PRI y gobierno de Aguascalientes, unidos en campaña electoral 2016 / De política, una opinión - LJA Aguascalientes
08/12/2022

La escuela político-democrática en México, iniciada después de la Revolución Mexicana, enseñó que el gobierno debía manejar y conducir los procesos electorales; la razón principal para justificar esta forma de llevar a cabo los procesos electorales se centraba en el mantenimiento de la paz y la concordia, que, a su vez, permitiría al país un desarrollo integral sin “desviaciones ni interferencias” de los intereses políticos posrevolucionarios. Este criterio pareció superado con las muchas reformas político-electorales que se impulsaron desde 1978, y más todavía, a partir del año 2000. Sin embargo, observamos que tal circunstancia no ha cambiado del todo, y menos a partir del año 2013.

En el punto de partida, recordamos el audio dado a conocer por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), en octubre pasado durante el juicio de revisión de la elección de gobernador en Colima, en que el priista secretario de Desarrollo Social del Gobierno del Estado decía: “Está el señor gobernador, al que tenemos que apoyar. Es una ley no escrita en política: gobernador deja gobernador, presidente deja a presidente, ésa es su responsabilidad. Y si tú estás aquí por Mario (Anguiano), es apoyar a Mario para que deje un gobernador priista” (El Economista, 22 de octubre 2015).

La pregunta obligada es ¿qué elementos encontramos en el medio ambiente político de Aguascalientes para decir que el PRI y el Gobierno del Estado se encuentran unidos para llevar a cabo la campaña electoral 2016?



 

El origen del actual escenario político lo ha construido el gobernador de Aguascalientes, Carlos Lozano, durante sus cinco años de administración; la característica común ha sido la regresión democrática, el autoritarismo y la subordinación del Congreso del Estado a sus particulares formas políticas (la mayoría de su bancada proviene de oficinas del Gobierno del Estado, a quien rinden cuentas). Entre los muchos elementos de prueba de este contexto político, se encuentran las palabras del magistrado electoral Salvador Nava en la sesión en la que resolvieron la inconstitucionalidad de varios requisitos para candidatos independientes que el Congreso de Aguascalientes aprobó, cuando expresa su preocupación y su pena por la calidad democrática que ve en el estado (LJA, 21 enero) (¿a quiénes estaban dedicados los requisitos irracionales, desproporcionados y alejados de toda idoneidad, según el magistrado?).

Agreguemos que el mismo tribunal anuló la elección de diputado federal en el Distrito I debido a la intromisión de Lozano el 7 de junio (quien graciosa y divertidamente respondió que debían haberse anulado todos los distritos, porque en todos hizo lo mismo).

Al estilo de la misma escuela política-democrática, los dirigentes estatales del PRI en Aguascalientes han sido designados por el primer priista del estado. ¿Por qué decirlo así? Cuando las designaciones se hacen como intercambios de personas entre el gobierno y el partido, algo indica: la nueva presidenta estatal -que fue suplente del senador Lozano- viene de la delegación federal de Sedesol (habiendo sido propuesta por el gobernador), el secretario general del partido viene de la Secretaría de Bienestar y Desarrollo Social del Gobierno del Estado, y el secretario de Organización viene de la Delegación Federal del INEA, propuesto también por el gobernador. Además, el nuevo secretario de Bienestar y Desarrollo del Gobierno del Estado viene de la Secretaría de Organización del partido. Son enroques que no se pueden hacer cuando hay separación entre partido y gobernante, o cuando un gobierno está haciendo un trabajo de calidad para la sociedad.

Ahora, ¿qué se puede pensar de estos intercambios?, ¿qué implicaciones tienen los movimientos, con qué finalidad se hacen? Recordemos que los programas de desarrollo social -seguramente como en Colima- han tenido uso partidista; los funcionarios “dan” a electores de los segmentos en pobreza importantes beneficios, que serán recordados durante la campaña y el día de la elección, destacando quién y qué partido es el que “se los ha proporcionado” (por ejemplo, las pantallas de televisión).

Tomemos dos elementos más: el primero consiste en que, rutinariamente, cuando el PRI ha hecho cambios de dirigencia con motivo de procesos electorales, éstos se han producido después de que ha sido “elegido” el candidato, y no antes, en razón de que el candidato es el que hace los nombramientos con personas de su equipo; en Aguascalientes se hicieron antes, pensando en que el candidato sería el impulsado por el gobernador.

El segundo elemento es interesante: recordemos las palabras de Lozano cuando mencionó que el presidente Enrique Peña le señaló (supuestamente, ya que nos atenemos a las palabras del gobernador) que “estaba haciendo un buen gobierno” en Aguascalientes, pero que no ganaba elecciones. Reclamo que le significa un obligado compromiso para ganar elecciones, ya que, de lo contrario, quedaría en una posición incómoda ante el presidente (la cereza del pastel del gobernador es entregar la gubernatura a un priista).


¿Por qué recurrir a la necesidad de agradar al presidente de la República? Entrevemos algunas razones, siendo una de ellas, el que va a requerir de protección una vez que deje de ser gobernador de Aguascalientes; y sería el presidente un apoyo para ello, junto con el presidente nacional del PRI.

También resulta interesante el comunicado oficial de Palacio de Gobierno del 17 de enero, en el que invitan a la ciudadanía a no escuchar rumores, como el que dice que Lozano irá al Gabinete Presidencial, ya que no ha recibido ninguna invitación. Dos puntos: o, efectivamente, lo consideran un peligro para la elección porque no se va a contener en sus violaciones a la ley electoral y requieren hacerlo a un lado; o, al observar en sus acciones que, de plano, no entiende de democracia, los impulsores del rumor ya lo ven como incómodo en el estado.

Reflexión final: ¿logrará Lorena Martínez, candidata del PRI a la gubernatura, deslindarse de la imagen delicada y perniciosa que está teniendo su partido por los rasgos de engaños, apariencias, corrupciones y antidemocracia?


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