George Dedlow / Hombres (y mujeres) que no tuvieron monumento - LJA Aguascalientes
23/05/2022

José Luis Justes Amador

“Las siguientes notas sobre mi propio caso han sido rechazadas, con diversas excusas, por todas las revistas de medicina a las que se las he ofrecido. Quizá había ciertas razones para ello porque muchos de los hechos médicos que se registran no son nuevo de por sí y porque las deducciones prácticas a las que me han llevado no son en sí mismas de interés médico. Debo añadir también que gran parte de lo que aquí se relata no tiene tampoco mayor valor científico; pero como hay uno o dos personas, de cuyo juicio me fío, me han dicho que las publique, así lo hago”.

Así comenzó en 1866 el informe del neurólogo Silas Weir Mitchell titulado “El caso de George Dedlow” que, como bien explica, fue rechazado por las revistas médicas de su tiempo para ser publicado, anónimamente, en el Atlantic Monthly. Y, significativamente es el primer estudio publicado sobre un caso de miembro fantasma, es decir, el de aquel enfermo que ha perdido, por accidente o por amputación médica, un miembro de su cuerpo, que sigue “enviando” reacciones al cerebro.

“Sentí de pronto un fuerte calambre en la pierna izquierda. Traté de llegar hasta ella… con mi único brazo, pero, encontrándome demasiado débil, llamé a un enfermero. ‘Por favor, hágame unas fricciones en la pantorrilla izquierda’”. // “¿En la pantorrilla…? ¡Si no tienes ninguna, compañero! ¡Te las tuvieron que cortar!”.

Cualquier guerra, especialmente en la época moderna es, irónicamente, un campo de estudio para los doctores. La guerra de secesión usamericana fue el propicio para Silas Weir Mitchell con seiscientos mil soldados muertos y más de medio millón de heridos y la introducción de las destructivas, aunque no necesariamente mortales, balas cónicas giratorias. En los hospitales de campaña (donde “el soldado se convierte en un cobarde y el hombre más fuerte apenas está algo menos nervioso que la niña más histérica”) fue donde Mitchell descubrió casos como el Dedlow, en soldados que seguían quejándose de dolor en brazos o piernas que ni siquiera existían.

Como a muchos otros médicos que vivieron la primera contienda moderna, Mitchell tuvo la oportunidad de trabajar directamente con el dolor de los heridos y con nuevos tipos de dolor. Pero en el caso de George Dedlow se enfrentó con tres dificultades. La primera era que no había ningún antecedente de la dolencia. El segundo problema era de carácter más práctico: ¿cómo paliar el dolor en un lugar que no existía? El tercero lograr una mejora en el paciente que remitía a un doble campo de batalla: hacer que dejara de sentir dolor tanto en la parte física irreal como en el cerebro real. Dos de las muchas aportaciones de Weir Mitchell a la medicina se basan precisamente en el “síndrome del miembro fantasma”, la causalgia y la neuritis ascendente, los nombres científicos de esa dolencia que había descubierto, una dolencia que además le presentaba un problema añadido, el mayor de todos. George Dedlow sentía algo que no presentaba ningún síntoma objetivo. Señalar dolor en una parte que no existe no podía ser medido sino mediante la subjetividad. ¿Podía alguien sentir dolor en un miembro fantasma? ¿Era ese dolor real? ¿Y, en caso de serlo, era físico o mental? Es decir, ¿el síndrome del miembro fantasma es una enfermedad que afecta al cuerpo o era un trastorno mental?

“La explicación más plausible hoy en día consiste en que el cerebro sigue teniendo un área dedicada al miembro amputado por lo que el paciente sigue sintiéndolo: ante la ausencia de estímulos de entrada que corrijan el estado del miembro, el área genera por su cuenta las sensaciones que considera coherentes”.

La experiencia de Mitchell con heridos menos graves que Dedlow lo llevaron a proponer algo que resultó radicalmente nuevo en su época, la “cura de descanso”, una propuesta que consistía en no hacer nada literalmente para tratar enfermedades mentales como la neurastenia y la histeria y que llegó a conocerse popularmente con “ir con el doctor Dieta y el doctor No-hacer-nada”. Una cura que, en su radical innovación, mereció hasta la burla de la misma Virginia Woolf: “te ordenan que descanses en la cama, que descanses en soledad, que descanses sin amigos, sin libros, sin mensajes; que descanses seis meses hasta convertirte en alguien que pesaba noventa y acabe pesando ciento cincuenta”.

La fama, ya olvidada de Weir Mitchell, al que se le llegó a comparar en genialidad con Abraham Lincoln, se basó en campos tan diversos como la neurología, llegando a influir en Sigmund Freud. La enfermedad de Mitchell, de nombre científico erythromelalgia, nombrada por él también como resultado de los heridos de la guerra, supone una inflamación exagerada de los miembros y extremidades por bloqueo de los vasos sanguíneos. Además fue un experto en psiquiatría, toxicología, escritor en la mayoría de las revistas científicas de su tiempo y conferencista en los congresos médicos de su país y el continente europeo. Sus monografías fueron del veneno de serpiente a la higiene intelectual, de la neurastenia a las enfermedades nerviosas de las mujeres, de los efectos de las heridas de bala a las relaciones entre enfermera, doctor y paciente.


Además S. Weir Mitchell publicó unos más que olvidables libros de poemas, a los que historiador de la literatura usamericana tiene la decencia de llamar “respetables”, y acuñó el término “miembro fantasma” que usó en dos obras: Injuries of Nerves and Their Consequences de 1872 y en The Case of George Dedlow en 1866. Entre las dos obras había una gran diferencia, no en la explicación de los síntomas o en la descripción del síndrome, sino en el hecho de que al ser rechazada su explicación antes otros doctores no tuvo más remedio en la primera de la obras que inventar un hombre, un nombre, un caso que fue antes literatura que ciencia porque George Dedlow jamás existió.


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