Las otras Alicias / País de Maravillas - LJA Aguascalientes
16/08/2022

Por una de esas coincidencias de la vida, ayer tuve la ocasión de asistir a una charla de Ignacio Padilla e Ixnic Iruegas sobre su traducción de Alicia en el país de las maravillas para el Fondo de Cultura Económica. Lo primero que me sorprendió fue saber que, antes de la suya, no había habido ediciones traducidas en México de la obra. Sí, está la hermosa versión de José Emilio Pacheco de The Nursery Alice, traducida como Alicia para niños; pero aunque ese libro también es de Lewis Carroll (y es excelente para acercar a los más peques a Alicia, si no lo conocen, búsquenlo: no se van a arrepentir), es apenas una fracción de lo que uno puede encontrar en el libro completo. Y, claro: seguro hay muchas versiones mexicanas; pero la mayoría son adaptaciones de traducciones españolas o paráfrasis: un autor cuenta su propia idea de lo que es la obra original y para eso abrevia, expande u omite pasajes a su entero gusto. Se supone que en una traducción no se hace eso: el traductor no es coautor y no va por ahí enmendándole la plana al escritor original. Se supone. Porque Iruegas y Padilla, al hacer su trabajo con Alicia, descubrieron que no siempre pasa así. Me gustó tanto la anécdota que la comparto con ustedes:

Al aceptar hacer la traducción para el FCE, Nacho e Ixnic se cuestionaron acerca del método que utilizarían. Para empezar, tenían claro que querían hacer una edición que devolviera Alicia en el país de las maravillas a los niños: desde su punto de vista, las ediciones anotadas son muy interesantes para algunos adultos, pero intimidan a los lectores más jóvenes o menos familiarizados con los libros. Y es que leer notas al pie no es tan sencillo, pues. También sabían que querían ser fieles a la obra, así que no harían nada como brincarse capítulos o contarla “con sus propias palabras”. Pero no sabían si usarían un español neutro o mexicano, actual o antiguo. Al final, se decidieron por un español más neutro, es decir, sin localismos; pero procurando que eso no significara “sin alma”.

Lo que hicieron después fue muy interesante: tradujeron el libro sin detenerse a comparar con otras versiones pero, cuando terminaron, empezó el cotejo contra otras seis traducciones al español, una argentina y las demás españolas, todas de diferentes épocas. Este cotejo les sirvió para comparar las soluciones que se les habían ocurrido a ellos con las que encontraron otros autores, e incluso para alinearse con algunos conceptos que se han vuelto parte de la identidad de Alicia en español a pesar de no ser muy exactos.

Ixnic e Ignacio contaban que, al hacer ese cotejo, se llevaron varias sorpresas: algunas ediciones consideradas “de prestigio” agregaban largos párrafos para construir un juego de palabras o explicar una situación sin tener que usar notas al pie; mientras que otras parecían no esforzarse en dotar de sentido a algunos pasajes. Como si los traductores hubieran decidido que, al ser una historia “disparatada”, podía pasar cualquier cosa, justificada o no, a pesar de que en el original sí hay cierta lógica.

La siguiente dificultad que enfrentaron fueron los poemas y canciones, que Carroll había inventado a partir de obras existentes, a las que parodiaba. En las versiones con las que cotejaron su trabajo, se encontraron tres tendencias: traducir de forma literal, aunque se perdieran el ritmo, la rima y la métrica (y las referencias a la obra parodiada); mantener la forma poética, creando versos rimados aunque no tuvieran mucha relación con el original; y parodiar obras conocidas en español, tratando de acercarlas de alguna manera a la trama. Ninguna de estas tres alternativas les entusiasmó, así que optaron por otra cosa: tratar de apegarse al original tanto como se pudiera, pero con ritmo y métrica. Luego le pidieron a un amigo suyo, poeta, que revisara el resultado, para estar seguros de que habían conseguido lo que se habían propuesto.

Al final, Ignacio e Ixnic quedaron satisfechos con el resultado. Y no es para menos: además de todos sus desvelos, el libro tiene las hermosas ilustraciones de Rebecca Dautremer, por lo que incluso como objeto es una chulada (Ojo: con las ilustraciones de Dautremer hay también un libro álbum -grandote, pasta dura- y otra edición, en Sexto Piso, pero con una traducción española).

Ojalá que el Fondo de Cultura Económica se anime a continuar con lo que ya empezó y pronto haya una traducción, de preferencia a cargo de Ixnic Iruegas e Ignacio Padilla (que ya demostraron ser eficientes, cuidadosos y muy cariñosos con la Licha) de Alicia a través del espejo y, ya entrados en gastos, de La caza del snark, un poema alucinante del señor Carroll. Porque aunque haya montones de versiones, ¿no merecen los lectores mexicanos traducciones hechas con este cuidado?


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