La invención de un diario, relato de una vida que va de la novela a la poesía, y a la búsqueda del metalenguaje - LJA Aguascalientes
15/04/2024

  • El libro de Tedi se escribió con el apoyo del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca), a través del Programa Sistema Nacional de Creadores de Arte

 

Con este calor que nos fríe a media calle, hasta la voluntad se deshidrata ante la idea de cruzar la ciudad, pero cuando Tedi López Mills comienza a hablar, parece que se hubiera encendido un aire acondicionado. En la suavidad de la voz se revela la poeta, y es un antídoto contra las prisas también.

Se adivina en ella algo de la protagonista de su nuevo libro, La invención de un diario, o es tal vez que aún está inmersa en la atmósfera de la obra mientras habla sobre esta.

–¿Es este diario, una autoficción?

–Parece que este término está muy de moda, este libro tiene una narradora inventada, en ese sentido es más una novela. La novela siempre es autoficción. Por otro lado la narradora se inventa a partir de sí misma, es inevitable que la ficción se mezcle, y más en un diario, porque hay una intimidad inventada y porque los hechos no pasan tal como quedan registrados.

Hay un autoescarnio; confesión que no es confesión, digresión que no lo es porque la razón no se pierde. Pueden haber muchos materiales en el aire, pero hay un control, ese control es la prosa.

Hace cinco años escribí un diario de diez cuartillas que luego se convirtió en un proyecto literario con el Fonca, de escribir de lunes a viernes durante un año lo que ocurría. Me costó trabajo, no escribirlo, sino la vida en 2013 fue muy difícil, ir transcurriendo día a día…

La amante de Wittgenstein es un personaje alucinante -obvia Tedi López Mills la pregunta para atajar con entusiasmo:

Encontré una interlocutora ideal en La amante de Wittgenstein, de David Markson, porque crea contenidos, que es lo que siempre estoy haciendo, crear contenidos, haciendo malabares con lo que pasa, buscando el estilo. Es un libro que necesitaba, porque la amante es un personaje que mezcla historias, pintores, es a veces la cuidadora del mundo. Contraponer lo que pasa en su cabeza con lo que pasa en mi cabeza es crear un mundo que está fuera del mundo.


–A propósito del estilo que es una inquietud que se hace presente muy pronto en su libro, dice en él: “el miedo podría establecer las pautas de un estilo”, la sola sugerencia dispara la respuesta:

–El miedo es el estilo de este libro, el miedo de perder el tiempo, la memoria, de la posibilidad de no seguir recordando. El miedo de perder el tiempo quiere decir no estar haciendo lo que tendría que estar haciendo. La lectura fue como los palos para esquiar, para seguir caminando en un terreno muy denso. Los libros en el diario son esos palos para no perder el ritmo.

–Hay varias lecturas presentes en el libro, sin embargo la historia de la caída de Constantinopla y la Historia general de las cosas de la Nueva España de Bernardino de Sahagún, son textos que implican caída, un quebrarse, el romperse, ¿tienen estos temas relación con el momento de la escritura?

–Las civilizaciones, incluida la del yo, se van cayendo. La civilización del yo es la que cae. La narradora va leyendo al mismo tiempo. Pues ¿quién no intenta una civilización cada vez que construye una casa. Una casa es una civilización.

–En un momento dice: “Gran parte de los antepasados actuales de mi país, viven todavía en un tiempo antropológico”, ¿es esto así?

–La discusión implícita en México es cómo se puede seguir viviendo en un pasado antropológico. Cómo salir de la marginación sin sacrificar. Cada vez que queremos ser interesantes nos referimos a esa gran civilización, pero nosotros no sufrimos la conquista, quienes la vivieron siguen viviendo en un tiempo conquistado, en el racismo, en el clasismo. Basta con ver el tamaño, la dimensión de la miseria y ver quién está al fondo de esa miseria, ¿en qué tiempo sigue estando esa civilización?

–Hay una frase en el libro: “Los poetas no son personas, son lenguaje”, pero antes había afirmado, “ya no soy poeta”, ¿si el poeta es lenguaje, puede entonces dejar de serlo?

–Sí, cuando se deja de creer en los evangelios de la poesía, en ese sentido, no soy poeta.

–Existe la poética, las aspiraciones, pero cuando hablo de evangelios, como lo decía Michon, me refiero a la fe de los poetas en la poesía como un lenguaje superior.

–¿No es un lenguaje superior la poesía?

–Decir eso implica que un poeta pueda sostener que su poesía es un lenguaje superior, ¿quién podría decir eso?, por eso decido que no soy poeta. Nadie sabe lo que es la poesía.

–¿Responde este diario a alguna búsqueda específica?

–Fue una forma de controlar lo que estaba en el aire. Fue la forma exacta para lo que iba ocurriendo día con día. Cada día se marcaba de una manera muy distintiva y era aterradora la forma en la que no era igual un día de otro. No creo que haya una absoluta claridad, pero quisiera que se leyera como un homenaje a los Cantos de Pound. Los diarios son alusivos, porque tienen la prisa de ir día a día, son los estudiosos los que luego aclaran los eventos en las biografías, pero lo que hay en un diario son sueños o lo que dijo un amigo: “están también las lecturas de cada día, las noticias, mis caminatas, el eje ocho esa curvatura tan difícil”.

–¿La hija del hijo, Ella, la Señora y la primera persona, son todas circunvalaciones de la protagonista, todas son ella? Porque como lectores estamos buscándola, intentando reconstruir su historia, la perseguimos en suspenso.

–Todas ellas son la narradora -responde- todas son compuestos de algún modo, P. También es la narradora. Las madres que aparecen, y son muchas, como lo digo en el libro: las madres son desarmables. La hija es la familia, la infancia, la adolescencia. Es la posibilidad de ir al pasado, y es presente. Están también las vecinas, las personas resignadas, que se vuelven mezquinas, las mujeres que matan cosas, que acosan a la narradora.

–¿Qué tiempos conforman un diario?

–El diario habla de dos tiempos y supone el tercero. El futuro siempre se supone. Suponemos que habrá mañana. El pasado y el presente están jugando, intercambiándose, la posibilidad de que esos dos sigan existiendo es el futuro.

–En el libro la narradora habla de que tiene alucinaciones, que luego llamará e-pi-so-dios y después hay un diagnóstico de epilepsia, existe entonces la relación entre enfermedad y escritura.

–Sí, -se detiene Tedi López Mills un instante en su memoria-, hubo una ruptura de la normalidad, de cómo piensas, de cómo percibes, de cómo te sitúas. Marzo, abril y mayo fueron los meses más difíciles, cada tres meses se dislocaba aterradoramente la realidad, y hubo un episodio brutal a finales de abril. Entonces comienza un mundo de doctores, llega un momento en que las únicas personas que conocía eran doctores. En octubre, noviembre y diciembre todo explota, surge la imagen de los chicotazos de cables en la mente, se fugan todos los géneros, aparece el desenlace y se hace el poema que no se podía hacer.

Es una historia de terror, que acaba no teniendo nombre. Es un libro muy vulnerable de una narradora muy vulnerable. No sé los lectores cómo serán con ella. Pero ella convierte esa vulnerabilidad en muchas historias paralelas, entretejidas y eso le permite seguir a flote.

Llega entonces otro invento que nos mueve, la marca del tiempo que señala el fin de esta animada conversación, otros esperan para indagar en La invención de un diario.

 

Con información de la Secretaría de Cultura


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