Unir o dividir / El peso de las razones - LJA Aguascalientes
01/02/2023

 

El 16 de agosto de 2015, el senador estadounidense Bernie Sanders fue cuestionado por la prensa en Dubuque, Iowa, sobre su rival en las primarias del Partido Demócrata, Hillary Clinton, y sobre el Partido Republicano. En primer lugar, Sanders criticó a los medios de comunicación, que constantemente tratan de polarizar a los candidatos y crear juegos de encono entre rivales: “este es el juego que les gusta jugar”, afirmó. No obstante -continuó- a los medios de comunicación pocas veces les importa hablar de los temas que realmente importan y tienen un impacto directo en la vida cotidiana de las y los votantes. Sanders afirmó su simpatía por Clinton, a pesar de que en muchos temas está en franco y directo desacuerdo: el acuerdo transpacífico, el aumento al salario mínimo a 15 dólares (casi trescientos pesos la hora), su oposición al oleoducto Keystone, su voto en contra de la guerra en Iraq y su voto en contra del Acto Patriota. Para Sanders estos eran temas que debían de discutirse, sin embargo el tema central de su campaña, por el cual estaba teniendo un impacto hasta ese momento sin precedentes, era el colapso de la clase media en su país y la necesidad de su recuperación y fortalecimiento: la necesidad de crear millones de empleos bien remunerados, la necesidad de cerrar la brecha de desigualdad debido a las ofensivas e inmorales inequidades en ingreso y riqueza. Sanders concluía el tema de Clinton así: “No voy a meterme al juego de atacar a Hillary Clinton. No estamos de acuerdo y mi deseo es tener un debate respetable e inteligente con ella”. Esta posición adquirió una congruencia inusitada cuando en uno de los últimos debates entre Clinton y Sanders, este último la defendió de los ataques por el escándalo que suscitaron algunos de sus correos electrónicos que se filtraron a la prensa. Sanders se limitó a decir -ante una sonrisa de agradecimiento de Clinton- que estaban ahí para discutir temas importantes, no un escándalo trivial de la prensa y los medios de comunicación.

Primera lección: estamos acostumbrados -por desgracia- a debates políticos lamentables, donde la inteligencia, los argumentos, el respeto y las propuestas brillan por su ausencia. No es el caso sólo de nuestro vecino del norte, esta característica del discurso político es generalizada y la clase política mexicana es uno de sus tristes paradigmas.

La siguiente pregunta de la prensa fue todavía más interesante, así como la respuesta del senador. Se le preguntó: “¿Por qué la clase trabajadora vota en contra de sus propios intereses económicos?”. La respuesta de Sanders toca el punto principal al que quiero llegar aquí: “Los republicanos han realizado un excelente trabajo a través de los años. Son hombres muy inteligentes. Saben dividir a las personas en muchísimos temas. Ellos dividen a la gente sobre el tema del matrimonio gay, sobre el tema del aborto, dividen a las personas sobre el tema de la inmigración… Mi trabajo es ir no sólo a los estados demócratas, sino a los republicanos. Mi tarea es unir a los trabajadores en una agenda que funcione para sus hijos y padres”. La derecha política, en efecto, es experta en dividir a las personas. Suelen hacernos creer que estamos enfrentados los que disentimos en temas que no tocan ni de cerca el meollo de la vida pública. Quiero poner un ejemplo: el aborto. Las y los simpatizantes de la derecha suelen hacer creer a las personas que estamos en profundo desacuerdo sobre el problema del aborto. ¿En verdad es así? No creo que el desacuerdo sea tan profundo como nos lo quieren hacer creer. Las y los simpatizantes de la izquierda creemos como los de la derecha que el aborto es indeseable. Creemos que deberíamos vivir en una sociedad donde las mujeres no tuvieran la necesidad -muchas veces debido a una vulnerabilidad que no es el resultado de sus decisiones- de realizarse un aborto. El aborto también es indeseable en tanto que ni ingerir medicamentos ni realizarse una cirugía sea algo bueno de suyo. Tanto los simpatizantes de la derecha como los de la izquierda queremos un mundo en el cual baje la tasa de abortos. Quizá en lo único concerniente a la vida pública en que disentimos a profundidad es si una mujer que se realice un aborto debe o no ser castigada. Y tampoco creo que todos estemos en desacuerdo. Conozco a muchos simpatizantes de la derecha que no creen que una mujer que se realiza un aborto deba ir a la cárcel. El tema político es el de la despenalización del aborto. La derecha le ha hecho creer a sus simpatizantes que debemos estar divididos debido a que opinamos distinto en asuntos que no son políticos: que todos ellos tienen que ver con la vida privada y su pluralidad de creencias.

Segunda lección: una sociedad que respeta los derechos civiles tendrá como consecuencia casi necesaria la pluralidad de creencias sobre asuntos de la vida privada de las personas. Sin embargo, esta división privada no debería repercutir en una división pública. Sobre cuestiones políticas no disentimos tanto como quieren algunos hacérnoslo creer. Valoremos las propuestas políticas que respetan nuestra pluralidad pero que quieren unirnos en una agenda pública común que funcione para todas y todos.

Veo con pena que sólo los candidatos de izquierda (en particular el del PRD) a la alcaldía de Aguascalientes ponen ideas y argumentos por delante, y no la tan vacía campaña política de ganar votos a toda costa y como sea. Exijamos tanto ciudadanas como ciudadanos en abril, cuando inicien las campañas políticas, que sea la agenda lo que vaya por delante. Pidamos a los candidatos sus propuestas, preguntémosles cuáles creen ellos que son los problemas que hay que resolver y cómo piensan hacerlo. Si lo hacemos, no dudo que tengamos un buen gobierno. Si no, tendremos el gobierno que nos merecemos. No olvidemos que en una democracia la primera responsabilidad la tenemos las y los ciudadanos. Exijamos unión, no división; exijamos inteligencia, no retórica simple y vulgar.

[email protected] | /gensollen | @MarioGensollen


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