Ahora, a esperar / País de maravillas - LJA Aguascalientes
28/09/2022

La primera serie de libros que leí fue El señor de los anillos, de J.R.R. Tolkien, poco después de haber leído El hobbit, del mismo autor. Los leí en un par de semanas, sin descanso, porque me habían regalado, juntos, los tres tomos. Después de esa serie leí varias más, de muchos estilos y en muchos tonos; pero todas tenían algo en común: primero me aseguraba de tener todos los libros de la serie y luego comenzaba a leer, de corridito. Así fue con Ellery Queen y Sherlock Holmes en mi época de historias de detectives; así fue también con los siete libros de Los Borodin en mi época de novela histórica ligeramente porno prohibida en casa.

La primera serie que no leí de este modo fue la de Harry Potter, y la verdad es que odié la experiencia. No por Harry, que me cayó muy bien, ni por mi hermano, que era el que los compraba y leía primero (aunque sí me caía gordo que leía muy despacio para mi gusto) sino porque había que esperar eternidades entre libro y libro. Eso de terminar un tomo, cerrarlo y pensar: ¿y ora qué hago en lo que sale el siguiente? me ponía de muy mal humor porque, encima, tengo mala memoria, así que si me ponía a leer un nuevo volumen, eternidades después de haber terminado el anterior, sin hacer un repaso, sentía que se me escapaban cosas. Muchas.

Sí, estoy tirándome un poco al drama. La verdad es que entre libro y libro leía otras cosas, iba al cine, tenía una vida, pues. Y que mientras mi hermano leía el más reciente, todavía con olor a imprenta, yo le daba un repaso al anterior, para no perderme. Pero de todos modos, a la hora del balance, concluí que la experiencia no era la más divertida para mí. Y me hice una promesa: no volvería a leer una serie de libros mientras no estuvieran publicados todos los tomos. E iba bastante bien, hasta que, hace algunas semanas, me invitaron a presentar el libro El destino y la espada, de Antonio Malpica. Toño, de quien ya he hablado por acá, es un autor increíblemente prolífico y, además de eso, su trabajo me gusta mucho. Y además lo admiro un montón, la verdad. Así que la invitación fue terriblemente tentadora y conflictuante: El destino y la espada es el tomo más reciente de una serie, El libro de los héroes. El más reciente, sí, pero no el último. De acuerdo con el propio Toño, es el cuarto de cinco libros. Y yo estaba toda metódica, esperando la salida del último, para echármelos de corridito.

Pero pues no.

Caí en la tentación, acepté presentar ese y tuve que leer los cuatro libros en menos de un mes. De corridito, eso sí.

¡Y qué bueno que caí en la tentación!

El libro de los héroes es una serie que combina elementos sobrenaturales con otros de novela negra, todo aderezado con referencias clásicas. Pero, más importante: logra un equilibrio entre su una historia principal, la que avanza despacio de un libro al siguiente, y la trama particular de cada tomo. Uno pensaría que es cosa fácil, pero no todas las historias seriadas lo logran. Algunas se olvidan de la historia que debe crecer de un libro a otro y se estancan, o fluyen como con espasmos (largos periodos de estancamiento seguidos de breves y frenéticos avances)  mientras que otras detienen la anécdota de alguno de los libros para hacer moverse esa historia de fondo, con lo que sólo consiguen que algunos de los tomos sean pesados, aburridos o de plano incomprensibles. Y no. Como les digo, en El libro de los héroes hay una trama de fondo emocionante, con un personaje que se da a querer desde el primer momento y que va madurando poco a poco a través de los libros. Y, al mismo tiempo, cada libro cuenta una aventura propia, cada una distinta a las otras, pero todas adictivas.

Otro mérito: la colección está dirigida principalmente a lectores adolescentes, pero más de un adulto la va a amar. Bueno, a amar y a odiar al mismo tiempo, porque hay momentos en que uno quisiera reclamarle a Toño los aprietos en los que mete a sus pobres personajes; y también a conmoverse, indignarse, sorprenderse, espantarse (aunque sea un poquito) y a temer por el futuro de Sergio, el protagonista, y sus amigos.

En todo caso, el lector no quedará indiferente ni se aburrirá. Dicho de otro modo, no me arrepiento de haber faltado a mi promesa. Tanto así, que vine a invitarlos a leer también esos cuatro tomos que van de El libro de los héroes. (Porque además, si los leen, no me sentiré tan sola en la espera del que falta).



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