La melena naranja de la traición / Vale al Paraíso - LJA Aguascalientes
05/08/2020


Los tiempos desnudan la miseria humana. La posibilidad de alcanzar el Poder, pauta hervores y ardores. Escribe pésima ortografía política. Muestra incongruencias. Manifiesta deslealtades. Mueve traiciones. Y la metástasis de la ambición daña principios y valores morales, como se refleja en la historia de hoy, que viene siendo la versión actualizada de la célebre película de El Rey León.

Después de tanta presión, convenenciero amago y exhibida del petate del muerto para asustar, el rey Mufasa, popularizado por Felipe González González, decidió tomar de la mano al pequeño Simba, caracterizado por Felipe González Ramírez, para llevarlo a recorrer la sabana electoral de Aguascalientes, utilizando los servicios de Movimiento Ciudadano, como si éste fuera un taxi de Uber.

El lunes 15, Raúl Martínez Delgadillo, gerente de ese devaluado partido, anunció en conferencia de prensa que Felipe chico será su candidato a la Presidencia Municipal de Aguascalientes. Después le colocó en la chamarra la insignia del partido anaranjado. Y enseguida el candidato fustigó el bipartidismo (PRI-PAN) que tanto disfrutó su padre a partir de los años noventa.

En su oportunidad, el nombrado por la Comisión Nacional de Convenciones y Procesos Internos del MC dijo que su progenitor, el exgobernador, abandonará “temporalmente” su militancia del PAN, y anunció: “De Felipe González González obviamente cuento con el apoyo de él, hoy ya se puso en contacto con el dirigente de Acción Nacional y estará solicitando licencia ya que él es parte de una comisión política dentro de Acción Nacional, donde puede haber conflicto de intereses, por congruencia, que mi padre siempre ha sido muy congruente (?) y no pertenece a estas mafias que están manipulando al partido, él se va a separar, va a pedir licencia, se integra a mi campaña”.



En el diccionario del cinismo, esto quiere decir que Felipe grande pedirá “licencia” para romperle el hocico al PAN, colgará en el perchero la camisa azul para sacar del ropero la desteñida playera naranja y le dará unos buenos puntapiés al partido que lo hiciera senador y gobernador de Aguascalientes; terminada la contienda regresará con los “mafiosos”, como si nada hubiera pasado, después de haberles jugado las contras.  

De ocurrir semejante ruindad, el ahora exgobernador deberá ser defenestrado de las filas azules, según la fracción f del artículo 121 de los estatutos, aprobados por la XVII Asamblea Nacional Extraordinaria, que a la letra dice: “La expulsión podrá solicitarse (…) por colaborar o afiliarse a otro partido político”.

El proceder escatológico -en sus múltiples acepciones- confirma la divisa familiar de los González: aspiran a ser los únicos, no los mejores. El doble juego y la cultura sibilina están impresos en blanco y negro. La hemeroteca recuerda la asidua inconsistencia y constante contradicción que se registraron en aquel primer trimestre de 1992, durante la sucesión del gobernador Miguel Ángel Barberena:

El 3 de enero Felipe grande no descartó ni confirmó su eventual incursión en la vida política de la entidad, comentó a Hidrocálido.

El día 11 del mismo mes, El Sol del Centro entera: a pregunta expresa, el barbado empresario respondió que “sí es priista y sobre todo simpatiza con los principios del Partido Revolucionario Institucional”, cuyo jefe político era el presidente Salinas de Gortari.

El 29 de febrero la cabeza de la nota publicada en la portada de El Heraldo de Aguascalientes informa que “Felipe González no quiere ser el gobernador por Acción Nacional”, según precisaron militantes, después de la reunión que aquel sostuvo con representantes de la delegación estatal.

Y el 24 de marzo no descartó ni negó sus aspiraciones a la alcaldía de Aguascalientes en los próximos tres años, de acuerdo a la nota aparecida en la primera plana de Hidrocálido, aunque vale recordar que Felipe grande se autopromovió en la prensa, nunca recibió invitación alguna del PRI y jamás pudo pasar la aduana del candidato a gobernador Otto Granados, quien se opuso terminantemente a tal barbaridad.

Hoy, El Rey León de la aldea -de melena teñida de naranja por algún producto milagroso de Clairol-, vuelve a la cargada. Revive el viejo suspiro convertido en añejo respiro, en la persona de Simba, el orgulloso cachorro de su heráldica, para coadyuvar a la derrota de sus correligionarios Tere Jiménez y Martín Orozco Sandoval, con la fragmentación del sufragio azul.

Le apuestan a ese movimiento en el tablero, pero olvidan que  la estrategia ya falló hace tres años, cuando otro expanista, José Luis Novales, también con la casaca del pálido MC, ni las cosquillas le hizo al entonces candidato Toño Martín del Campo.

El Mirreynato González quiere recuperar lo que perdieron hace casi doce años y no podrán recuperar jamás: el Poder para poder.

Porque alguien debe de escribirlo: Roberto Padilla Márquez, el principal arquitecto priista en la edificación estatal de la coalición con Panal, PVEM y PT, sale de la penumbra al ser nombrado delegado especial del CEN del PRI.

Algunos liderazgos tricolores están molestos. La gran rebanada del pastel se la llevaron los otrora opositores y las mujeres protegidas por el manto de la igualdad de género. Hay muertos y heridos. La operación cirugía está en el quirófano.

Pero no todo es hiel. También hay miel de maguey. La esposa de Padilla Márquez, Edith Citlalli Rodríguez González, será candidata a diputada en el Distrito IX.


“La familia unida jamás será vendida”, ilumina El Compadre desde El Llano, donde tiene su planta de luz.

marigra@telmexmail.com

 

 

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