La crisis de los sistemas tradicionales / Un cuarto propio - LJA Aguascalientes
22/05/2024

Los días anteriores he trabajado muy de cerca con adolescentes y sin duda el aprendizaje ha sido muy importante. Por un lado los niveles de violencia que se viven entre ellas y ellos son altos y muy delicados, la imitación que hacen de lo que debe ser un hombre y una mujer les están llevando a mostrar las formas más estereotipadas de los géneros que poca oportunidad dan a una sociedad más incluyente y respetuosa.

La problemática del embarazo adolescente es una muestra y quizá la más real de las relaciones que entre mujeres y hombres ocurren con una urgencia de atención que lamentablemente el propio modelo de familia no tiene un lugar para abordar esta necesidad entre adolescentes.

Por un lado el autoritarismo que se vive dentro de la familia que insistente y se afirma en un modelo único, poco respetuoso de la identidad de sus integrantes, nada participativo más bien, donde las decisiones son unilaterales y donde hay una fuerte resistencia al reconocimiento de los derechos humanos como una condición necesaria para el bienestar de todas las personas, miramos entonces un modelo de familia rota, arcaica, que no sabe qué hacer con sus adolescentes.

Fuera de ese primer círculo, viene el segundo, que es el de las instancias escolares en una crisis profunda, por un lado la reforma educativa que hoy tiene nuevos ordenamientos limitando más aún al personal docente y a los propios planteles para poder dar atención a sus estudiantes, las secundarias tienen graves problemas de violencia, la autoridad parece desdibujada ante la energía pura de los centenares de adolescentes que a ellas acuden.

Un fracaso más del modelo educativo que en sí mismo no funciona y no sabe qué respuesta dar a las y los estudiantes que despliegan toda su creatividad, su fuerza al mismo tiempo que intenta mantener a cada grupo encerrado en una aula. No hay duda, ese sistema no funcionó, pero ahora como nunca vemos la inutilidad de este modelo.

Liderazgos muy importantes se pueden distinguir, la potencialidad que podrían tener esos y esas jóvenes, quienes lamentablemente poco encontrarán en términos de oportunidades educativas y laborales.

Sé que no hay nada nuevo en lo que menciono, pero quiero hablar más sobre este proceso de aprendizaje y entendimiento de la sociedad. La ruptura de un esquema familiar al que le urge la entrada de los derechos humanos, la democracia, el cuidado mutuo es igual de importante que el sistema escolar, educativo, que no da respuestas por esas mismas limitaciones.

Hoy miércoles 20 de abril, día en que escribo este breve texto, es fecha en que un joven de 16 años quedó nuevamente libre después de permanecer internado por dos años en un centro tutelar, entonces él tenía 14 años y cursaba el segundo de secundaria, que con mucho trabajo lograba desempeñar día a día, este joven estaba en el lugar equivocado, pertenece a una familia muy pobre, donde el estudio no es prioridad, nada es más importante que la comida y el techo, así que contra marea lograba ir a la escuela pero eso fue antes de que tras un señalamiento infundado, un proceso turbio, negligente por decir lo menos, la autoridad lo sentenciara a dos años que desde luego no podrá recuperar.

Las características de este joven son las de muchas y muchos de su edad, 14 años de recursos precarios, perteneciente a una comunidad con bajo nivel escolar y con una familia que no tuvo y no pudo tener los recursos para pagar una defensoría que frenara la injusticia que vivió.


Está hecho, transcurrieron dos años para que él volviera a recorrer su comunidad, a visitar a sus familiares, sólo que ahora casi a los 17 vuelve un tanto ajeno a esta maquinaria social y económica que muy probablemente lo siga excluyendo.

En estos tiempos de campañas electorales, de encuestas de intención de voto, desatinos y discursos retóricos sobre el porvenir de Aguascalientes, sigo creyendo que urge una perspectiva de derechos humanos y justicia en la familia, en la escuela, pero sin lugar a duda en el sistema judicial, que supuestamente equilibra la convivencia social.

La injusticia del encierro de este joven que hoy pisó nuevamente la tierra de su comunidad es la respuesta certera al comentario que una señora madre de una adolescente embarazada hacía en medio de un taller, ella dijo: pues ahora con eso de los derechos humanos ya no se les puede decir nada, ya hacen lo que quieren, en mis tiempos las órdenes eran duras, directas y nadie alegaba porque así te iba. Yo si mi esposo no me deja ir a visitar a mi mamá el domingo porque me dice que me hace falta terminar de lavar o cualquier otro quehacer, pues no voy y me aguanto.

Seguramente el pensamiento de esa madre de familia y del padre que le ordena no salir es muy parecido al de la persona que sentenció a un joven que tenía absolutamente todos los factores de riesgo y desventaja social en su contra. Así es el sistema, vuelve invisible a muchas personas.

Esa violencia que se ha naturalizado en las escuelas es la misma radiografía que existe en los hogares y en las instancias de justicia, así pues, esta población de adolescentes tiene que crecer bajo un macrosistema profundamente autoritario, vertical e injusto; mientras miles de millones de pesos se gastan en campañas políticas de todos los partidos ahora arrodillados ante la iglesia católica pidiendo permiso para hacer política sin olvidar que ésta es otra gran oponente a los derechos humanos y la democracia. De fondo, esos los beneficiados  por el sistema no cambiarán ni un ápice la realidad de la juventud porque su discurso no es nada más que eso, un discurso.

[email protected] | @Chuytinoco


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