de conocimiento no tanto de las leyes propias de nivel federal y estatal, sino del manejo sibilino, enigmático y jurisprudencial digno del más retorcido y colmilludo abogado litigante versus el más pintado magistrado calificado en la tecnocracia nanotecnológica de citas de la numerología infinita de la legislación vigente, reformada, abrogada, derogada y comparada. Que a nosotros, me incluyo como contendiente, que participamos en tan transparentada justa, nos hizo ver bizcos, para desentrañar los resquicios y subrepticias hipótesis legales planteadas a nuestro análisis rápido y furioso, para emitir solemnemente una salomónica decisión. Cuyos méritos finales mostrarían indefectiblemente el sino aprobatorio o reprobatorio de los peritos sinodales. De los cerca de 53 participantes quedaron tres. Así fue, lo juro.

De la labor realizada de ese consejo renovado del ITEA, ya conocemos sus prendas. Se logró el innombrable objetivo de posicionarnos en transparencia a nivel nacional, en los últimos 5 peores rankings del país. Un bien ganado posicionamiento, digno de la urdimbre palaciega de nuevas figuras políticas como la de jefe de Gabinete y secretario de Gobierno, a secas, sin aquello de general, y un Congreso local obsequiante, obsequioso y aquiescente de la partidización de los órganos independientes y nominalmente ciudadanos.

La otra prueba del ácido, que hubimos de pasar, fue la de comparecer ante la comisión mixta exprofeso del Congreso, ante la cual debíamos expresar una propuesta personal que nos hiciera merecedores del alto encargo. Yo, habiendo leído las leyes en la materia y analizado la estructura orgánica tanto del IFAI como del ITEA local, inferí que una propuesta plausible sería la del fortalecimiento estructural y funcional de nuestro órgano de transparencia, para lo cual sinteticé diciendo, no sin cierta picardía -lo reconozco-, que la razón fundante de la necesidad de respaldar decisivamente a tan importante órgano ciudadano, se evidenciaba en que tanto el consejo como el equipo institucional del órgano local total cabían varias veces en la sola oficina-staff de la entonces comisionada presidenta del IFAI, en el ámbito nacional, Jacqueline Peschard Mariscal. Mención que de parte de las y los diputados auscultantes me mereció una comedida, giocondina y divertida sonrisa como respuesta de tal cuerpo legislativo dictaminador. El resto ya es historia, punto final.

A la presente Legislatura al pedido del ITEA de incremento presupuestal no le mereció más que un despectivo, que primero den probados resultados. Amén. Por ello estoy de acuerdo con el pronunciamiento emitido, con motivo de la presentación de la OSC “Para que tú Avances”, del Foro de Transparencia y Lucha Anticorrupción, por el investigador del Colegio de Sonora, Víctor Peña, cuando dijo: “Modificar la constitución no es el arreglo, no sólo es la parte normativa, sino en la gestión” (Fuente: Lja. Sociedad y Justicia, viernes 15 de enero de 2016).

franvier2013@gmail.com

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Francisco Javier Chávez Santillán

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