“El resto es ruido”... El arte de Pierre Boulez / El Banquete de los Pordioseros - LJA Aguascalientes
21/01/2022

Tenía ya prácticamente terminado del Banquete que amablemente estás ahora leyendo cuando me enteré de la muerte de David Bowie, claro, me sorprendió, aunque sabía de su enfermedad, así que por supuesto, entré en conflicto, por un lado la muerte del Duque de Blanco obliga a dedicarle algunas líneas, por otro, la reciente desaparición de Pierre Boulez, director de orquesta y compositor, también exige nuestra atención, así que con tu permiso, o sin él, he decidido ocuparme esta semana del maestro Boulez, y la próxima, si Dios no dispone lo contrario, habremos de ocuparnos del camaleón del rock.

Dirigir sin batuta es algo muy propio del período barroco y del clasicismo vienés, es normal ver trabajar a directores que se desenvuelven dentro de este repertorio hacerlo sin batuta, y en algunos casos, sobre todo si el director es muy ortodoxo y respetuoso de las formas, lo veremos dirigir sin podio, al nivel del piso.

Pero más allá de obedecer a formas o reglas no escritas, está también la cuestión de estilos, de cómo le gusta trabajar a un director, Pierre Boulez solía dirigir sin batuta, aun cuando buena parte de su campo de acción se desarrollaba en el exigente y difícil terreno de la música contemporánea, de hecho es un especialista en este tipo de repertorios con ideas perfectamente bien definidas respecto a la música atonal y de cómo se debería abordar este tipo de obras.

En alguna ocasión, entre septiembre del año 2000 y agosto de 2004, período en el que el maestro Enrique Barrios dirigió la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes, comentaba con él este tópico respecto de las formas de dirigir y de cómo se debería asumir tal o cual repertorio, el maestro Barrios me decía algo que entendí hasta que, en un vídeo, vi dirigir al maestro Boulez: “se puede dirigir con las manos, con los hombros, con las cejas, con la vista, el director tiene muchos recursos para lograr los resultados que busca”. Pierre Boulez así dirigía, echaba mano de todo, y su dominio sobre la partitura y su don de mando ante la orquesta era evidente y absoluto, no había la menor duda respecto a quién tomaba las decisiones y decía cómo se deberían hacer las cosas.

Siempre que se le pregunta a un director de orquesta que cuál es su compositor, o compositores favoritos, responden, invariablemente, que es el que van a dirigir en su próximo concierto, al menos esto es lo que me dice mi experiencia, lo que de manera personal he vivido, todos contestan, más o menos lo mismo, cuando sabemos que más allá del compromiso que debe representar para cada director el compositor o compositores que tienen en ese momento en el atril, definitivamente, sí tienen una serie de compositores que más les favorecen o con quienes se sienten más cómodos. El maestro Pierre Boulez nunca tuvo impedimento al señalar a Mahler, Debussy, posiblemente su favorito, Bartók, Stravinsky Mozart y Bach, como los que sacaban lo mejor de él como intérprete.

Sobre estos grandes genios de la composición hay soberbias y majestuosas referencias, el Mahler de Riccardo Chailly es indispensable, como también lo es el que nos proponen Georg Solti con la Sinfónica de Chicago, Claudio Abbado y Herbert von Karajan, ambos con la  mítica Filarmónica de Berlín, pero la Sinfonía Séptima del atormentado y fascinante Mahler no puede encontrar mejor intérprete que con el maestro Boulez al frente de la Orquesta de Cleveland, la verdad deliciosa, es un manjar auditivo, de hecho, la Orquesta de Cleveland cuenta en su repertorio algunas de las mejores versiones del impresionante corpus sinfónico de Mahler trabajando con diferentes directores. Valdría la pena dedicar un banquete a este asunto de una misma obra ejecutada por diferentes directores trabajando con la misma orquesta, o bien, la misma obra con un mismo director pero con diferentes orquestas. ¿Sabes?, esta es una de las cosas que hacen encantadora a la música, que no hay versiones definitivas y en términos de interpretación de la gran música de concierto, no hay nada escrito.

Por cierto, si nos referimos a directores o intérpretes en general que se han especializado por determinados compositores, como el caso del pianista Vladimir Horowitz interpretando el Concierto No. 3 de Rachmaninov, o Eugene Jochum dirigiendo las sinfonías de Bruckner, se hace necesario citar la obra “Perfect Stranger” de Frank Zappa con el ensamble Intercontemporáneo, una organización camerística de aproximadamente una treintena de atrilistas especializados en música contemporánea y dirigidos justamente por Pierre Boulez. No sé realmente si el genio creativo de Zappa pensó en Boulez como intérprete al momento en el que escribió tan complicada e inteligente partitura, lo cierto es que le quedó como anillo al dedo, sin duda es una obra creada para él, Boulez es eso, se le puede intuir en cada compás de la obra de Zappa.

Pero no es sólo su inmaculada labor como intérprete, su trabajo como compositor, si bien es verdad que no cuenta con la misma atención mediática, de ninguna manera podemos ignorarlo. Es cierto, Boulez es un compositor difícil, compone más o menos como dirige, no es un compositor de ideas ortodoxas y convencionales, como tampoco es un director apegado a fórmulas convencionales que rechaza todo facilismo vulgar y conformista.

Pierre Boulez murió el 5 de enero a los 90 años de edad, al repasar su trabajo como director de orquesta y de gran dictador de la cultura musical, nos resulta fácil entender lo que dijo de él el crítico Alex Rose: “El resto es ruido”, así define este musicólogo los linderos musicales el gran Pierre Boulez.

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